Las revelaciones de Gabriel Galán sobre su hermano Luis Carlos

Cartas íntimas, confidencias fraternas, detalles inéditos de su vida pública y facetas humanas de Galán como la historia de su primer hijo con una humilde campesina conforman este libro.

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diciembre 14, 2014
Las revelaciones de Gabriel Galán sobre su hermano Luis Carlos

El día siguiente de la muerte de Luis Carlos Galán su hermano Gabriel se propuso escribir su historia. Recopiló cartas, recogió anécdotas y empezó a hacer anotaciones de detalles de su vida pública y privada. Gabriel fue su confidente y junto a María Lucía, la mayor de los doce hijos y Galán, actuaban en bloque como ‘’Los tres mayores’’. Gabriel quiso rescatar el talante político y las luchas que lo llevaron a su muerte, pero también su condición humana con pasiones, debilidades, sueños y frustraciones. El libro fue rechazado por dos editoriales comerciales –Planeta y Norma- y Gabriel decidió publicarlo con una pequeña editorial de Bucaramanga llamada SIC y venderlo de manera directa [email protected]. Este capítulo titulado "1965, un año crucial en su vida”,  relata los pasos que claves que dio para su vida política y el nacimiento de su primer hijo quien tuvo con una humilde mujer campesina de Boyacá, así como el difícil camino que tuvo que recorrer Luis Alfonso, el primogénito de los Galán.

Luis Carlos inició 1965, un año crucial su vida, con veintiún años, y cumplió los veintidós en septiembre.En 1965 Luis Carlos estableció su relación política y de amistad con Carlos Lleras Restrepo, que duraría el resto de su vida, salpicado al final por uno que otro enfrentamiento intrascendente. (…)

En 1964 el líder liberal Carlos Lleras Restrepo fue agredido por estudiantes de la Universidad Nacional mientras dictaba una conferencia en su auditorio principal. Tuvo que refugiarse junto con su comitiva y los organizadores del evento en un salón cercano, hasta que fue rescatado por tropas del ejército colombiano enviadas en su auxilio por el presidente de la Republica, Guillermo León Valencia.

Al lanzar Carlos Lleras, a comienzos de 1965, su candidatura presidencial, Luis Carlos decidió que había que cambiar la imagen de una juventud universitaria opuesta a tan destacado político, quien había prestado trascendentales servicios al país desde los años 30 y sobresalía de lejos como la persona más capacitada para dirigir a Colombia en el período 1966-1970.
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Por ello resolvió redactar un altivo, enérgico y a la vez ecuánime documento de apoyo a la candidatura de Carlos Lleras, cuya firma promovió entre la juventud universitaria del país, en especial la de Bogotá. Logró más de mil firmas entre estos estudiantes (…)

El documento fue entregado al doctor Lleras por una comisión integrada por los estudiantes Luis Carlos Galán, Rodrigo Lloreda, Abel Francisco Carbonell, Juan Martín Caicedo, Carlos Medina Zárate, Ciro O´Meara, Enrique Millar, Eduardo Mariño, Fernando Garavito, Alberto Valencia, José María Cabal y Guillermo Laverde.”

Luis Alfonso Galán Corredor

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Ese mismo año ocurrió otro hecho que tuvo gran impacto en la vida íntima de Luis Carlos. Hablo de Luis Alfonso Galán Corredor, su hijo mayor, quien ha aparecido esporádicamente en nuestra prensa escrita y en la TV como alguien clandestino en la vida de mi hermano, apetitoso plato para la prensa sensacionalista y para dar rienda suelta a la bilis de los resentidos por la existencia de Luis Carlos.

Contemos, pues, en breve resumen lo que fue la relación de Luis Alfonso con Luis Carlos y lo que ha sido con nuestras familias Galán Sarmiento y Galán Pachón.

Luis Alfonso, el hijo prematrimonial de Luis Carlos, nació el 18 de septiembre de 1965. Hijo de Isabel, algo mayor que Luis Carlos, joven de origen campesino, una “campesina de ciudad” como dice una famosa canción colombiana. Le faltaban a Luis Carlos apenas ocho días para cumplir sus veintidós años de vida cuando nació Luis Alfonso.

Luis Carlos desde el primer momento optó por darles ayuda económica a Isabel y a Luis Alfonso, lo mejor que pudo, con los ingresos que recibía como periodista del periódico “El Tiempo”. En un principio Isabel escondió a Luis Alfonso en una finquita propiedad de sus padres, ubicada cerca a Facatativá, pueblo de la sabana de Bogotá, pues temía que Luis Carlos le quitara a su hijo para criarlo por su cuenta.

En algún momento, Luis Carlos le pidió al padre Carlos Franco Garavito, como ya sabe el lector, muy cercano a nuestra familia, en especial a Luis Carlos y a mí, que contratara a Isabel como empleada suya en su parroquia del barrio La Castellana en Bogotá, y allá se fueron a vivir Isabel y su hijo Luis Alfonso. Luis Carlos les hacía llegar con nuestro hermano Francisco Alberto el dinero que necesitaban para su subsistencia, no sé si el padre Franco le pagaba además algún sueldo a Isabel.

Después, Isabel y Luis Alfonso se trasladaron a Bucaramanga, sostenidos por Luis Carlos. Allí Luis Alfonso estudió hasta tercero o cuarto de bachillerato en el Colegio Agustiniano de Floridablanca. Regresaron luego a Bogotá.

Al llegar a la adolescencia Luis Alfonso se rebeló y decidió no seguir estudiando, aun cuando ya estaba en quinto de bachillerato en el Colegio Andrés Bello de Madrid (Cundinamarca).

A pesar de las difíciles conversaciones que sostenían, Luis Carlos y Luis Alfonso se fueron aproximando por iniciativa de Luis Carlos, quien a toda costa quería recuperar el tiempo perdido, crear una verdadera relación padre-hijo; no fue fácil pero comenzó a nacer un afecto genuino entre ellos.

El 18 de agosto de 1989 al medio día, Luis Carlos y su hijo, Luis

Alfonso, sostuvieron una premonitoria conversación.

Luis Carlos: “Me siento muy solo, pareciera que a nadie le importara que casi me asesinan en Medellín. El país no entiende lo que pretendo”.

Luis Alfonso: “Si el país no valora su dedicación debería irse un tiempo al exterior mientras pasa todo”.

Luis Carlos: “No soy un cobarde, no cederé ante el narcoterrorismo, seguiré hasta el fin cualquiera que este sea”. A continuación volvió a insistirle en que continuara sus estudios como su mejor defensa para el futuro. Le dijo: “Estudia porque vas a quedar muy solo, a mi es muy posible que me maten…en caso de que yo no esté, busca a mi hermano Gabriel, él te ayudará”. Luis Alfonso insistió en decirle que no estudiaría: “Esas son cosas de ustedes los Galán, en la familia de mi madre muchos parientes míos han triunfado en la vida sin necesidad de estudiar”, le replicó en tono desafiante.

El martes 22 de agosto, siguiente al fatídico viernes 18, en una reunión coordinada por nuestro hermano Alberto en la casa Galán de la calle

75 con carrera 5ª, Luis Alfonso, en presencia de su madre, nos habló a Alberto, a mi hermana María Lucía y a mí sobre esta conversación. Le contesté que con gusto lo ayudaría, y me convertiría en su padrino si nuestro hermano Alberto me apoyaba como segundo padrino.

A partir de ese día, pensando siempre en Luis Carlos, basado siempre en mi inmenso amor por mi querido hermano, procedí a darle la ayuda que Luis Alfonso necesitaba para rehacer su vida. Aunque Luis Carlos no me lo hubiera pedido expresamente habría obrado igual, es una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida. Actué poco a poco, firme e infatigable.

Él dijo entonces que estudiaría tal como se lo había pedido “su viejo”. Sin embargo, un poco después de que recibió su herencia de Luis Carlos, el ciento por ciento de la herencia legal, parte de ella en dinero, decidió montar una panadería en el barrio Prado Veraniego de Bogotá y se olvidó del estudio. Allí fui a visitarlo, lo encontré feliz rodeado de su madre y de parientes y amigos que le colaboraban en el negocio.

Pero la panadería no funcionó. Un mes después, o algo más tarde, me buscó para decirme que la panadería había fracasado porque el panadero, un pariente suyo, había renunciado a su cargo por exceso de trabajo. Le pregunté qué quería hacer. Me dijo que necesitaba trabajar, que le ayudara a levantar un empleo.

De inmediato vi la oportunidad que se me presentaba de educarlo por la vía del esfuerzo personal, del trabajo duro y persistente, el mejor camino para progresar en la vida en forma sólida. Le contesté que con mucho gusto lo ayudaba a conseguir un buen cargo siempre y cuando estudiara.

De inmediato le pedí ayuda en nombre de Luis Carlos a Eduardo Robayo, destacado galanista. Eduardo nombró a Luis Alfonso mensajero suyo en la empresa que dirigía, el sueldo fijado para Luis Alfonso fue razonablemente bueno, teniendo en cuenta las magníficas prestaciones sociales que tenía esa empresa.

Obrando en coordinación conmigo, Eduardo le dijo a Luis Alfonso que la condición era que estudiara, y que el día que dejara de estudiar cesaría su contrato laboral.

Luis Alfonso cumplió su parte del pacto, y se convirtió en un gran estudiante. Al cabo de un tiempo prudencial obtuvo su título de bachiller por medio de la prueba del ICFES. Nuestros padres asistieron a la entrega del diploma de bachiller a Luis Alfonso.

Luis Alfonso siempre ha recibido eficaz ayuda y respaldo sentimental de parte de nuestra madre, cuando vivía, y de mí. Además mi hermano Alberto le ayudó durante mucho tiempo y mi hermano Antonio intervino a favor de Luz Mary, la señora de Luis Alfonso, en un muy oportuno momento.

Mi cuñada Gloria Pachón y mis sobrinos Juan Manuel, Claudio y Carlos Fernando, hermanos medios de Luis Alfonso lo han respaldado siempre en su vida.

Asímismo, gracias a la colaboración que me prestó Jorge Marmorek, compañero de estudios de Luis Carlos en la Universidad Javeriana en Bogotá, Luis Alfonso y Luz Mary, su señora, recibieron durante largo tiempo la guía espiritual del padre jesuita Hernán Umaña, quien fue provincial de la Comunidad Jesuita en Colombia y guía espiritual del Grupo Social (Banco Caja Social y otras empresas).

En materia de trabajo, luego de ascender hasta la categoría de oficinista, a Luis Alfonso se le presentó la oportunidad de participar en un plan de retiro que promovió la empresa donde él trabajaba. Lo dudó un tiempo y finalmente decidió retirarse como un paso hacia su independencia económica, aprovechando la buena bonificación que recibió por su temprano retiro del banco.

Un primo suyo que tenía una fábrica de puntillas, o clavos, o un producto similar, le había ofrecido que se hiciera socio suyo en esa fábrica, donde además lo emplearía pagándole un sueldo igual al que devengaba, incluidas prestaciones sociales. El primo redujo luego su promesa, y al llegar la hora definitiva le dijo que solo podía pagarle el salario mínimo porque la situación económica del país se había vuelto difícil, eran los últimos años de la década de los 90, gobierno de Andrés Pastrana.

Luis Alfonso, quien siempre ha sabido cuidar su dinero, decidió no invertir en la empresa de su primo. Me pidió de nuevo que le ayudara a conseguir empleo. Hablé entonces con un destacado empresario galanista, quien me dijo que no podía ayudarlo y también dio el argumento de la difícil situación económica de Colombia. Pasó el tiempo, pasaron los meses, tal vez un año o más, y el dinero del bono que recibió Luis Alfonso disminuía día a día, y estaba a punto de acabarse. Me preocupaba la situación, si yo hubiera tenido suficiente dinero tal vez se lo habría regalado para que se sostuviera mientras tanto, sin embargo al mismo tiempo pensaba que esta era una provechosa lección que le estaba dando la vida a Luis Alfonso. Cuando las circunstancias ya eran muy críticas para él, un día me enteré que José Blackburn, destacado líder galanista, había sido elegido presidente de una importante empresa.

De inmediato hablé con José y le pedí una ayuda para Luis Alfonso similar a la que le había solicitado años atrás a Eduardo Robayo. José, entusiasmado otorgó su apoyo inmediato, para los detalles comisionó a Miguel Laverde, quien había sido gran amigo desde la adolescencia de Luis Carlos y luego un decidido miembro del Nuevo Liberalismo. De nuevo Luis Alfonso fue nombrado mensajero de la presidencia de tal empresa, y con un sueldo también razonablemente bueno dadas las excelentes prestaciones sociales que tenía esa empresa.

Establecí, de común acuerdo con José, la misma condición que había definido en materia de estudio cuando se trató del bachillerato de Luis Alfonso, esta vez eran sus estudios universitarios: si dejaba de estudiar automáticamente perdería su empleo. Sin embargo Luis Alfonso ya estaba sintonizado con la idea de estudiar, no hubo ningún problema por ese lado.

Tras algunas dudas sobre qué estudiar y en cuál universidad, Luis Alfonso se decidió por estudiar Derecho en la Universidad Libre. José le ayudó a ingresar a dicha universidad, Maruja Pachón, hermana de Gloria Pachón, esposa de Luis Carlos, afirma que ella también ayudó, o sea ambos le ayudaron a entrar a la Universidad Libre.

Luis Alfonso se graduó años después. Asistimos a su grado de Derecho en la Universidad Libre mi primo Alfonso Valdivieso Sarmiento y yo. Nuestros padres ya habían fallecido. Luis Alfonso, por su propia iniciativa, hizo luego una especialización en Derecho Administrativo en la Universidad Javeriana.

De su unión con Luz Mary López tiene tres bellos e inteligentes hijos: Viviana, Hernán y Ana María, que fueron muy buenos estudiantes en el colegio de Colsubsidio en Bogotá, uno de los mejores de Colombia. Viviana terminará pronto sus estudios universitarios; Hernán apenas los comienza; Ana María, la menor, continua estudiando en el colegio de Colsubsidio.

El resto de la biografía de Luis Alfonso lo dejo en manos suyas. Él ha dicho que escribirá una.

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