Opinión

Las cuentas no hechas a las elecciones

Las brasas que quedaron de la chimenea de las elecciones están alimentadas por tres expresidentes, dos vicepresidentes y tres padres de la patria

Por:
octubre 28, 2015
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La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir.
Jacques Benigne Bossuet
(Clérigo católico francés y escritor)

 

Cuando hay elecciones, los analistas hablan del mapa político que queda, cuáles fueron las sorpresas, qué encuestadora va a perder clientes por cuenta de sus malos pronósticos, cuáles ganadores están apoyados por narcos, o por parapolíticos, o por grandes maquinarias… etc., etc., etc. Sin embargo, hay tres hechos que vale la pena destacar a nivel nacional y sobre los que —creo—, nadie se ha referido.

Primer hecho:Mientras muchos se centran en que el gran perdedor es Álvaro Uribe, no han visto a otros dos expresidentes que quedaron igual de chamuscados, por lo menos en Bogotá. Aquí fueron derrotados tres exmandatarios que salieron con sus candidatos, dieron discursos veintejulieros, se “rascaron” las vestiduras, y pujaron hasta el final sin éxito: Samper, que estaba apoyando a Clara López; César Gaviria, que acompañó a Rafael Pardo; y Álvaro Uribe, que le dio soporte a Francisco Santos. Se pusieron la camiseta y perdieron.

De este punto lo que se rescata, con semejantes tizones políticos, es que en Bogotá los votos no son endosables. A los capitalinos no nos impresionan los exmandatarios, porque nos centramos en el candidato y en las soluciones que nos ofrecen. O hagamos un repaso y miremos qué es lo que tenemos los bogotanos para agradecerles a esos tres expresidentes. A ver: ¿Qué hizo Ernesto Samper por Bogotá? Nada. ¿Qué hizo César Gaviria por Bogotá? Nada. ¿Qué hizo Álvaro Uribe por Bogotá? Nada; ninguno hizo nada. Entonces qué esperaban.

A propósito de las elecciones en Bogotá, y hago un paréntesis en lo nacional, supe que las campañas de Clara, Pardo y Peñalosa contrataron encuestas diarias las últimas dos semanas de campaña. Clara comenzó a darse cuenta de que sus aspiraciones se estaban esfumado; Pardo estaba feliz porque la tendencia mostraba que era el único que podía subir, y Peñalosa se estaba preocupando porque ya había tocado techo. Sin embargo, se acompañó esos últimos días de dos fórmulas ganadoras, no expresidenciales: Mockus para cultura ciudadana y Jaime Castro en las finanzas, que al final aportaron en la decisión de los votos de opinión.

Segundo hecho: Dos ex vicepresidentes aspiraron a alcaldías y todavía hoy están echando humo: Angelino Garzón y Francisco Santos. El primero, arrancó arrollando y terminó arrollado; el segundo, que estaba muy bien preparado y no es ningún tonto como lo han hecho ver, tuvo una votación muy baja.

Tercer hecho: La quema también toca a nuestros padres de la patria. Por lo menos tres candidatos, familiares de senadores de la República, igual perdieron las elecciones; puede haber más. El presidente del Senado, Luis Fernando Velasco, tenía a su hermana candidata a la Alcaldía de Popayán… Perdió; Hernán Andrade, tenía a su hermana de candidata a la Gobernación del Huila… Perdió; Maritza Martínez, del Meta, tenía a su marido de candidato a la Gobernación de ese departamento… También perdió. La excepción es Alex Char quien quedó alcalde de Barranquilla, pero no ganó por su hermano senador, sino por sus propios méritos. Es lo que se traduce como el poder político y económico. De hecho muchos dicen que a la arenosa ahora se le conoce como Ciudad Char.

En resumen, las brasas que quedaron de la chimenea de las elecciones están alimentadas por tres expresidentes, dos vicepresidentes y tres padres de la patria.

Con todo lo que ya se ha dicho, más estos datos que estuvimos revisando con mi sensei en política, Jaime Castro, hay que entrar a hablar de la izquierda que,con tres períodos sucesivos en la Alcaldía de Bogotá, tuvo la gran oportunidad de volverse alternativa política nacional si hubiera transformado la ciudad, y no lo hizo. No solamente fracasó, sino que perdieron esa opción.

Hay que darse cuenta de que la izquierda ha venido rebajando su presencia electoral. Cuando eligió a Luis Eduardo Garzón y a Samuel Moreno, tuvo el 45 % de votos. Petro apenas obtuvo el 32 %; perdió 15 puntos que representan la consecuencia del carrusel de la contratación, aunque él fuera el denunciante. Ahora, se cae al 20 % y le toca a Clara López porque es la suma del Carrusel con el desgobierno de Petro, no el matoneo de los medios y la guerra de género que le sonó muy mal y poco correspondiente con la inteligencia que la ha caracterizado. Esa es la humareda de volcán que saledel fracaso de la izquierdaque —como nos toca a los bogotanos—, debe volver a comenzar el camino para recuperarse.

Ahora, no podemos dejar de lado a los candidatos nuevos o los  independientes que ganaron y que adornan el panorama político nacional. Me refiero a Cali, Pereira, Armenia, Bucaramanga, Medellín, Neiva, entre otros, que ayudaron a crecer la votación hasta veinte millones, cuando se esperaban entre quince y dieciséis. Solo en Bogotá pasó de 2,1 millones a 2,8; no era para menos.

Jaime Castro dice que “Hay un fenómeno con resultados importantes en voto de opinión, y una explosión de candidatos outsiderque se inscribieron con firmas”, como el mismo Peñalosa (Cambio Radical aterrizó el día de la inscripción y Martha Lucía Ramírez después); Álvaro Uribe le llegó a Armitage a Cali y compartiendo al candidato con La U. Mejor dicho, “a la gente le importaba poco el popurrí político y sí mucho el candidato”, dice Castro.

Esto lo que nos está demostrando es que contrario a lo que muchos puristas aseguran, la democracia se puede construir sin partidos pero sí con propuestas. Los partidos están terminados, agotados, pero su fuerza está en el monopolio que ejercen sobre los avales. Son fábricas de avales, por lo que los aspirantes tienen que hacerles cola porque de lo contrario tienen que recoger firmas y presentar una caución económica costosa. Si no fuera así, los partidos reducirían mucho el número de sus elegidos. Se conservan fuertes porque hay un régimen de partidocracia y tienen financiación del Estado, más el poder de otorgar  avales.

De los independientes que ganaron, depende el crecimiento político nacional de este sector que poco a poco ha ido ganando adeptos, y que tiene en sus manos el cambio de una clase política que nos tiene cansados por corrupta, inepta y devoradora.

¡Hasta el próximo miércoles!

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