Las falacias de lo 'fake'

El auge de los contenidos falsos nos podría estar intentando demostrar que la verdad sobre la que creemos estar cimentados es un falso camino

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
junio 12, 2018
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Las falacias de lo 'fake'

Una luminosa charla de Masha Gessen resumida por The New Yorker, que ausculta a su vez el pensamiento de George Orwell sobre el totalitarismo, revela apelaciones insospechables sobre el emergente mundo de las fake news.

El asunto revela extraordinaria importancia pues nuestra civilización se estaría internando peligrosamente en un mundo donde se develaría que hemos estado mintiendo. Las fake news nos estarían intentando demostrar que la verdad sobre la que creemos estar cimentados es un falso camino.

Ante tal urgencia, iré al grano lo más rápidamente posible con citas:

“Orwell argumenta que el totalitarismo hace que la literatura sea imposible. Por literatura, se refiere a todo tipo de escritos en prosa, desde la ficción imaginativa hasta el periodismo político; él sugiere que el verso podría deslizarse a través de las grietas. Él también escribe que existe algo así como 'grupos de personas que han adoptado una perspectiva totalitaria' —como comunidades de verdad única—, no solo regímenes totalitarios o países enteros. Estos son letales para la literatura también”.

Llamo la atención pues aquellas “comunidades de verdad única” pueden parecerse a nuestras redes sociales donde nos comunicamos y relacionamos solamente con aquellos que piensan como nosotros. Generalmente se admite que si todos fuéramos iguales este mundo sería insoporta-blemente aburridor. ¿Imagina que tu mujer sea igual a la de todos tus vecinos? No se sabe en qué momento pudiéramos haber admitido que todos deberíamos pensar lo mismo. Es increíble la letalidad para la literatura que pudieran ser los tuits. Ni siquiera la poesía podría colarse allí. ¿Una tuiterpoesía?

"La mentira organizada practicada por los Estados totalitarios no es, como a veces se dice, un recurso temporal de la misma naturaleza que el engaño militar. Es algo integral al totalitarismo, algo que continuaría incluso si los campos de concentración y las fuerzas de la policía secreta hubieran dejado de ser necesarias”.

Esto nos atañería en los falsos positivos. La misma expresión falsa positiva es extraña. Los falsos positivos estarían dirigidos a aceptar que no están muertos a quienes todavía se les da por vivos. Aquellas personas que dabas por buenas no lo estaban siendo y los matamos aunque en realidad resultaron siendo buenas personas. “No estaban propiamente recogiendo café”. Los matamos para demostrar que teníamos la verdad cuando creíamos que eran malos, pero en realidad demostramos que mentíamos, mentíamos para matarlos y producir una verdad donde pudiéramos seguir matando a quienes no pensaban como nosotros.

Ahora decimos que la paz es un falso positivo. Decimos que es falsa para seguir matando. Las curules negociadas entregan impunemente un nuevo territorio para instaurar su castrochavismo. Son falso positivas pues nos inhiben seguir matando.

(…) "Lo nuevo en el totalitarismo", escribió, "es que sus doctrinas no solo son indiscutibles sino también inestables. Tienen que ser aceptados bajo pena de condenación, pero, por otro lado, siempre pueden ser alterados en cualquier momento". (…) El poder del régimen no dependía tanto de eliminar a determinados hombres en momentos determinados, sino de la capacidad de eliminar a cualquier hombre en cualquier momento. La supervivencia dependía de la sensibilidad de uno a las historias siempre cambiantes y la capacidad de moldearse con ellas”.

Es indescriptible la capacidad de Orwell para comunicarnos la naturaleza inestable de lo falso totalitarista. Lo falso no guarda compromiso alguno con su propia falsedad. Una falsedad puede ser reemplazada por otra así como una cortina de humo se colude y difunde en otra. O de manera instantánea. Es un universo increíblemente productivo para seguir matando en nombre de verdades universales que nunca he hecho mías. Es increíble semejante eficiencia. Hemos asistido apenas ayer a cómo Trump firma una declaración de 28 puntos, ¡con su aliados” y muy poco después nos dice que nada ha pactado. Trump tiene un pensamiento Twitter. Esa inestabilidad es totalitaria. Ah! Y quien ose contra él, recibirá su furibunda vindicta. Trump no se defiende, ataca. ¡Es inestable!

Aquellos que piensan que la verdad los hará libres en realidad estarían atados. Ese camino es falso, nos lleva a la destrucción de lo que hemos sido, no por creer en verdades si no por validar algo que ahora se demuestra como falso. El mundo entero es un falso positivo gigantesco. Lástima que la Cosmología todavía no haya probado cosa igual del Universo. Pero, ya se acerca, ya casi coexistimos con Universos paralelos.

Los rotundos desplazamientos despampanantes del pensamiento fake aluden a que podrían denominarse mejor como “objetos voladores no identificados” (OVNI). Los fake hacen extraordinarios malabares y desplantes, supuestamente a la vista de todos; son avistados permanentemente por aviones caza pero nadie podría identificarlos en una única posición cuando ya se han esfumado. Su entereza de carácter es tal que enfrentan las situaciones y dan la cara cuando ya han mudado de piel. Quien está delante de ti ya es otro y te va a mentir nuevamente.

Entonces se puede inventar un candidato que sea joven pero parezca viejo, que sea experimentado aunque nunca haya engarzado siquiera una bendita aguja, que tenga voz pero no sea la suya si no la del ventrílocuo de cabecera.

Pero hay más. En el mundo de la sexualidad gay ya nadie es marica. El marica es fake. En realidad se trata de un impostado no heterosexual. Esta capacidad de maniobra no es fake, es verdad. Nada más científico e inestable. Recuerdo que un gay regresó a la Costa diciendo que se encontraba feliz en París pues aquí le decían Juan el marica y allá le acariciaban como Jean, l'existentialist. Nótese el sutil diseño de bisagra. Para el insulto puedes anticipar: te doy en la cara, marica. Pero esto sería un simple impulso existencialista. No una amenaza.

Entonces el mundo de lo fake es extremadamente peligroso. Es peligroso porque es inestable. Lo fake tiene plena conciencia de su inestabilidad y te lo venden como la más estable que puedas obtener. Cuando un fake te diga que te lleva a un mundo de seguridad democrática deduce inmediatamente que te conduce a la inseguridad permanente: un cúmulo de crispaciones donde nunca estarías seguro. Quítale automáticamente lo de seguridad y más rápidamente lo de democrática.

Ni siquiera en la literatura, y así volvemos a Orwell. Cito bien largo lo que le perfila Gessen:

Orwell sugiere una forma más en la que el totalitarismo mata la escritura. "La prosa seria", escribe, "tiene que componerse en soledad". El totalitarismo, como escribió la famosa Hanna Arendt, elimina el espacio entre los humanos, convirtiéndolos en un solo hombre de proporciones gigantescas. Por separado, ella habló sobre la peculiar ilusión de calidez y cercanía que engendra el totalitarismo. Las sociedades totalitarias movilizan a todos. Los partidarios del régimen se pueden reunir en la gran plaza, cantando su apoyo al líder, pero los oponentes se unen en pequeños grupos que siempre están bajo asedio, siempre en lucha por aferrarse a un parche de verdad cognoscible. Este es un esfuerzo honorable, pero está tan lejos de ser un ejercicio imaginativo como cualquier cosa puede ser. Nadie puede imaginar el futuro —o, para el caso, el presente o el pasado— con sus dientes apretados y sus mentes en singular foco. Esto me lleva a la línea más conocida de este ensayo de Orwell: "la imaginación, como ciertos animales salvajes, no se reproducirá en cautiverio".

La conclusión es obvia. Si tú tienes imaginación eres un peligro para quien cree que solo él puede imaginar. Es más, puedo dirigir imaginarios en consejos comunales cada quince días para demostrártelo en vivo y en directo cuando me reúno con los míos.

Concluimos esta larga perorata con otra cita larga:

"Es notable que Orwell termine el ensayo con una nota de cierta incertidumbre. Su lamento por la posible pérdida probable de la imaginación es en sí mismo un ejercicio de la imaginación. Eso es lo que hace que este ensayo sea tanto una obra de literatura como un trabajo político. Vivimos en un momento en que la mentira intencional, sistemática, desestabilizadora mentirosa-totalitaria en aras de mentir, mentir como una forma de afirmar o capturar el poder político-se ha vuelto el factor dominante en la vida pública en Rusia, los Estados Unidos, Gran Bretaña y muchos otros países en el mundo. Cuando nos relacionamos con las mentiras, y comprometernos con estas mentiras es inevitable e incluso necesario, perdemos la imaginación. Pero la imaginación es donde vive la democracia. Imaginamos el presente y el pasado, y luego imaginamos el futuro".

Entonces el voto por la verdad se impone. Creemos que la paz es posible.

La paz es la no guerra de la misma manera que los maricas son no heterosexuales. Lo fake obliga a una vuelta de tuerca.

Nota: las citas son obtenidas del inglés a través del traductor de Google.

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