Lectura y cine en los albergues de la frontera

Hacen presencia en Cúcuta donde son atendidas las familias colombianas deportadas de Venezuela

Por: Henry Garcia Gaviria
septiembre 29, 2015
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Lectura y cine en los albergues de la frontera
Foto: subida por autor

Es un sábado diferente en la vida de un grupo de niños colombianos que un par de semanas atrás –al otro lado de la línea– tenían casa, cama, hogar, familias completas y amigos de años. Es, sin embargo, un sábado de esperanzas para Yisney, Marcos, Jhoandri, Álvaro, Michael, José Ángel, Shirley, y 18 niños y niñas más que aguardan el favor de las decisiones supremas de dos países hermanos. Es un sábado por la noche –en la ciudad de Cúcuta– en un albergue que arropa a más de 330 colombianos deportados de Venezuela.

Un sábado en el que no estarán las casas de todos los días con los cuartos y las almohadas de costumbre, ni estarán los juguetes de recuerdos e historias infantiles, ni los televisores de barriga pronunciada, ni las ventanas, ni las puertas, ni las cobijas, ni nada de aquel tiempo pasado. Un sábado diferente al fin y al cabo.

Mientras cae la noche y los niños se divierten en juegos de ronda, las niñas hablan de asuntos de mujeres, los jóvenes juegan al fútbol, las madres miran al horizonte, y los abuelitos duermen a 32 grados centígrados de temperatura bajo sombra, un carro de colores y dibujos vivos ingresa al albergue. Un bibliotecario y dos promotores de lectura empiezan a bajar de una pequeña “biblioteca con ruedas” todo lo necesario para una noche de alegría. De inmediato, los libros de cuentos y narraciones mágicas, un proyector de imágenes, el telón de las películas y los abrazos de los nuevos visitantes se traen consigo la atención de los inquilinos más pequeños del lugar. Los niños y las niñas detienen sus actividades y se dirigen corriendo a la carpa de los sueños… La Red de Lectura y Escritura de la Alcaldía de Cúcuta ha llegado una vez más al Coliseo del Colegio INEM José Eusebio Caro. Su presencia en el sitio es motivo de felicidad.

La Red y su Biblioteca Pública Simón Bolívar están ahí para ayudar desde la cultura a los colombianos afectados por la crisis de la frontera. Es un trabajo ejemplar. En esta noche de sábado en los dormitorios de los niños y las niñas deportadas por el gobierno venezolano no habrá televisor ni juguetes, ni cuarto, ni almohada, pero si una lectura, un viaje con la imaginación y una película antes de dormir.

La función comienza. En medio de la oscuridad, un sonido de suspenso se escucha en las afueras de las carpas. Los niños y las niñas marchan juntos a encontrarse con aquellos ruidos sospechosos. Al fondo, un promotor de lectura, en medio de sonrisas, manipula un computador y un sistema de audio para llamar la atención de los pequeños espectadores. En segundos, todos están rodeando una fogata y una improvisada pantalla de cine.

La actividad comienza con cantos infantiles y lecturas de los mitos más reconocidos de la cultura occidental. Los niños y las niñas gritan de alegría o de susto, mientras Víctor Solis Sierra, el bibliotecario de la Biblioteca Pública Simón Bolívar de Cúcuta, lee historias de mujeres que divagan y penan en sus noches, y su compañero Gilberto Pabón Sandoval, el promotor de lectura que lidera estas iniciativas de extensión bibliotecaria con la Biblioexpress, recrea con efectos sonoros una sala de cine de suspenso.

La asistencia es masiva. Algunos padres de familia, incluso, hacen presencia en la actividad o se acercan con sus hijos de la mano… Todos disfrutan de este momento incomparable que les ofrece la Red de Lectura y Escritura de Cúcuta.

Niños que sueñan con una vida en Colombia 

En ese público especial sobresale la imagen y el relato de Yisney Daniela Arias López, una niña de 11 años, estudiante de quinto de primaria, que ha comenzado una nueva historia en Colombia. Yisney vive en dos carpas con sus tres hermanitos, su madre y su padrastro, desde el día que fueron expulsados de Venezuela. Su familia está fraccionada, ya no duermen todos bajo un mismo cielo. Ella –a pesar de su edad y de las penurias de este momento– es la líder de su familia: “Mi madre llora mucho de la tristeza todos los días, pero yo le doy ánimo, y le explico que estando triste no vamos a mejorar, que debemos luchar”. Una posición admirable para una niña de su edad y en sus condiciones actuales.

Yisney tiene una historia triste y sensible como la mayoría de los niños y adultos que se encuentran en los albergues de la frontera. Sabe que una parte de su sangre está al otro lado de la frontera, pero, su mirada y sus sueños son alegres como sus palabras… Ella anhela ser Médica y curar los niños de escasos recursos: “Yo protejo los niños y me encanta cuidarlos y estar pendiente de ellos. Yo aquí conseguí un niño pequeño que me quiere mucho, y que me ha convencido de que yo debo ser Médica. Se mantiene detrás de mí todo el día”.

Su vocación temprana y verdadera la lleva ilusionarse con un futuro en Colombia: “Aquí el estudio es mejor, y uno puede aspirar a tener un título, a ser profesional. Yo sé que a los 19 años ya estaré en la universidad en mis clases de Medicina, para eso tengo que ser muy buena estudiante y muy disciplinada”, expresa entre sus deseos y la realidad que la rodea.

Es consciente, también, del papel que juega la lectura en su vida y en este momento específico: “La lectura es necesaria para progresar. De cada página que uno lea, se puede aprender algo nuevo. Leer es lo más importante para uno salir adelante”.

Por eso, justamente Yisney valora tanto el trabajo de la Red de Lectura y Escritura de Cúcuta, de sus bibliotecas públicas, de sus programas de extensión, de sus bibliotecarios, de sus promotores, de Gilberto y de Víctor… “Las personas que están haciendo todo esto por nosotros, que vienen y nos traen lecturas, historias, juegos, libros y películas, son personas sensibles y personas que nos quieren a ayudar a salir adelante”, manifiesta la pequeña Médica. “Ellos nos han ayudado tanto que yo tengo como agradecerles lo que hacen por nosotros. Lo único que tenía para regalarles se lo tuve que dar a mi mamá porque este es el mes del Amor y la Amistad, y yo no tenía nada para darle ella. Estoy pensando en escribirles una carta”.

"Ahora nos van a presentar una película y eso nos entretiene, nos distrae y nos pone a pensar en algo diferente. Para todos los niños desplazados que estamos aquí esa es una felicidad muy grande”, enfatiza Yisney.

Y es que los niños de los albergues de Cúcuta en medio de las separaciones familiares y de sus tragedias propias tienen un momento de sosiego cuando las bibliotecas de la ciudad los visitan con sus actividades de lectura y cine, con los libros de “Leer es mi cuento” y con los recursos tecnológicos del Proyecto Uso y apropiación de TIC en bibliotecas públicas del Ministerio de Cultura de Colombia. Una labor que merece los aplausos del sector bibliotecario del país, y que demuestra la trascendencia del rol de las bibliotecas públicas en contextos como el que se vive en la frontera.

Para Víctor Solis Sierra, Gilberto Pabón Sandoval, y los bibliotecarios y promotores de la Red de Lectura y Escritura de Cúcuta, no hay mayor satisfacción que adelantar esta tarea que estimula los sueños, alumbra las esperanzas y devuelve las ilusiones a centenares de colombianos que tienen que volver a empezar sus vidas, en familia o en medio de lo que significa una separación inesperada.

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