Opinión

Las Farc ante la prueba de la verdad

Ante la Comisión de la Verdad las Farc podrán hablar delante de un organismo imparcial, sin que nadie las mande a callar o les eche bombas encima

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febrero 21, 2020
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Las Farc ante la prueba de la verdad
hasta que la Comisión considere que en el rompecabezas de la verdad, ya tiene la pieza de la antigua insurgencia. :Foto: Farc

Jacobo Machover es un escritor cubano exiliado en Francia, autor de varios libros dedicados a lo que algunos generosamente llaman desmitificar la revolución cubana. Títulos como Cuba, totalitarismo tropical, La dinastía Castro, Los últimos días de Batista y La cara oculta del Che presentan una realidad absolutamente contraria, a la que conocemos quienes admiramos y queremos la epopeya encabezada por Fidel Castro y su pueblo.

Machover difama la revolución cubana en términos idénticos a los empleados por la CIA y los distintos gobiernos norteamericanos a partir de 1959. Para un sinnúmero de personajes de la derecha latinoamericana y caribeña su obra está por completo ajustada a la verdad. Diversos comentaristas de prensa le atribuyen una vida dedicada a reconstruir la memoria de los perseguidos por el comunismo en la isla.

Al referirse al Che Guevara, Machover asegura que se trata de un mito creado en primer término por Fidel Castro  y luego por una serie de intelectuales europeos, norteamericanos y latinoamericanos, que lo elevaron a la categoría de un ser perfecto, el ser más completo de nuestra era, como dijo el filósofo francés Jean Paul Sartre. En su parecer el Che profesaba un culto especial por la muerte, era un asesino, un criminal enfermizo.

El solo leer tales referencias le eriza a uno la piel. Del mismo modo que la eriza leer al periodista bogotano Eduardo Mackenzie, quien escribió un trabajo sobre la masacre de las bananeras, en el que niega de manera terminante la existencia de ese acontecimiento, a su juicio un mito creado por los mamertos colombianos. En su exposición, lo que sucedió fue más bien lo contrario. Fueron los comunistas dirigidos desde la Unión Soviética quienes realizaron una asonada violenta.

Lo que todos los colombianos consideramos un hecho comprobado e indiscutible, Mackenzie lo convierte en una patraña del Komintern, la Internacional comunista guiada desde Moscú. En su parecer, el representante a la Cámara Jorge Eliécer Gaitán, antes que denunciar la masacre en el Congreso colombiano, se habría dedicado a evitar que las autoridades del democrático gobierno de Miguel Abadía Méndez realizaran una completa investigación.

Mackenzie es considerado más que una biblia por rabiosos dirigentes del Centro Democrático, como Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal. No es de extrañar, pues este periodista dedica sus columnas de prensa a defender causas extravagantes. Escribe por ejemplo contra Defendamos la Paz, calificándolo simplemente como Defendamos las Farc, contra la JEP por investigar al general Mario Montoya, o contra Claudia López por su actitud ante el paro y las marchas.

Si Machover o Mackenzie fueran tan solo unos pensadores que exponen y defienden sus propias ideas, equivocadas o no, uno no tendría más que hacer sino respetarlos. Cada quien tiene derecho a pensar lo que le parezca. Pero es claro que sirven a sectores muy poderosos, interesados en pervertir los relatos y la memoria de los pueblos. Su anticomunismo enfermizo apunta a la defensa del orden establecido, con toda su carga de intolerancia, violencia e injusticia.

El asunto viene a cuento porque en estos días se realizó la comparecencia del antiguo Secretariado Nacional de las Farc ante la Comisión de la Verdad. Este, que representaba la máxima instancia de dirección de la extinta organización guerrillera, había presentado semanas atrás, ante el organismo surgido de los Acuerdos de Paz de La Habana, siete ponencias escritas, con su versión del conflicto social y armado. Como quien dice, la verdad de las Farc.

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Primera vez  las Farc pueden exponer ante una instancia estatal, sin intermediarios, su versión del conflicto, explicar su alzamiento, hablar de sus errores, éxitos, fracasos

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Ahora se trataba de una conversación directa entre la Comisión y los comparecientes. Los primeros con la libertad para preguntar lo que quisieran, los segundos con la única posibilidad de responder, sin evasiones ni argucias. Primera vez en la historia que las Farc, ahora partido político, podían exponer ante una instancia estatal su versión del conflicto, explicar su alzamiento, hablar de sus errores, de sus éxitos, de sus fracasos. Sin intermediarios que distorsionaran su dicho.

Habrá más sesiones, con más preguntas, con más respuestas. Y sucesivas entrevistas individuales. Hasta que la Comisión considere que en el rompecabezas de la verdad, ya tiene la pieza que correspondía suministrar a la antigua insurgencia. Se entiende que otras piezas deberán suministrarlas otros actores. Lo importante es que no habrá, como durante seis décadas, una sola versión, la de los poderes establecidos. Esta vez los otros también serán escuchados.

Para muchos las Farc poco tendrán que contar. Sus secuestros, sus crímenes, su narcotráfico, sus abusos. Si no lo hacen, habrán faltado a la verdad. Y si lo hacen, será la ocasión para echárseles encima y destruirlas. El asunto es que las Farc podrán hablar ante una comisión imparcial, sin que nadie las mande a callar o les eche bombas encima. Los mackenzies dirán la Comisión de las Farc, y los machoveres procurarán desmitificar la limpieza de la Comisión.

Será la mejor prueba de que hubo verdad.

 

 

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