Las penas que mataron a María Callas

La más legendaria diva de la ópera regresa en un espectacular documental en salas de Cine Colombia. Onassis, su gran amor, y sus problemas de autoestima se la llevaron muy pronto

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octubre 19, 2019
Las penas que mataron a María Callas

En 1958 María Callas estaba en la cima del mundo. Ya había interpretado, como nunca nadie antes a la historia, a los personajes más importantes de la ópera: Medea, Ifigenia, Violetta en La Traviata, Tosca y Norma. Fue justamente esta interpretación en la Scala de Milán la que le generaría el mayor escándalo de su carrera. Temperamental, impetuosa, pero siempre decidida, había aceptado ser la protagonista de la ópera de Bellini a pesar de la bronquitis que la aquejaba. En el primer acto su voz retumbaba con fuerza pero el exigente público de Milán notaba que no era la misma. Hubo conatos de inconformidad, abucheos aislados después del primer acto. La Callas no iba a permitir que su público se revelara. Por eso decidió no salir al segundo acto lo que generó uno de los escándalos más sonados de la historia de la opera. Es que esa puesta en escena contaba con la presencia del entonces presidente italiano Giovanni Gronchi.

La Callas en la noche de su derrota. De su Norma los milaneses solo pudieron contemplar un solo acto.

La Callas en la noche de su derrota. De su Norma los milaneses solo pudieron contemplar un solo acto.

Tener a los italianos en su contra limitó su carrera. No importa que fuera la Divina mayor, que los norteamericanos hicieran filas interminables cada vez que visitaba la ciudad en la que nació esta hija de inmigrantes griegos, Nueva York, en 1923. Acosada por la prensa, despreciada por los más reputados críticos, la Callas y Battista Meneghini, el empresario treinta años mayor que ella con el que se había casado en 1949, aceptan una invitación del magnate naviero Aristóteles Onassis. Visitaron el Egeo, la Callas acariciaba de nuevo sus raíces. Seductor connotado, la Diva cayó en las redes del magnetismo de Onassis. Veinte días después de haber embarcado la cantante hacía público su divorcio de Battista. Estaba completamente enamorada de Onassis.

Su gran amor, su vida, todo acabó cuando Onassis la dejó por Jacky O.

Su gran amor, su vida, todo acabó cuando Onassis la dejó por Jacky O.

En 1965, a sus 43 años, ahogada por los chismes de la prensa rosa y después de una desastrosa presentación en Roma, decide dejar el canto. Su único refugio sería Aristo, como llamaba a su amante. Era su vida, su luz, su guía. Pero ese mundo se destruye en 1968 cuando se entera en el titular de un periódico, que Aristo se ha enamorado de Jacqueline Bouvier, la vida de John F. Kennedy, tal vez la primera dama de Estados Unidos más glamourosa y carismática de la historia. La primera reacción de la Callas es tomarse un frasco de somníferos. Sobrevive. Su amigo el poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini la invita a Turquía para que sea la protagonista de su Medea. La amistad con Pier Paolo es un bálsamo para el alma. Aunque la Medea de Pasolini sea 50 años después un clásico indiscutible del cine universal, en su momento las críticas destrozaron la película. Muchas de estas eran dirigidas a Callas.

El rodaje de Medea junto a su íntimo amigo Pier Paolo Pasolini fue un bálsamo para ella así la crítica la volviera a destrozar. Acá en un yate en Turquía junto a sus dos perros.

El rodaje de Medea junto a su íntimo amigo Pier Paolo Pasolini fue un bálsamo para ella así la crítica la volviera a destrozar. Acá en un yate en Turquía junto a sus dos perros.

Entre 1970 y 1977 María intenta infructuosamente regresar al canto pero no puede. El don se ha ido. Murió a los 54 años, plena juventud vital. Lo que queda de ella es la leyenda, la misma que podremos ver gracias al documental que distribuye Cine Colombia.

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