Las embarradas de Ernesto Macías como presidente del Senado

Se estrenó en contravía con un discurso inoportuno en la posesión de Duque y terminó precipitando el trámite de la Ley de Financiamiento que tumbó la Corte Constitucional

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octubre 17, 2019
Las embarradas de Ernesto Macías como presidente del Senado

En la tarde del 7 de agosto de 2018 bajaba de los cerros orientales de Bogotá una brisa helada y furiosa que se llevó una cámara y una carpa. En la tarima principal, frente al Congreso de la República, Ernesto Macías hacía el discurso oficial, una copia, casi letra por letra, del agresivo aviso publicado ese mismo día en el diario El Tiempo por el Centro Democrático. El entonces presidente del Senado aseguraba que el acuerdo de paz con las Farc se había hecho a costa de “masacrar” las instituciones, negó que en Colombia existiera un conflicto interno y se dedicó a alabar sin restricciones al líder del Centro Democrático con frases como esta: “Permítanme en este solemne acto rendirle el más sentido homenaje al expresidente Uribe por su grandeza. Es oportuno hacerle un reconocimiento por haber salvado a Colombia de la inviabilidad”. El viento arreciaba con fuerza y senadores como Roy Barreras se levantaban de sus asientos para abandonar la ceremonia. Mientras Macías continuaba con su discurso, congresistas como Ángela María Robledo y Paloma Valencia se enfrascaban en una discusión a gritos. Las redes sociales explotaron en indignación con las palabras de Macías, pero esas mismas palabras eran celebradas por Uribe y la plana mayor del Centro Democrático, que vociferó el nombre del expresidente en la Plaza de Bolívar. Iván Duque, en contraste, llegó con un discurso conciliador, con promesas de cambio y estabilidad social, pero en la memoria solo quedó la furiosa intervención de Macías. Sin embargo, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez le demostró su inconformidad en este regaño que quedó registrado en las cámaras de televisión:

Este sería el principio de un año nefasto para Macías, un año en donde sus detractores políticos aprovecharon para desempolvar lamentables y confusos episodios como el de su título profesional como periodista y hasta el de su título de bachiller, que sus rivales políticos llevaron a la Corte Suprema de Justicia este caso por supuestamente haberlo falsificado. El propio Macías, que llegó a la Presidencia del Senado tras la declinación del propio Uribe y con el respaldo del presidente Duque después de haber sido uno de los primeros dentro del partido de gobierno en apostarle a su candidatura presidencial, reconoció que descuidó sus estudios por meterse en política, haciendo sus primeros pinitos como alcalde del municipio de Garzón, Huila, lugar donde nació. “Paré mis estudios muy joven y posteriormente el tiempo va pasando y acudí al Icfes (para validar su bachillerato)”, explicó. Uno de sus detractores, el entonces presidente de la Cámara, Alejandro Carlos Chacón, aprovechó el episodio para hacer este chiste:

Bajo el mando de Macías la agenda legislativa en el Senado se vio estancada. Incluso la impulsada por el propio gobierno no tuvo mucho futuro. Por ejemplo, las objeciones a la JEP se demoraron no solo por el álgido debate, sino porque el propio Macías las engavetó durante varios días, hasta que sus colegas lo denunciaron públicamente y se vio obligado a desempolvarlas para ser discutidas. No conforme con eso y ante la obviedad de la situación, aseguró que no se habían hundido en el Senado porque no había mayoría absoluta en la votación, que debía ser de 47. La Corte Constitucional tuvo que intervenir para explicarle que sí, que eran 47 los votos que se necesitaban para hundir las objeciones, frente a los 34 que consiguió el gobierno.

En los primeros tres meses el gobierno Duque no había podido sacar adelante ninguna de sus grandes reformas, a pesar de tener cierta comodidad y respaldo en el Congreso, que les dejó de funcionar sin mermelada. Entrado noviembre, Macías le pidió a Duque que no descartara una Constituyente porque no era “posible tramitar vía Congreso verdaderas reformas a la Justicia, ni política, ni ajustar los acuerdos de La Habana […]”. Duque tuvo que pincharle el globo a Macías desde París porque la opinión pública puso los ojos encima mientras él estaba en una gira europea.

Su falta de conocimiento sobre las reglas del Senado lo llevó a cometer errores de primíparo. En un acto por darle juego al gobierno de Duque y a su partido político, intentó abrirle un espacio al Centro Democrático para que saliera en defensa del ministro Carrasquilla cuando el senador Robledo lo citó a un debate de control político por los cuestionado Bonos Agua que dejaron endeudados a cientos de municipios del país. Lo que no sabía Macías era que, al ser el Polo Democrático el único citante, eran ellos los que debían dar sus argumentos contra el ministro, que luego se defendió y tuvo el respaldo del Senado, como quedó claro en la votación a su favor.

Macías no solo debía ser un senador activo, era el encargado de dirigir el capitolio y repartir la pelota para que todos tuvieran participación por igual. Con carácter autoritario, en octubre de 2018, en medio de las marchas estudiantiles que obligaron al gobierno a negociar con las organizaciones, intentó callar a la líder Jennifer Pedraza cortándole el tiempo de su intervención y reduciéndola a una simple “niña”.

Foto: Senado de Colombia

El 20 de julio de 2019 un micrófono abierto reveló una conversación del entonces presidente del Congreso, quien durante un año hizo todo lo posible para favorecer a su partido y relegar a la oposición. Sus palabras causaron indignación, pues fue una movida clara para quitarle voz a las bancadas alternativas. “Es que nos toca, por obligación, que ellos hablen después del presidente. Y entonces, si le pido a la comisión que acompañe al presidente y los saco de aquí [a los integrantes de la misma] (…) eso no lo saben. Esa es mi última jugadita de presidente”. El hecho es conocido ya en la historia política nacional como “la jugadita de Macías” y la Procuraduría le tiene abierta una investigación por violar los principios de igualdad, imparcialidad en un intento por sabotear el derecho a réplica de la oposición. Sin embargo, ni el presidente ni la bancada uribista juzgaron a Macías, antes lo respaldaron.

Por esos mismos días su devoción a Uribe le hizo pasar un mal momento. El 24 de julio llegó una denuncia redactada por una veedora ciudadana por haber “atentado contra el Capitolio Nacional de Colombia que fue declarado Monumento Nacional por el decreto 1584 del 11 de agosto de 1985”. Se trataba de la placa que había mandado a colocar, en sus últimos momentos como Presidente del Congreso en honor al líder del Centro Democrático y que rezaba así: “Al doctor Álvaro Uribe Vélez. Colombiano ejemplar que regresó al Senado a continuar trabajando por el país, después de haber ejercido como presidente de la República durante dos períodos”.

Su última embarrada se descubrió minutos después de que la Corte Constitucional echara a pique la Ley de Financiamiento con la que el gobierno Duque pensaba recaudar 7.5 billones de pesos, con los que podría cerrar el presupuesto de 2019 que se eleva a los 258.9 billones, todo un galón de oxígeno a la economía colombiana.

La metida de patas arrancó en diciembre de 2018 cuando Macías aseguró que la norma se había tramitado con rigor ignorando los reclamos de varios políticos como Germán Vargas Lleras que advertían de anomalías: no tenía ni siquiera el debido trámite en el Congreso y fue aprobada en la Cámara de Representantes sin que conocieran las modificaciones que el Senado había hecho la noche anterior. El encargado era precisamente Macías, que debía enviar el texto actualizado al presidente de la Cámara Chacón. Toda una estocada involuntaria al plan que tiene el presidente Duque para salvar las cuentas del gobierno.

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