Opinión

Las guerras sagradas del imperio

75 años después de la derrota del nazismo, el fascismo continúa su propósito de dominación, y otra vez serán los pueblos del mundo los que deban infligirle una nueva capitulación

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mayo 12, 2020
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Las guerras sagradas del imperio
Manifestación antifascista en Barcelona. Foto: Público

Hace 75 años, el 9 de mayo de 1945 en horas de la madrugada, la Alemania Nazi capitulaba en Berlín y firmaba el acta de rendición incondicional, efecto del imparable avance del Ejército Rojo Soviético, en combinación con las resistencias antifascistas de las naciones invadidas por las huestes hitlerianas. 75 millones de víctimas arrojó esta guerra imperialista, 50 millones de ellos fueron soviéticos.

Se trata de la más transcendental batalla emprendida en la histórica lucha de nuestra especie por su supervivencia. A pesar del actual confinamiento planetario, los 75 años tras la victoria sobre Adolf Hitler, con la Unión Soviética a la vanguardia; no pasó desapercibida. Y no era para menos, el fascismo del siglo XXI mantiene su ronda de la muerte por todo el planeta, liderado y sostenido por los EE. UU.

En el mes de junio del año 1941, el fascismo atacaba a la URSS, abrigado en una optimista táctica militar denominada “Guerra Relámpago” (Blitzkrieg) que liquidaría las fuerzas soviéticas y permitiría contar con sus gigantescos recursos, en un lapso de ocho a diez semanas. El führer embestía con casi 4 millones de soldados, 3.000 tanques y miles de aviones, que cruzaban la frontera soviética en desarrollo de la operación Barbarroja.

Sin embargo, al cabo de unos meses, la invasión nazi no había logrado la rápida victoria que esperaban y que tras bastidores anhelaban también los EE. UU. e Inglaterra, ya que estos últimos, al tiempo que pronosticaban una derrota soviética a manos de los nazis, esperaban que Alemania terminara debilitada; en el fondo, junto a Japón e Italia, se peleaban la supremacía en el mundo y el “derecho” a saquear.

No es gratuito que entre 1933 y 1945 varias corporaciones occidentales, hayan sostenido gran parte del esfuerzo alemán, siendo beneficiadas por el nazismo, aunque ninguna haya recordado sus vínculos con Hitler después de la guerra, como fue el caso de BMW que fabricó sistemas eléctricos para submarinos y motores de avión, Ford que uso mano de obra esclava en Renania y Bayer que fabricó el gas Zyklon B, usado en las cámaras de gas, a esta se suman otras como Kodak, Coca Cola, Nestlé e IBM.

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La derrota contra el nazismo fue una inmensa victoria, pero la II Guerra Mundial ha sido la peor catástrofe de la historia de la humanidad

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La derrota contra el nazismo fue una inmensa victoria, pero la II Guerra Mundial ha sido la peor catástrofe de la historia de la humanidad, por eso se trata de una victoria que debe seguirse como un triunfo luctuoso. El número de víctimas y la misma duración hubieran sido muy inferiores, si los EE. UU. e Inglaterra, que emprendieron su ofensiva contra las fuerzas fascistas en el frente occidental solo hasta el año 1944, lo hubieran hecho mucho antes, tal y como había sido acordado con los soviéticos.

Mientras el Ejército Rojo resistía y derrotaba a las fuerzas fascistas prácticamente solo en el Frente Oriental; los aliados se limitaban a enviar esporádicas e insuficientes ayudas para este frente, y solo cuando fue inatajable la victoria soviética, que junto con las resistencias antifascistas de los países de Europa vencían al ejército alemán (Wehrmacht), los EE. UU. e Inglaterra decidieron enfrentarse al nazismo de manera decidida. Antes bien, desde 1941 con su industria de lubricantes, los EE. UU. aceitaron los tanques sedientos de Hitler en Stalingrado.

Por su parte el aparato sionista anidado en Europa y los EE. UU., usó al pueblo judío disgregado en Europa como sangrienta justificación para su proyecto genocida y expansionista actual. Antes de la guerra, el proyecto nazi, recibió la ayuda financiera de algunos empresarios sionistas residentes en los EE. UU. Por otro lado, el apoyo “espiritual” del Vaticano, justificaba las pretensiones nazis, y habilitaba silenciosamente la peor catástrofe contra la civilización humana, como un esfuerzo para purgar el ateísmo y el “comunismo impío”.

El proyecto funesto que pretende acreditar el despojo y el genocidio en nombre de supuestas supremacías raciales, culturales, religiosas y militares; actualmente se expande por la tierra. Hoy el Vaticano en voz del papa Francisco, plantea una posición disímil a la de sus predecesores, cuando en medio de la amenaza de una nueva guerra mundial sentencia: “Mucha gente poderosa no quiere la paz porque vive de las guerras”.

El fascismo continúa campante, y crea una nueva religión, el mercado. Emerge como nueva divinidad y cualquier disidencia al modelo será aplastada por el colosal poderío militar global, protector del mercado “autorregulado” y libre, inmerso en un mundo de seres humanos regulados y pajes del movimiento de las leyes de la oferta y la demanda. La supresión acelerada de millones de seres humanos de la producción, fenómeno que no solo se exhibe en los países de la periferia sino también al interior de las suntuosas potencias mundiales y que es resultado de las acciones de quienes continúan con el sueño del mercado único y el ejército gendarme único; hace de vastas regiones del planeta centros de concentración, donde millones de seres humanos mueren a causa de la miseria o son esclavizados, realidad distópica que se extiende y profundiza con el actual enjaulamiento planetario, en razón a la pandemia del covid-19.

Los EE. UU. y el fanático estado sionista son hoy una peligrosa amenaza nuclear para el mundo. El pueblo judío, víctima del irracional proyecto alemán en el siglo XX; en el XXI es víctima de la alucinación sionista que pretende imponer a los seres humanos la creencia de ser la “raza elegida por el mesías”, en perfecta articulación con los supremacismos anglosajón y ario.

La globalización capitalista lo es realmente de la propiedad privada de la élite mundial, y es por tanto un proceso de privatización del mundo, léase de anexión global, que para proyectarse, favorecerá estados títeres; fascistas y autoritarios.

75 años después de la derrota del nazismo, la tribulación fascista continúa con su propósito de dominación planetaria, y nuevamente serán los pueblos del mundo, los que deban aprestarse a infligirle una nueva capitulación.

 

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