Liberalismo de Medellín y Antioquia: del parlamentarismo al unipersonalismo seudocaudillista

¿Qué más peligroso para una colectividad y para una sociedad que personajes que se consideran los salvadores y, a su vez, están convencidos de tener la verdad absoluta?

Por: Diego Ibarra Piedrahita
agosto 28, 2017
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Liberalismo de Medellín y Antioquia: del parlamentarismo al unipersonalismo seudocaudillista
Foto: Twitter @PartidoLiberal

Liberales que adoran a Uribe, homosexuales liberales que siguen a Ordóñez, liberales que detestan a los homosexuales, liberales que no aceptan el matrimonio igualitario, liberales haciendo alianzas con el Centro Democrático, liberales que apoyan a candidatos uribistas, etc, etc, etc. Todas estas posibilidades impensables para algunos se han dado en Antioquia y en Medellín. En el 2015 vimos liberales tomándose fotos con el candidato del Centro Democrático y otros trabajando con el candidato de Alvaro Uribe, Federico Gutiérrez, sí, porque el Centro Democrático perdió la Alcaldía de Medellín con su candidato, pero Alvaro Uribe la ganó con el suyo, cosa que Gutiérrez aceptó al públicamente decir que su asesor en seguridad iba a ser el expresidente, y hoy por hoy, todos sufrimos en la ciudad las consecuencias de dicha afirmación.

Pero a pesar de esos peligrosos giros radicales del liberalismo, no hay ninguno tan particular y peligroso que el que lleva al barranco del totalitarismo por el cual se arrojará al partido en Antioquia con señales equivocadas de renovación. Y es que han surgido un par de personajes en el departamento que, como bien lo exhibiera Uribe Vélez, en una mano desbordan de dureza en contra de aquellos liberales “clientelistas y tradicionales”, según ellos, mientras que con la mano en el pecho, enarbolan las banderas de los cacicazgos más clientelistas, rancios y radicales del liberalismo oligarca, el mejor estilo de aquel centralista que sacó a Gaitán y a Galán del oficialismo de los 40 y los 80. El peligro radica en el crecimiento de personajes ultra personalistas y ególatras, que tras un discurso exageradamente demagógico, que los convierte en seudocaudillos mesiánicos, al mejor estilo urbista y laureanista, los extremos que tanto dicen oponerse, se van tomando importantes sectores del partido en la región, sin siquiera tener representación parlamentaria, al menos no en cuerpo propio, e inteligentemente le diseñaron a eso un disfraz de independencia y cambio.

Y es que es el liberalismo el partido que supone principios como el respeto a la diferencia, el fomento de la crítica y el debate, la sana oposición, pero al tiempo, esos nuevos y renovadores liberales y sus hordas de seguidores, irrumpen en la escena pública y política atacando y vociferando insultos a quienes al interior de la colectividad los critican y les hacen oposición, develando los peligros que se ciernen sobre el liberalismo antioqueño con esas aparentes redentoras figuras. ¿Qué más peligroso para una colectividad y para una sociedad, que personajes que se consideran los salvadores y, a su vez, están convencidos de tener la verdad absoluta desde su discurso, sobre una realidad que ellos se han encargado de desfigurar? No señores, a todo eso se opone la vida, obra y discurso de uno de los mayores liberales de todos los tiempos, Rafael Uribe Uribe, porque Gaitán, a pesar de su espíritu libertario y revolucionario, también se vistió con el oscuro manto del caudillismo.

Solo fue ver el domingo en la Asamblea Departamental Liberal, como alguno sectores uniformaron a sus hordas, a quienes les hicieron perder por un momento su valor como individuos y los vistieron de masa, práctica esta que la disfrazan de “bases liberales” pero que no es más que una muy bien elaborada y totalitaria herramienta fascista, y ellos, muy campantes e impecablemente uniformados, seguían enajenados y enardecidos anclados a aquellas acaudilladas figuras, mostrando lo más despreciable de la sociedad disciplinaria, que tan bien describe Foucault. Repiten sin tregua: que hay que cambiar al partido y sus prácticas electoreras, pero en campaña se comportan como el más tradicional de los clientelistas y caciques, bien aprendida la lección de aquellos viejos liberales que monopolizaron al partido a su amaño y antojo. Esos mismos que desprecian la crítica y le corren al debate, esos que encuentran en el señalamiento y la calumnia la mejor salida a su responsabilidad como miembros de base, del común, de una colectividad que nunca aprendieron a respetar, pues la utilizan solo para lograr sus intereses particulares, que no van más allá de la figuración y la exaltación, como buenos amigos de la adulación.

Y es que convertir la presencia de una de esas figuras seudoacaudilladas en una fiesta con guacherna y papayera, solo para llamar la atención de propios y extraños, de pasar de criticar a la rancia y “espuria dirigencia liberal” a hacer parte de ella con las mismas prácticas que decían se oponían, solo ayuda a tumbar el velo con la que ocultan sus verdaderas intenciones. Iniciaron un proceso ilegítimo, el cual vendaron con palabras como bases liberales y lo vistieron de trapos rojos, lo que se les convirtió en un ridículo juego de niños: creer que entre más rojo se visten, mayor legitimidad liberal obtienen, ¿acaso hay algo más absurdo? Uribe Uribe nunca crítico a su partido mientras él no estuvo en la dirigencia, lo hizo desde ella y nunca pretendió estarlo para dejar de criticarla, cosa que si hacen estos nuevos figurines liberales, que a base de demagogia y parafernalia roja, disfrazan la godoralización del partido con una rimbombante campaña de renovación, sí, jóvenes con ansias de poder y reconocimiento, pero con el alma envejecida con las prácticas polítiqueras aprendidas de aquellos rancios sectores oligarcas liberales del departamento. Algunos de estos figurines le hacen más apología a un solo Uribe, mientras empañan lo hecho por el doblemente Uribe.

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