Las inversiones chinas, un peligro para la Amazonia

A pesar de las advertencias internacionales, el presidente brasileño busca fortalecer y hasta ampliar los acuerdos comerciales con el país asiático

Por: Manuel Rodríguez
noviembre 13, 2019
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Las inversiones chinas, un peligro para la Amazonia
Foto: Palácio do Planalto - CC BY 2.0

“Una parte considerable de Brasil necesita a China, y China también necesita a Brasil”. Quien pronunció esta frase fue el propio Jair Bolsonaro en su última visita a China en octubre de este año. Las palabras elegidas por el mandatario para coronar su viaje sorprenden si se recuerda la faceta de un candidato en campaña que acusó a China de ser un “predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía”. No mucho tiempo atrás, Bolsonaro dijo que China buscaba comprar Brasil y no comprarle a Brasil. También se mostró firme al decir que no permitiría que el país asiático se hiciera con las industrias fundamentales de la nación. Pero tan solo bastaron unos meses para que Bolsonaro le abriera las puertas del país a China. Lo que podría costarle muy caro, si se tienen en cuenta los términos bajo los cuales la potencia asiática opera en la región.

Vulneración de los derechos de comunidades locales, fuerte impacto ambiental y un alto grado de influencia política, son solo algunas de las condiciones que traen consigo las inversiones chinas. El costo social y medioambiental de los proyectos chinos ya se puede sentir en Brasil, donde hace menos de un mes, ardieron más de 2,5 millones de hectáreas del bosque tropical más grande del mundo.

Las cifras del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil demuestran que desde que Bolsonaro llegó al poder, el número de focos de incendio en toda la Amazonía brasileña aumentó un 84% con respecto al mismo período en el año anterior. Lo que coincide con la nueva política del presidente brasileño, basada en la apertura de zonas protegidas de la selva tropical a la explotación comercial que, a su vez, resulta en un incremento de la deforestación. En este contexto es que el acercamiento entre Brasil y China resulta preocupante, sobre todo cuando lo que se necesita es favorecer la conservación de la Amazonia y no darle la rienda suelta a intereses extranjeros para que hagan y deshagan a su antojo.Cabe recordar que desde 2009, China es el mayor socio comercial de Brasil y también el principal comprador de carne de res brasileña. El aumento en la demanda de carne por parte de China actúa como un poderoso motor de la deforestación en la Amazonia. En 2018, el intercambio bilateral entre ambos países alcanzó los 98.800 millones de dólares. El año pasado también se registró la cifra más alta en los últimos siete años con respecto a las inversiones chinas en el país que alcanzaron los 20.900 millones de dólares.

Un dato no menor es que durante ese año, el 40% de las inversiones provino de empresas estatales, lo que reafirma el grado de influencia política que implican las inversiones provenientes de China. Aunque esto no es una novedad, ya que el rol de los bancos estatales chinos en la estrategia de expansión del país asiático es bien conocido. En la actualidad, el Banco de Desarrollo de China (BDC) y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China, ya brindan más financiamiento a países en desarrollo que el Banco Mundial. Un patrón que se repite en América Latina y el Caribe, donde desde 2005, ambos bancos han concretado préstamos de más de 141.000 millones de dólares. Aunque lamentablemente, la financiación tiene a expensas un costo medioambiental muy alto.

El BDC cuenta con numerosas acusaciones en su contra por financiar proyectos que no respetan las políticas de protección del medio ambiente. Un claro ejemplo de ello es la financiación otorgada por parte del BDC al conglomerado chino-indonesio controlado por la familia Widjaja, el grupo Sinar Mas que engloba las empresas Paper Excellence (PE) y Asia Pulp and Paper (APP). En 2013, el BDC le otorgó un préstamo de 1.8 millones de dólares a Asia Pulp and Paper para la construcción de la fábrica de pulpa más grande de Indonesia, en lo que fue visto como una de las transacciones más grandes entre China e Indonesia. Pero para concretar esta operación, el BDC hizo la vista gorda a las importantes denuncias por parte de grupos ecologistas como Greenpeace o la red Environmental Paper Network (EPN), que presentaron pruebas contundentes hasta con imágenes satelitales que probaban la destrucción de las selvas tropicales en Indonesia por parte de APP.

De manera similar, el mismo Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente Jair Bolsonaro, hizo la vista gorda cuando públicamente aceptó un cheque ficticio de parte de la familia Widjaja en julio de este año. El dinero prometido por el conglomerado chino-indonesio estaba atado al resultado positivo de un proceso judicial en Brasil. Esta es quizás una muestra contundente de cómo China, y sus títeres corporativos, los Widjaja, desean operar en América Latina: pasando por encima no solo del medio ambiente pero también de las mismas instituciones judiciales si es necesario.

El nombre de Asia Pulp and Paper volvió a surgir con fuerza este año, luego de que se produjera una nueva y devastadora oleada de incendios en Indonesia. Al igual que lo sucedido en Brasil, estos incendios estuvieron estrechamente ligados a la actividad de grupos empresariales que no se alinean con los estándares de sustentabilidad.

Según la ONG WWF, en los últimos 50 años la selva amazónica perdió 17% de su cubierta forestal debido a la explotación maderera, el incremento de las actividades agrícolas y ganaderas y la explotación petrolera. Un informe reciente llevado a cabo por la iniciativa Trase demuestra además, que la exportación de carne bovina, que se calcula es de 1,4 millones de toneladas, produce la deforestación de entre 65 y 75 mil hectáreas anuales. Otro dato interesante que se desprende del informe es que de ese total, 22 mil hectáreas fueron atribuidas a exportaciones realizadas hacia China.

Todo indica que el silencio por parte de China al producirse los incendios en la Amazonia, que no dejaron indiferentes al resto de la comunidad internacional, no es casual. Si bien Bolsonaro celebró ese silencio al calificarlo como una postura equidistante por parte de China, lo cierto es que el país asiático tiene un rol mucho más activo en los incendios de lo que parece. Y a pesar de las advertencias internacionales y de las abrumadoras pruebas que vinculan la deforestación con la demanda China, el presidente brasileño busca fortalecer y hasta ampliar los acuerdos comerciales con el país asiático. Mientras tanto, China saca provecho de la falta de estándares ambientales y sociales en un país que a pesar de lo que expone su mandatario, parece estar dispuesto a dejarse comprar.

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