Leyendo y con la conciencia tranquila: La vida de Simón Trinidad en una cárcel gringa

Su hermano Jaime Palmera fue el último en verlo hace un mes. Cuenta detalles del emblemático guerrillero vallenato condenado por un delito que no cometió

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julio 17, 2022
Leyendo y con la conciencia tranquila: La vida de Simón Trinidad en una cárcel gringa

Después de todas las batallas que perdió, Ricardo Palmera encontró su paz en la soledad de una celda en la cárcel de máxima seguridad ADX en Florence, Colorado, conocida como el 'cementerio de los vivos’. Pero la verdad es que nunca se sintió tan tranquilo como hoy en un pabellón de 20 celdas de las que sólo 15 están ocupadas.

Se burla de esos titulares de prensa que lo dan como un muerto en vida o dicen que vive un infierno en donde se está volviendo loco. Aunque hay posibilidad que este año lo trasladen a una cárcel de mediana seguridad, la idea no le gusta; eso de compartir celda con otros reclusos, las multitudes y el ruido excesivo no es lo suyo.

Prefiere el silencio del aislamiento, le permite concentrarse en sus libros, como un monje en una abadía medieval. Al fin y al cabo —como a su papá, don Juvenal Palmera, que solo iba de la oficina a la casa y viceversa— a Ricardo nunca le gustó la vida social propia de Valledupar que desconoce la palabra privacidad.

La familia Palmera en el grado del hermano de Simón Trinidad. De izquierda a derecha: Leonor Palmera, Jaime Palmera, Alix Pineda, Ricardo Palmera (Simón Trinidad) y Beatriz Palmera.

Desde Colombia, su familia le envía unos 30 libros al año, que se devora en cuestión de días, sin mencionar a los que tiene acceso en la biblioteca de la cárcel. Sus favoritos continúan siendo los de economía, aquellos que leyó cuando era un estudiante de la Jorge Tadeo Lozano, que después profundizó mientras enseñaba Historia Económica en la Universidad Popular del Cesar y que lo convirtieron en el jefe que cuidaba las finanzas del Frente 141 de las Farc, al que ingresó en 1987.

Por estos días tiene una nueva pasión: perfeccionar su técnica para dibujar en clases que recibe una vez a la semana, un portal para perderse en paisajes imaginarios y salir de la celda a la que llegó hace 18 años. Aunque siempre despreció la banalidad del entretenimiento, ahora, a sus 71 años, pierde sus horas viendo telenovelas ambientadas en Estambul. Su actriz favorita es la reina de los dramones turcos, Tuba Büyüküstün.

Después de que Palmera (convertido en Simón Trinidad) fuera capturado en enero de 2004, fue llevado a Estados Unidos en extradición récord y condenado a 60 años de cárcel.

Simón Trinidad fue condenado a 60 años de cárcel por un delito que no cometió: el secuestro de tres norteamericanos

A los jueces no les importó que hubiera ganado el juicio por dos casos de narcotráfico de los que se le acusaba, y le adicionaron el delito que terminaría hundiéndolo: conspiración para cometer el delito de secuestro de tres ciudadanos norteamericanos en Caquetá en 2003, a los que Simón Trinidad no conoció y una orden que nunca dio. La única prueba de los gringos en su contra fue un video en el que un cantante guerrillero lo presentaba ante el público como el jefe del Estado Mayor y Secretariado Nacional de las Farc.

Durante el juicio defendió con vehemencia su militancia en las Farc y condición de preso político. Una inocencia que todavía defiende. Aunque ya no está informado sobre el panorama político en Colombia, como le gustaría estarlo, solo le interesa saber quién será el próximo fiscal general de la Nación ya que esto depende su posible regreso al país.

Tiene un televisor con acceso a 64 canales, pero en noticieros de habla hispana como Telemundo Internacional o CNN en español rara vez informan lo que sucede en Colombia. Los únicos autorizados para llamarlo una vez al mes por solo treinta minutos son su hermano mayor Jaime, su hermana Leonor y uno de sus hijos —de su primer matrimonio con Margarita Russo— quien reside en Estados Unidos.

El poco tiempo lo aprovecha para preguntar cómo está su familia, no alcanza para más, puesto que el FBI controla hasta sus llamadas telefónicas y le prohíben hablar sobre ciertos temas, entre ellos ahondar en cuestiones políticas.

Así se lo hizo saber el FBI en 2010 cuando su gran amor, María Victoria Hinojosa, alias Lucero, y su hija adolescente Alix murieron en un bombardeo que el Ejército le hizo a las Farc en el municipio de San Miguel, Putumayo.

Lo que más le dolió a Trinidad de la muerte de Alix, la niña de sus ojos, fue la forma en que el Ejército lo planeó

Su hermano Jaime decidió darle la noticia personalmente en la cárcel, pero el abogado se le adelantó. Sin embargo, cuando empezó a darle detalles del atentado, el teléfono por el que se comunicaban fue cortado de inmediato.

Desde entonces, el nudo en la garganta no se lo ha podido soltar. Simón Trinidad le acaba de recordar a su hermano en una de sus últimas llamadas telefónicas que su hija estaría cumpliendo 30 años. Lejos de revolcarse en el dolor, Trinidad siempre entendió que la muerte de sus mujeres era consecuencia de la guerra en la que se metió.

Lucero y Alix los grandes amores de Simón Trinidad

Desde 2010, Jaime visita a su hermano dos veces al año. Al menos eso intenta pues viajar desde Valledupar hasta la cárcel Administrative Maximum Facility no es fácil, y tampoco barato. Cada visita se prolonga durante tres días en el que se les permite hablar seis horas por una de las 10 cabinas privadas que existen, siendo un vidrio lo único que los separa.

Dieciocho horas por tres días puede parecer mucho tiempo, pero no les alcanza para adelantar cuaderno.  Jaime, quien es arquitecto, lo visitó por última vez el 6, 7 y 8 de junio de este año; no iba desde septiembre de 2021 y le pidió consejos a su hermano sobre un proyecto urbanístico de desarrollo rural que tiene en mente.

Quién mejor para asesorarlo en esos temas que Ricardo, que de no ser porque a sus 37 años renunció a todo —la gerencia del Banco del Comercio, la junta directiva del Banco de la República, a propiedades y a ser socio del Club de Valledupar para unirse a las filas de las Farc—seguramente hoy sería uno de los funcionarios más destacados en la cartera de Hacienda.

Simon Trinidad, Victor Ricardo y Marcos Calarca en el proceso de paz en el Caguán en el 2000. - Foto: Guillermo Torres

Ocho años después de no ver a su mamá, en el 2012 Simón Trinidad recibió la visita más esperada. Aunque no le es permitido ningún contacto físico, se emocionó al ver entrar a doña Alicia. En 2019 sus hijos le preguntaron qué quería por su cumpleaños número cien, ante lo que respondió “no quiero fiestas, solo quiero volver a ver a Ricardo”. Así fue. Pasó tres días del mes septiembre de 2019 visitándolo; Simón Trinidad entendió que sería la última vez que vería a su mamá. Doña Alicia murió el 27 de diciembre de 2019.

Ni la dureza de la cárcel convirtió a Trinidad en un hombre religioso. Por el contrario, sigue siendo fiel a su ateísmo; tanto, que le aburre cuando en la única hora de sol que tiene al día, los musulmanes radicales que están detenidos le empiezan hablar de Alá, un Dios que como el de los cristianos para él nunca existió.

Con los pocos amigos que tiene se comunica a gritos en el patio en el que los separa una malla de gallinero. Se trata de tres estadounidenses que en el pasado fueron exitosos empresarios: uno, economista como él; otro médico cirujano y otro músico. En el combo también hay un ruso. Aunque Trinidad continúa teniendo problemas con su inglés, en todo el tiempo que ha estado aislado se hace entender con sus amigos.

Simón Trinidad ya se conoce de memoria el documento que salió del Acuerdo de la Paz en La Habana a donde tuvo mucho interés de ir, pero no lo dejaron. Lo ha repasado tanto que recita punto por punto. Ya le dijo a su hermano que este año no quiere más libros de economía, quiere que lleguen a sus manos las 800 hojas del informe final de la Comisión de la Verdad para dedicarse a leer con exhaustiva intensidad esas páginas que también hablan de él; y lo hará embrujado hasta el punto de que en la soledad de su celda no sabrá si es de día o si es de noche.

Simón Trinidad ha pasado 18 años en Estados Unidos, primero en una cárcel en Washington y luego en Colorado

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