Las órdenes de Sebastián de Belalcázar se cumplen

Un relato histórico a propósito de la estatua del conquistador español que fue derribada en Cali

Por: Luis Servando González Ayala
mayo 03, 2021
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Las órdenes de Sebastián de Belalcázar se cumplen
Foto: Mario Carvajal - CC BY 2.0

Sebastián de Belalcazar murió en Cartagena en 1551, cuando se dirigía a España a hacer su defensa por haber matado al gobernador español Jorge Robledo en el Cauca y porque fue juzgado por cometer toda clase de maltratos, torturas y vejamenes a nuestros indígenas. En España lo habían condenado a muerte por esos delitos.

Años atrás viniendo de Perú y Ecuador donde también había cometido atrocidades contra los indígenas para despojarlos de sus tierras, ingresó al Cauca y, buscando un punto medio que pusiera en contacto a Popayán con el río grande de la Magdalena, envió al capitán Pedro de Añazco a conquistar esas tierras, orden que fue cumplida al pie de la letra. Fue por eso que en  538 llegó a la población de Timaná, en el departamento de Huila, donde doblegó a las tribus vecinas y convocó uno a uno a sus caciques para obligarlos a rendirle y pagarle tributo. Entre los convocados estaba Timanco, el hijo de la cacica comandante de uno de pueblos de indígenas yalcones, la cacica Guatipán, también conocida como la Gaitana.

Timanco no asistió a la reunión por respeto a su madre, pues era ella la jefa y no el hijo, pero el capitán Pedro de Añazco se negaba a recibirla por el hecho de ser mujer. La decisión del indígena de no ir a la cita despertó la ira del capitán y por eso lo capturó y al atarlo de un tronco frente a su pueblo, frente a su esposa, frente a sus hijos y haciendo de lado las súplicas y ruegos de su madre la Gaitana Guaitipan que pedía que lo perdonara le prendió fuego y así murió en medio de ese escarmiento y dolor.

Tiempo después, la Gaitana armó un ejército que derrotó al español, lo capturó y en venganza por la muerte de su hijo le sacó los ojos, le perforó la lengua y atándolo del cuello lo paseó por las poblaciones vecinas. Hubo otros enfrentamientos en los que la Gaitana perdió porque un indígena infiltrado, el cacique Matambo, delataba los planes del ejército indígena a los españoles y por eso siempre perdían.

Pero esas derrotas no los doblegaron nunca, tanto que a pesar del triunfo militar los españoles cansados y desmotivados abandonaron el territorio dejando la desolación, dolor y muerte que habían infringido a los más de quince mil indígenas, de los cuales apenas quedaron seiscientos que después desaparecieron por las enfermedades que los españoles les habían contagiado. Unos historiadores dicen que Guaitipán murió de vieja en su pueblo, otros aseguran que viéndose perseguida para capturarla, por mantener su dignidad y en acto de heroísmo, se suicidó con algunos de sus compañeros de lucha tirándose desde lo alto de la cascada el salto de bordones en el cañón de Pericongo.

Así fue la vida y lucha del pueblo de Timaná y su gran Cacica la Gaitana Guaitipán, así se cumplieron las órdenes de Sebastián de Belalcázar, al que los indígenas le derribaron la estatua en Cali.

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