Opinión

¿Le conviene a Colombia un ejército politizado?

Santos inconstitucionalmente politizó al ejército, lo dividió alrededor del proceso de paz, y las consecuencias vienen a verse ahora

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mayo 22, 2019
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¿Le conviene a Colombia un ejército politizado?
Uno de los grandes males heredado del gobierno de Juan Manuel Santos fue la división del ejército

Nada me hace más feliz que ejercer el periodismo que hago hoy desde el entretenimiento, desde los contenidos que les hacen amable la vida a los oyentes que nos escuchan y -si se quiere- orientan sus existencias. Sin embargo, toda la vida estuve en noticias y no puedo dejar de escucharlas, no puedo dejar de preguntar, de enterarme y menos de opinar desde mi profesión y como ciudadana.

Estoy asqueada de todo lo que está pasando con el escándalo del New York Times, pero no por lo que interpreta (porque eso fue lo que hizo a conveniencia de quienes entregaron los documentos), sino por todo el oscuro entramado que hay detrás y que se está orquestando desde el exterior, con complicidades muy importantes y de poder en Colombia.

Hago eco de una versión que comparto y que tiene que ver con uno de los grandes males que le heredó el gobierno Duque al de Juan Manuel Santos y que ha pasado desapercibido, pero que es notorio y nadie habla de eso: la politización del ejército colombiano. La historia: los militares retirados en el cambio de gobierno en agosto pasado, que querían permanecer en la cúpula del ejército y de las fuerzas militares, que venían del gobierno Santos y que habían apoyado el proceso de paz, y a quienes Santos convirtió en militares deliberantes. ¿Cómo? Llevándolos a negociar a Cuba y pidiéndoles ir al Congreso a defender el proceso de paz, hecho que viola la constitución porque dice que eso es lo que no deben ser las FF. MM., pero como en ese proceso se saltaron todas las normas, pues en eso se convirtieron: ¡en políticos!

Santos también paralizó el ejército, lo mandó de vacaciones, los encerró en los cuarteles, los sacó del territorio y dejó al garete las regiones donde estaban las Farc, para no correr el riesgo de que un soldado matara a algún miliciano y se fuera al traste el proceso de paz. Esa era la disculpa. Con el tiempo, dice la versión, el ejército estaba adormilado, aperezado, anquilosado, reducido, sin presupuesto, sin movilización, porque la plata se había gastado en otros asuntos… ¿y qué quedó en el posconflicto?: que todos los días matan a alguien en esa lucha territorial del posconflicto entre narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros de las Farc y de otros grupos subversivos, y de cuanta ralea delincuencial hay en esas zonas. De hecho, dice la información que recibí, en esas partes del país dicen que se hasta se habla mexicano por los integrantes extranjeros que llegaron a engrosar los carteles de la droga, y que han aprovechado ese vacío de poder para ejercer allí sus negocios ilegales. El resultado es también un ejército que se volvió militante, político y -como era de esperarse- que se dividió entre los que apoyaban el proceso de paz y los que no, con las consecuencias que vienen a verse ahora. Entre otras cosas esos “militares políticos”, dicen, se sienten de mejor familia, como alemanes, y no perdonan que un hombre que sí ha estado en el terreno esté al frente del ejército nacional, donde a su interior se dice que le están haciendo contrapeso al regreso legítimo de las FF. MM., al control territorial y a la confrontación directa contra el delito, claramente minimizado en el gobierno anterior.

Con este contexto, el comandante de las FF. MM. hace unos meses sacó una instrucción pidiéndole resultados al ejército, diciéndole que las cifras de combates y la represión de las delincuencias estaba muy bajita, que había que mejorar el rendimiento. Esa información llegó a los excomandantes a través de los suyos que quedan en el ejército y que los mantienen al día, y se fueron a donde el corresponsal del New York Times y armaron el escándalo diciendo que se pueden revivir los falsos positivos. Es una imprudencia del comandante del ejército considerando el antecedente de los falsos positivos. Ha debido dar solo las órdenes para que el ejército volviera a hacer su trabajo como tiene que ser. Pero como cada quien ve las cosas como le conviene, como le sirve políticamente en este momento con su séquito de apoyadores, ahí estamos lidiando con el escándalo de esa interpretación de los militares enemigos de la cúpula nueva que querían permanecer en sus cargos. Esa cúpula saliente, más otros oficiales, se sintió maltratada y como anda deliberando, defendiendo el proceso de paz -y parece ser que la cúpula nueva no necesariamente- eso le molestó. En este punto, se dice que antes de haber nombrado gabinete en el cambio de gobierno, el presidente Duque debió remover la cúpula, pero -como nos decían las mamás- ya qué.

En resumen, la instrucción es una imprudencia; y como Santos volvió beligerantes a los altos mandos de las FFMM, la izquierda aprovechó eso con lujo de detalles aplazando el debate de moción de censura al ministro Botero, ante la alerta del periodista norteamericano. Seguramente lo reanudarán y hasta caerá el ministro Botero.

 

Preguntan los analistas si la gente cree
que ir al New York Times se le ocurre espontáneamente
a la cúpula dolida

 

Preguntan los analistas  si la gente cree que ir al New York Times se le ocurre espontáneamente a la cúpula dolida. Pues aquí viene la otra parte de lo que ellos dicen, al asegurar que nadie mejor que el expresidente Santos (ministro de Defensa en la época de los falsos positivos), para aprovechar la investidura del Nobel que buscó, moviéndose por la diplomacia mundial, por la academia y como jugando al póker en la defensa de: 1) su proceso de paz para detener al ejército generándole indefensión operacional, tumbar al ministro Botero y amargarle los días al presidente Duque; 2) en la defensa de la JEP para que sea esta la que termine juzgando a los militares. Agregan que Santos, que está muy calladito, no solo faltó a la verdad diciendo que todo había quedado listo al fin de su mandato, sino que está orquestando estos movimientos desde el exterior con el apoyo de la Corte (o como les dicen: los cortesanos), los militares politizados y, me duele decirlo, algunos medios de comunicación de fuera y de acá.

¿Y qué se escucha en medio país? “Que Santos le apostó a las Farc y ganaron las Farc a las que les estamos pagando con nuestra plata todos sus crímenes, trescientos mil millones de pesos de Bojayá, para comenzar”.

¡Hasta el próximo miércoles!

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