¿Liberalismo social o socialismo?

Una mirada al origen de los postulados en los que se edificó el ideario liberal en el mundo y en el país, además de sus perspectivas

Por: Jose Rafael Ballesteros Hernández
diciembre 02, 2020
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¿Liberalismo social o socialismo?

Con la intención de dilucidar los pormenores de la contradicción política que en la actualidad se ha planteado entre los liberales ortodoxos y los liberales de avanzada, en razón de la determinación que estos últimos han tomado de cerrar filas con los sectores de la izquierda nacional con la finalidad de lograr la presidencia de la república en el año 2022, hemos considerado pertinente escudriñar y aclarar ideas sobre el origen de los postulados en los que se edificó el ideario liberal en nuestro país; claro está, sin dejar de entender las causas que coadyuvaron con el crecimiento de este ideario en el concierto mundial.

Cabe recordar que el liberalismo primitivo nace cuando la burguesía europea, inicialmente en Inglaterra del siglo XVII, declaró la guerra a los señores feudales, con el fin de lograr que les fueran reconocidos derechos que aún perduran en las actuales “democracias” del mundo. El nombre de liberales se le otorgó a la facción de la burguesía que optó por liberarse del sometimiento al que lo tenían sometido los monarcas feudales, movimiento en el que arrastraron a las mayorías populares que veían en las banderas burguesas de lucha reivindicaciones que les eran igualmente beneficiosas a ellas. Finalmente, estos burgueses liberales lograron que les fueran reconocidos derechos que durante mucho tiempo les fueron negados por la nobleza. Estos logros se constituyeron con el tiempo en una filosofía jurídico-política que defiende la libertad individual, la igualdad ante la ley y una reducción del poder del Estado.

Sin embargo, aunque la tendencia fundamental del liberalismo sea la defensa de derechos individuales, como el derecho de propiedad, la libertad de asociación, la libertad de religión, la libertad de expresión; el libre mercado o capitalismo; la igualdad ante la ley de todo individuo sin distinción de sexo, raza, origen o condición social y el Estado de derecho o imperio de la ley al que deben someterse los gobernantes, desde sus inicios el liberalismo ha comportado una confrontación ideológica entre sus adeptos, en uno de cuyos polos se encuentran los liberales ortodoxos, aferrados a la idea que ubicar la supremacía económica por encima de los derechos colectivos y en el otro lado quienes aspiraban a la constitución de estados más democráticos y rechazaban los efectos que la aplicación del liberalismo económico, tenía sobre el bienestar de artesanos y gentes sin recursos, quienes constituían el soporte del andamiaje de las economías capitalista.

Con el correr del tiempo, los cambios logrados por la ideología liberal al ser asimilados por la gran mayoría de los países del mundo, permitieron la aparición de un mercado mundial donde los capitalistas al amparo de estados de orientación burguesa, llegaron a acumular utilidades a gran escala, hasta el punto de que esta acumulación de capital cada vez en poder de un número menor de personas, ha llegado a afectar la vida y fortuna de la inmensa mayoría de la población mundial; panorama mundial que permitió la aparición del fenómeno conocido como la globalización económica, donde el crecimiento del capital al amparo de estados de orientación liberal burguesa, han posibilitado la configuración de un estatus económico global denominado el neoliberalismo, considerado la etapa superior del capitalismo, producto del refinamiento progresivo de las ideas liberales, en el que se ven afectadas la vida y los derechos fundamentales de la inmensa mayoría de la población mundial, al igual que la estabilidad medioambiental del planeta; fenómeno sobre el cual conceptúa Teresa Forcades: “El neoliberalismo desestima la producción de alimentos para distraer a los países en vías de desarrollo de la búsqueda de su soberanía alimentaria y productiva”.

Esta coyuntura político-económica en que se debate el mundo actual se ha comportado como un catalizador para la vieja confrontación ideológica al interior del liberalismo, que en nuestro país y en muchos otros países de Latinoamérica y del mundo está conllevando al fraccionamiento de los otrora fuertes partidos liberales.

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Aunque el ideario liberal se extendió paulatinamente por el mundo después de las luchas revolucionarias europeas del siglo XVII como antes se expresó, solo hizo presencia en el panorama político nacional, el 16 de julio de 1848, en el periódico bogotano El Aviso, No. 26, apareció un artículo de Ezequiel Rojas, con el título de La razón de mi voto, en el cual el intelectual boyacense explicaba por qué él y sus seguidores votarían por el General José Hilario López en la elección presidencial de 1849. En este artículo, Rojas expresaba que quería el liberalismo y fijaba una serie de principios que fueron luego acogidas por el naciente partido liberal. El contenido de este artículo, le mereció a Rojas ser postulado como candidato a la presidencia de la república para las elecciones presidenciales de 1849, sin embargo, él prefirió viajar a Europa y lanzar la candidatura del general José Hilario López, quien sería a la postre elegido como el primer Presidente Liberal de nuestra historia.

En los actuales momentos en que debido al proceso de globalización, se ven afectados los intereses socioeconómicos y las soberanías nacionales, los diferentes sectores de la política nacional están buscando alinearse con sus copartidarios del orden nacional e internacional, es así como los liberales de derecha y los conservadores se alinearon recientemente con Bush, candidato presidencial del Partido Republicano, que propende principalmente por una menor intervención del estado en la economía nacional, la reducción de los impuestos y en la mayoría de temas adoptan posiciones absolutas, especialmente en los temas sociales o de moral, en tal condición, defienden la pena de muerte, la reducción del tamaño del estado; lo que se traduce específicamente en reducciones del gasto público lo que conduce a la privatización de los programas sociales.

Por su parte los liberales, más abiertos a la democracia social, lo hicieron con Biden, representante del Partido Demócrata, que aboga por la igualdad social dentro del marco de un estado del bienestar moderado, el apoyo a los sindicatos, a la matrícula universitaria asequible, a la atención médica universal, a la igualdad de oportunidades, a la protección del consumidor, del medio ambiente y en cuestiones de índole social, apoya los derechos reproductivos, los derechos LGBT, la reforma migratoria, la reforma de financiación de campañas, el control de armas y la legalización de la marihuana. El Partido Demócrata de los Estados Unidos, coincide al igual que los partidos Socialdemócratas europeos, en la tesis de lograr mayores niveles de igualdad social dentro del marco del sistema capitalista; promoviendo para ello un sistema donde el accionar del capital esté intervenido mediante impuestos, regulación y protección con el objetivo reducir los niveles de desigualdad que genera el capital monopolista.

El hecho de que muchas personas se admiren al ver a un gran sector del liberalismo en aras de lograr una alianza política con los sectores de la izquierda nacional, tal vez ignoren que el liberalismo de principios del siglo pasado, en aras de retomar la trascendencia que había perdido durante la retardataria hegemonía conservadora, izó las banderas populistas en cabeza del caudillo Alfonso López Pumarejo, quien logró rodeado de los sectores democráticos del país, lograr el solio presidencial en los períodos de 1934-1938 y 1942-1945, igualmente bajo el influjo de Gaitán, logro poner en jaque el gobierno de Laureano Gómez, lo cual conllevó a que su gobierno inmolara a este caudillo nacional, considerado por muchos historiadores como el más connotado líder popular de la historia del liberalismo nacional, acto de lesa humanidad cometido con la complicidad del ala de extrema derecha liberal, tendencia política que tiene en común con el conservatismo, la postura de oponerse a la noción de progreso al aferrarse inconmensurablemente a las postulaciones teológicas del catolicismo, heredadas de La Grecia y de La Roma antiguas, que consideran que el estado no es otra cosa que la sociedad organizada de acuerdo con la voluntad de Dios y no en virtud de un lento proceso histórico, de la aparición de caudillos o de grupos más fuertes, que quitaron a los pueblos que lograron someter sus pertenencias materiales, imponiéndoles restricciones sociales y políticas; al igual que sucedió al momento del sometimiento de América y luego en la independencia, cuando la casta de los apátridas criollos y los adelantados de la política nacional, pasaron a usufructuar las tierras y demás tenencias que los ibéricos arrebataron a la población Amerindia del país.

El escenario actual de nuestra política nacional nos deja espectar una vez más en escena el drama en el que un importante sector del liberalismo ha optado por unir sus banderas con sectores de oposición social como vía para hacer reverdecer en el escenario político del país las ideas democráticas de participación popular en el poder, y de esta forma contrarrestar la cruzada liberal-conservadora de extrema derecha, proclive con la implementación a ultranza de las políticas neoliberales a nivel local.

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