Las megaoligarquías y el neoliberalismo imperialista

Los que supusieron que su insurgencia solo sería un componente del paisaje económico, sin repercusiones en la reorganización del estado y la política mundial, no estaban ni tibios

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
febrero 05, 2019
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Las megaoligarquías y el neoliberalismo imperialista
Foto: Instagram @realdonaldtrump

Una vez leído a Pikkety la ofensiva de esas megaoligaquías estaba en ciernes, si es que ya no había empezado su hegemonía, incluso antes de emerger el estudio y lectura mundiales de El capitalismo en el siglo XXI. Entonces el gobierno de Trump debió asumirse ipso facto como la punta de lanza de esa intención megaoligárquica de poseer y apropiarse del mundo a través del imperio de la propiedad privada. Muchos periodistas en Estados Unidos se alarmaron pero fue simple acción mediática para obtener dinero también de un crítico del sistema: el capitalismo lo absorbe todo. Si una sola mercancía, o productor es imposible que se tome el mercado, luego Piketty puede ser absorbido y digerido y, luego de ello, seguir en lo mismo. O peor. Fue lo peor.

Y es que cada vez que existe en el mundo alguien que llega a un nivel de megaoligarquía procede como en nuestro medio Pablo Escobar Gaviria: colocarse por encima y empechar a todo el mundo. Metáforas de esos comportamientos megaoligárquicos sobran. Incluso del lado, aparentemente socialista del Socialismo del Siglo XXI de Chávez una megaoligarquía del petróleo pretendió apropiarse de toda Venezuela. El desastre ya casi se avecina. Tanto en Rusia como en China han aflorado estos personajes, aunque en China parece que estuvieran morigerados por el poder del partido comunista, por lo pronto. En Rusia estuvieron sueltos de madre y hasta intentaron vender bombas atómicas. Recientemente Jeff Bezos anunció su divorcio que dividirá su tera fortuna. Pero qué importa para un hombre que gana 125.000 millones de dólares al año. Lo de su mujer es como quitarle medio pelo a un gato. ¡Ni se inmuta!

En cambio en Estados Unidos están en su salsa. Y lo de Trump es una puesta en escena de cómo además las nociones tanto de ideología como política son releídas y reprocesadas. La política y la ideología ya no existirían más salvo como remedo y se impondría una y otra vez una traza histriónica y burlesca de puesta en escena.

Y no es carreta. Obsérvese que Trump no ha mantenido el mismo discurso sobre los inmigrantes antes o después de mitaca. Cuando mitaca fue el asunto de exagerar la invasión de las caravanas de inmigrantes. Ahora esas mismas caravanas son poco menos que una bomba de explosión masiva y se convierte en una amenaza para la Seguridad Nacional. El histrión mueve bastidores.

Entonces, Trump deja de ser un político e ideólogo para convertirse en un desarrollador político, de la misma forma como las APP son franjas de desarrollos de software. Según dónde esté el pasto biche que lleve a las grandes masas sojuzgadas a abrevar de un conjunto de mentiras prefabricadas al afecto, hacia allá se dirigirán los desarrolladores de políticas, líderes de sus respectivas naciones. Ahora bien, un desarrollador puede editar su software cuantas veces quiera y en las direcciones que quiera para obtener sus resultados preconcebidos cual sistema digital. La información en la nube da para todo y es el reino de la incertidumbre. La única tortura de estos desarrolladores es que deben trabajar, o fingir que lo hacen, como en el caso de Trump que lo asume como un divertimento, expresión genuina de su bipolaridad. Claro, mientras funcione no lo matan.

El análisis de un experto nos dirá entre otras cosas porque Trump ha pasado largo tiempo indescifrado. Leemos de “Prabhat Patnaik, profesor emérito del Centro de Estudios Económicos y Planificación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Jawaharlal Nehru (JNU) en Nueva Delhi, India”: “Trump quiere resolver la crisis en Estados Unidos, causada por el neoliberalismo, sin salir de los confines básicos del neoliberalismo mismo, esto es, sin violar su característica principal, que es la libre movilidad financiera global”. Es indudable que quien enfrente esta frase ya está ante un jeroglífico. Mucho más intrincado será develar cómo se conduce una política de éstas al frente de un gobierno sin soltar todas las amarras y fundar un escándalo o un estropicio final. Trump ha escogido lo que más se le da a su naturaleza bipolar. Ningún periodismo en Estados Unidos pudo desentrañar a Trump del todo ni siquiera tras su ascenso al trono. Así de abstracta es la naturaleza del fenómeno de la crisis capitalista mundial. Pero, qué es eso de la “libre movilidad financiera global” en que se funda ahora la mega extracción de riqueza de los mega oligarcas de los mega gobiernos, es decir, de la política imperial.

“Para mí la esencia de la globalización actual es la globalización financiera. Es en este sentido que es diferente de todos los episodios previos de globalización y tiene un profundo impacto en la naturaleza del Estado: el Estado que permanece como Estado-nación se ve obligado a aceptar las demandas del capital financiero globalizado (de lo contrario, habría una fuga de capitales del país en cuestión y una crisis financiera en el mismo). Incluso si hay proteccionismo en el movimiento de bienes, eso per se no cambiaría ni un ápice este hecho de la hegemonía de las finanzas globalizadas”.

“Ningún líder metropolitano a la fecha ha hablado de imponer controles de capital, entonces todo ese discurso de "desglobalización" carece de validez en mi opinión”.

Y sobre esto del capitalismo metropolitano esclarece:

“El imperialismo implica la supresión, la necesaria supresión de los pueblos del Tercer Mundo, las masas trabajadoras , a través de la operación del capitalismo metropolitano. Esta supresión de la clase trabajadora del Tercer Mundo por el capital metropolitano no es una conspiración clandestina; es parte del propio modus operandi del capitalismo.

“Es un error, en este sentido, identificar al imperialismo solo con los casos en los que se diseñan golpes militares, o cuando se llevan a cabo intervenciones militares de los países capitalistas avanzados o de su líder, Estados Unidos. El imperialismo, aunque puede, a veces, dar lugar a tales intervenciones o a una "diplomacia de cañonera", no es idéntico a esta diplomacia. Entonces, el hecho de que no se hagan golpes de estado a instancias de algunas corporaciones multinacionales como puede citarse con la Unión Minière (que estaba activa en el Congo), la United Fruit Company (que estaba activa en Guatemala) o la ITT (que estaba activa en Chile) en tiempos más recientes para igualar las depredaciones de tales corporaciones en las décadas de 1950 y 60 no es un argumento en contra del concepto de imperialismo.

“El imperialismo no es un ardid para organizar golpes de Estado, es el modo mismo de existencia del capitalismo”.

Entonces ahora se aclara, de refilón y sin querer queriendo, por qué es tan odiosa al mundo de las megaoligarquías la posición intransigente de Venezuela de conspirar contra aquel orden empecinándose en sacar de la organización capitalista del mundo la gigantesca riqueza de ese país. Pero no solo Venezuela caerá. De hecho las enormes caravanas de centroamericanos es una forma de desintegración de toda América Latina.

Pero el fenómeno Trump va más allá. Trump pretende además que las grandes circulaciones financieras pasen por los negocios de sus firmas. Y detrás de Trump están las megaoligarquías drenando unas más que otras la desdicha de miles de millones de personas.

En las condiciones en que el imperialismo del neoliberalismo es develado qué ocurre:

“También debe ser lo suficientemente poderoso como para garantizar, a través de sus intervenciones, incluidas las intervenciones militares, la seguridad de las relaciones de propiedad capitalista en todas partes. También debe ser capaz de evitar cualquier amenaza inflacionaria a su moneda (de modo que las personas no cambien su moneda por oro real, es decir, su moneda debe seguir siendo "tan buena como el oro") manteniendo un ejército de reserva laboral adecuado e imponiendo una "deflación de ingresos" a los productores de materias primas a través de un régimen económico global, respaldado por su poderío militar. Y así. En otras palabras, debe ser la principal potencia imperialista, el bastión o base de operaciones del capitalismo mundial. Estados Unidos continúa siéndolo, por lo que su moneda se considera "tan buena como el oro", a pesar de todos sus problemas económicos y cambio de políticas. Lo seguirá siendo en el futuro previsible”.

Y en esas están nuestros gobiernos rodillones llevando gigantescas masas a ser degolladas por 26 verdugos.

Notas: las extensas citas son tomadas de El imperialismo del capital financiero y las guerras comerciales, aparecido en América Latina en Movimiento, editado por Instituto Tricontinental de Investigación Social.

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