Palabras pendientes

El pasado 19 de junio, las escenas simbólicas hablaron más que las palabras. Un análisis de ese momento histórico y de lo que no se dijo, pero sí se comunicó

Por: Juan Eladio de la Hoz Blanc
agosto 04, 2022
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Palabras pendientes
Foto: Leonel Cordero

Desde el primer discurso que pronunció al conocerse los resultados de la segunda vuelta electoral el día 19 de junio, el electo presidente de la República Gustavo Petro Urrego mostró a los colombianos a través de un escenario cargado de mucha simbología lo que pretende desarrollar durante su gobierno. Las escenas hablaron más que las palabras, fueron contundentes.

El primer acto simbólico de esa noche histórica fue la entrada al escenario del maestro Antanas Mockus, que a mi modo de ver no fue fortuita. Su presencia en la tarima representó el respeto que este gobierno guardará por la sabiduría, el conocimiento como mayor virtud del ser humano; pero de igual manera, la lucha que tendrá que librar contra la corrupción, donde los dineros públicos deben ser sagrados, expresión propia del gran maestro, sin dejar de lado la construcción de una cultura ciudadana crítica necesaria para una auténtica democracia participativa y una sociedad en paz.

Lo anterior implica un gran reto para el nuevo ministro de educación, el doctor Alejandro Gaviria que debe entender que los problemas de la educación en Colombia no solo pasan por lo financiero, que es fundamental, pero tan importante o más, es que se diseñe una política pública de la calidad de la educación que supere la concepción de papel y lápiz, que responda a los principios y fines del Estado Social de Derecho, que centre su acción en la materialización de la dignidad del hombre y la mujer colombiana y, eso va mucho más allá de los resultados obtenidos en pruebas estandarizadas y los procesos de acreditación instrumentales y descontextualizados que se tienen como eje de la política pública de calidad de la educación.

De igual forma, una política de calidad de la educación desde el contexto colombiano tiene que dar respuesta a la construcción de una sociedad para el postconflicto, lo cual implica generar desde las organizaciones escolares y universitarias procesos de educabilidad intencionales que construya una nueva cultura para la convivencia y la paz total en el sujeto humano colombiano, la cual debe caracterizarse por un nuevo sistema de valores que propicie la convivencia en medio de las diferencias, que permita incorporar al otro, a una vida social compartida, bajo su propia concepción de mundo sin cosificar y alienar; asumiéndolo como un auténtico ser humano que tiene derechos y deberes para el desarrollo de su dignidad humana, donde predomine una cultura del diálogo, de la no discriminación, del reconocimiento del otro como sujeto diferente que se expresa en formas de pensar, actuar, concebir el mundo, decidir, creer, discernir y disentir de manera distinta, con derechos y deberes.

El documento de la Comisión de la Verdad, más que asumirlo como un dogma, tiene que convertirse en un texto pretexto para formar a ese nuevo ciudadano(a) en la cultura de paz y convivencia, capaz de pensar con su propia cabeza, tomar sus propias decisiones, es decir formar un auténtico ciudadano libre sin temor a expresar su pensamiento.

Para ello necesitamos que todos nuestros niños tengan igualdad de oportunidades, que la educación pública le brinde los tres niveles de preescolar, estipulados desde 1994 en el artículo 18 de la ley general de la educación, deuda histórica que se tienen con nuestros niños más pobres.

La implementación definitiva de la jornada única escolar en todas las instituciones públicas, no para seguir adiestrando a nuestros jóvenes para que den respuestas a pruebas estandarizadas que solo buscan homogenizar al ser humano, que lo deslegitiman como un ser pluridimensional BIOPSICOSOCIONEUROCULTURAL, sino para que tengan la posibilidad de incorporar a su vida  todos los lenguajes del arte y del mundo del deporte, donde realmente se de una formación humana integral a la luz de los principios y fines del Estado Social de Derecho.

Para alcanzar esto, señor ministro, se necesita de su perfil de economista, pero ente todo del saber pedagógico, didáctico y del desarrollo humano, a la luz del gran maestro Antanas Mockus, la historia será su gran juez.

El segundo acto simbólico que habla por sí solo, de ese primer discurso del señor presidente, es la entrada en el escenario con fotografía en mano de la madre de Dilan Cruz, joven asesinado por participar en las marchas del año pasado en el marco del paro nacional, mensaje contundente de que no se tolerará violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza pública, que se hace necesaria una reforma a la policía que la coloque a tono con la nueva sociedad que se quiere construir, garantista de los derechos humanos y limpia de cualquier influencia de los carteles de la criminalidad, una policía cívica donde el ciudadano de a pie la sienta cercana y capaz en la solución de los conflictos propios que se dan al interior de una sociedad democrática y participativa.

De igual forma, se necesita la depuración de las distintas fuerzas armadas de Colombia, que lamentablemente en muchos casos se han visto permeadas por las bandas criminales del narcotráfico; para llegar a la paz total, se requiere de unas fuerzas armadas limpias de corrupción y respetuosas de los derechos humanos, los abominables y vergonzosos hechos de falsos positivos no pueden volver a pasar, tienen que quedar como las más horrible historia de la violencia en Colombia, donde jóvenes inocentes fueron asesinados por miembros de la fuerza pública para hacerlos pasar como caídos en combate, con el silencio cómplice del gobierno de turno, el reto es saber quien dio la orden.

Tamaña responsabilidad le toca asumir al Dr. Iván Velásquez, sin duda parte de la estabilidad del gobierno de Gustavo Petro pasa por las decisiones que se tomen en ese ministerio.

Un análisis de ese primer discurso, nos pone en distintos escenarios, un presidente de la República que entiende que para generar un proceso de cambio interno va a necesitar la construcción de consensos externos que legitimen una política interna, Colombia como parte de América, América como parte de Colombia, América y Colombia como parte del mundo, el todo en las partes y las partes en el todo, para ello acudió al concepto de la raza cósmica, donde todos sin distingo alguno tengan oportunidades, donde la exclusión de paso a la inclusión, por ello planteó un diálogo latinoamericano con el gran país del Norte, lo que muestra que no solo está pensando en ejercitar un liderazgo interno, sino de igual forma de orden continental y mundial bajo los principios del latinoamericanismo, lectura que muy rápidamente realizó el presidente Joe Biden, que en menos de 48 horas de haberse dado la proclamación se comunicó con el presidente electo, conversaciones que han desembocado en encuentros formales con altos funcionarios del gobierno de ese país; pero que también se expresa en el restablecimiento de la relaciones diplomáticas con el vecino país de Venezuela, que de manera obtusa fueron mandadas al cuarto de San Alejo por el presidente saliente Iván Duque.

Ese primer discurso del presidente electo mostró una concepción progresista, humana incluyente, dialogante, de encuentro y búsqueda de consensos que está dispuesto a liderar. El discurso del día domingo 19 de junio dejó las primeras letras del libreto que se va a seguir durante estos cuatro años de presidencia con relación a los Estados Unidos y su relación con Latinoamérica, la búsqueda de una unidad latinoamericana para entablar diálogos en la construcción de consensos para combatir el cambio climático, la pobreza y el narcotráfico “la política de la humanidad es unas simbiosis planetarias: Propugna un encuentro entre dar y el recibir” (Morin, 2011, p. 50).

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