Las dudosas cifras del liderazgo caribe de Meisel

Su añoranza “por los departamentos extensos de Bolívar y Magdalena Grande solo coincide con las razones de repartición de tierras de Felipe II”

Por: Edward Torres Ruidiaz
Octubre 09, 2018
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Las dudosas cifras del liderazgo caribe de Meisel

En su documento El liderazgo y el futuro del caribe colombiano Adolfo Meisel Roca anota que la creación de los nuevos departamentos al Caribe “lo debilitó políticamente frente al centro del país y en relación a otras regiones como Antioquia o el Valle del Cauca”.

Según Meisel, en el siglo XIX regiones como Cauca y el Caribe poseían una alta participación en los gobiernos con ministros oriundos de sus tierras, pero en el siglo XX la disminuyeron frente al aumento de Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca. Del 14% que poseía en el siglo XIX, “el Cauca pasó a ocupar una posición modesta, con solo el 4% de los ministros”, (Meisel Roca, 2018).

Atribuye Meisel ese cambio, entre otros, al proceso de creación de nuevos Departamentos adelantados en Cauca (dividido en Chocó, Caldas, Putumayo, Risaralda, Caquetá, Quindío, Amazonas, Valle del Cauca, Vaupés, Nariño, Guaviare, Guainía y Vichada) y el Caribe (Atlántico, Cesar, Guajira, Córdoba y Sucre), calificados por Meisel como “estrategias para debilitar a la periferia”, un plan “sistemático” del centro (¿Bogotá?).

No es claro el análisis de Meisel sobre si la afectación del poder político con los nuevos departamentos fue solo para las ciudades preponderantes de entonces como Popayán en el Cauca y Cartagena y Santa Marta en el Caribe, o para todos sus territorios componentes pues, lo más probable, es que, por ejemplo, muchos de los ministros del antiguo Cauca fuesen originarios de ciudades distintas a Popayán, como Pasto, Cali o Manizales, entre otras, importante dato que no considera Meisel.

Pero aún así, sus mismas cifras contradicen la hipótesis de Meisel pues termina comparando territorios distintos, peras con manzanas. Porque si sumamos los ministros de Cauca y sus territorios segregados, estos en realidad suman el 23% de los ministros en el siglo XX frente al 14% en el siglo XIX. Es decir, el territorio aumentó 57% su participación en lugar de disminuir como erradamente concluye Meisel (ver cuadro 1).

 

Y la tendencia se repite para la mayoría de territorios objeto de departamentalización mencionados por Meisel.

El gran Santander del siglo XIX pasó del 10% de ministros al 11% en el siglo XX con la creación de Norte de Santander. También incrementó su poder político.

Curiosamente, el Caribe, objeto final de las conclusiones de Meisel y uno de los territorios donde más departamentos se crearon, también aumentó su participación del 12% al 13% de los ministros, incluso a pesar de haber disminuido su participación en la población total.

El antiguo territorio del Tolima mantuvo el 5% de ministros en el siglo XIX hasta el siglo XX, con 4% del Tolima más 1% que aportó el nuevo departamento del Huila con 7 ministros, resaltable si consideramos antiguos departamentos que nunca tuvieron un ministro y si suponemos que la redistribución de los poderes locales es loable y no el fenómeno negativo que intenta mostrar Meisel.

En cambio, territorios que no fueron objeto de “departamentalización”, como Boyacá, disminuyeron su “poder político”, bajando su participación del 9% de ministros en el siglo XIX al 7% en el siglo XX, así como Bogotá y Cundinamarca bajaron notablemente su participación en el número de ministros, del 30% al 20%, a pesar de haber aumentado notablemente su participación en la población.

Habría que considerar también la ganancia del poder político de los nuevos departamentos, como es el caso del Valle del Cauca, mostrado por Meisel como un nuevo “poderoso político” del siglo XX, pero ello, curiosamente, fue resultado del proceso de departamentalización del antiguo Departamento de Cauca, cuestionado por Meisel.

Así mismo, si Risaralda no se hubiese creado en 1966 no se estaría contando con dos presidentes de los diez que tuvo la ANDI en el siglo XX, por encima incluso de Caldas, el territorio del cual se segregó. Y 5 de los 34 presidentes del siglo XX son originarios de los nuevos departamentos. Ambos datos del documento de Meisel.

Las cifras concluyen que el proceso de departamentalización significó un incremento notable del “poder político” de esos territorios y no al contrario, como equivocadamente concluye Meisel. Incluso, algunos Departamentos que no se reordenaron territorialmente (un término más adecuado), vieron disminuir su poder político.

Y, de otro lado, la supuesta disminución del poder político del Caribe y la preponderancia de Bogotá (que disminuyó su poder político) y Antioquia, como resultado del proceso de departamentalización, también quedan sin piso.

Históricamente, las cifras del mismo Meisel muestran que el atraso del Caribe se consolidó en la plenitud del Magdalena y Bolívar grande, muchísimo antes de que se crearan los nuevos departamentos cuyo proceso fue más bien un efecto y no una causa de ese atraso, como erradamente concluye Meisel. Definitivamente habrá que buscar sus causas en los demás factores mencionados por el autor.

La añoranza de Meisel por los departamentos extensos de Bolívar y Magdalena Grande solo coincide con las razones de repartición de tierras de Felipe II en 1536 pero contradice las recomendaciones científicas de Massiris, Fals y otros, que plantean un reordenamiento territorial que considere la funcionalidad, las relaciones socioeconómicas, la morfometría (forma) y propincuidad (distancia) de las entidades territoriales como determinante de sus costos de administración y de eficiencia, contradice el ordenamiento de los países más avanzados con entidades subregionales (departamentos) seis veces más pequeñas en promedio que las de Colombia más parecidas a las de Bolivia y Angola y, finalmente, la propuesta de Meisel contradice el carácter dinámico de los territorios que indica que estos deben adaptarse a los cambios de los factores que lo integran.

Contrario al perjuicio advertido por Meisel, la creación de un nuevo departamento en el Caribe, como es la propuesta en la Depresión Momposina, aumentaría en 3% las transferencias nacionales para el Caribe (algo que nunca se lograría por otro medio), en 12,7% para todo el territorio hoy de Magdalena y Bolívar y 119% para los 19 municipios del nuevo departamento, todo como efecto de la corrección de la alta desviación del NBI en la actual fórmula de distribución de transferencias. Solo por esos argumentos, esta propuesta amerita la atención y la altura que no se le ha dado de parte de los congresistas y de la Academia Caribe, llamándola como debe ser: una propuesta de ajuste de la fórmula de asignación de recursos y competencias, el deber ser del ordenamiento territorial.

Preocupa que argumentos de oposición a la creación de nuevos departamentos, de cuestionables conclusiones como las de Meisel, que gozan de la difusión amplia de los medios e instituciones, sean los usados para la toma de decisiones institucionales y políticas. Información errada, decisión errada. La Casa Grande Caribe debe serlo más allá de lo litoral

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