El pueblo es sabio, por eso la decadencia del Centro Democrático ha demostrado en la soledad que ha sido el sello de sus últimas giras políticas, hasta en Antioquia misma, o la más estruendosa de las demostraciones, como lo fue en Boyacá, departamento cuna de la libertad que repite su bien ganado calificativo.
Hoy vemos que la señora Paloma Valencia, estandarte de ese exglorioso partido como es el Centro Democrático, no convoca a nadie y los pocos que la asisten van por curiosidad a conocer en persona a quien nunca habían visto por esas tierras: al expresidente Uribe.
Al igual que políticos del Partido Liberal, Conservador, Cambio Radical y todos los enemigos del Gobierno, hoy comen salpicón y fritos en las ventas ambulantes de cualquier esquina, qué amabilidad con el que se tuesta la piel vendiendo aguacates. Es sorprendente cómo alguien que hasta hace un año se pavoneaba y se llenaba la boca de epítetos contra las religiones hoy es proclamado por los comerciantes de la fe como el próximo Salvador de Colombia y sus súbditos se comportan como las ovejas mansas que solo obedecen a su pastor.
Esos que le han negado las reformas sociales al pueblo y que después de cada derrota subían a sus redes sociales victoriosos videos, salen sin pena a pararse en la plaza pública a solicitar el apoyo político de sus víctimas.
Entonces sin proponérselo Paloma Valencia que según videos que reposan, trazaron el plan de no sólo oponerse al Gobierno entrante (cosa permitida en una democracia) sino la meta era desprestigiar todo lo que el presidente Petro hiciera y dijera, incluso con ataques a su persona y a su familia, lo que han cumplido por más de tres años, orquestado con los medios de comunicación y con aparatos del poder económico y hasta el poder judicial; les ha salido todo al revés, pues el candidato que respalda la continuidad del progresismo barre por ahora en todas las encuestas adelantadas por la misma derecha.
Con los días, el alboroto en el Centro Democrático tendrá un efecto dominó en otros partidos como el Liberal, propiedad de César Gaviria, y el Conservador, de Mincho Cepeda, el excandidato que se ufanaba de tener la fórmula para derrotar a Gustavo Petro y cuya candidatura no le duró sino como sesenta días. Sin reparar y detenernos en el Partido Cambio Radical de la familia Vargas, el partido con más militantes presos y condenados, dueños por décadas del sistema de salud hoy prácticamente quebrado.
A todos ellos de derecha se les piden argumentos, planteamientos que convenzan y encanten a ese 40% de votantes que están cautivos, pero sin nada que decir, continúan con el error de seguir criticando banalidades contra el Gobierno y sus equipos de trabajo y luego se extrañan del resultado de las encuestas.
Entonces los trapitos sucios se lavan en casa y los cueritos hay que asolearlos de vez en cuando por el bien de Colombia.
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