Las arepas: una alternativa de progreso para las mujeres desplazadas

Gracias a este negocio, Maria Teresa Trejos sustenta a cuatro miembros de su familia en La Dorada, Caldas

Por: Sandra Camargo
enero 06, 2016
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Las arepas: una alternativa de progreso para las mujeres desplazadas
Foto: catanochucho.blogspot.com

María Teresa Trejos, de 52 años, oriunda de Anserma, Caldas,  tuvo que trabajar desde muy pequeña para aportar con el sustento de su familia e hizo el papel de madre a sus ocho hermanos por muchos años. Sacrificó su niñez y su juventud, tanto como dice ella que no tuvo amigos, ni novios y  tardó en casarse. A sus 29 años conoció  el que hoy es su esposo y con el que se radicó en Florencia Caldas, donde compraron una finca y sembraron café. Sin embargo, por la violencia que se vivía en el territorio salieron desplazados de Florencia (Samaná) hacía La Dorada (Caldas) hace 14 años.

Teresa, madre de dos hijos, uno de 18 años y otro de 22, desde que llegó a Dorada cuando abandonó su tierra, (que ya da por perdida)  se ha enfrentado a muchos problemas por falta de oportunidades y por no tener estudios; se dedicó a trabajar como empleada en casas de familias, restaurantes y realizar oficios varios; su esposo tuvo la oportunidad de trabajar por un largo tiempo como celador de una escuela y después laboró como reciclador.

Su cónyuge tuvo un accidente que le afectó la columna, por lo que no pudo seguir trabajando, además fue diagnosticado con diabetes, lo que empeoró su situación económica. Ella debió doblar su trabajo para el sustento de su familia. Y como si fuera poco, Teresa se ha hecho cargo de una de sus hermanas menores que tiene problemas psiquiátricos (depresión) por lo que tiene que ser tratada de por vida, en los momentos en que está estable le ha colaborado mucho en las labores del hogar.

Viendo su situación, Teresa hace 5 años decidió montar un puesto de ventas arepas al carbón. Aprendió bien el oficio y desde entonces vive de esta actividad. Como ella lo manifiesta, ha sido una labor muy dura, de muchos sacrificios, que en varios momentos pensó en abandonar.

Teresa trabaja en un barrio vecino a su lugar de residencia. Todos los días se levanta a las 3:00 de la mañana a moler y organizar todo lo que necesita para instalar su puesto de trabajo. En un triciclo transporta todo y a las 5:30 de la mañana ya está atendiendo su clientela, hasta las 9:00 a.m. Si le sale la competencia,  las ventas no son tan buenas;  si le va bien, no sale en la tarde, pero en el caso contrario, debe hacerlo, para conseguir el dinero para la comida.

Ella se considera muy organizada, no le gustan las deudas y como afirma, “no me gusta deberle a nadie. Lo que hago en el día lo reparto, una parte para volver a comprar materia prima, para los servicios públicos y para la comida y así transcurre mi vida día a día. Cuando no estoy en el trabajo, estoy con mi esposo o con mi hermana en citas médicas aquí o en Manizales, comprando o reclamando los medicamentos para ellos”.

En Junio del 2012 doña Teresa aceptó la invitación hecha por varias instituciones para celebrar el Día de la Mujer y fue ahí que nació la idea inicial del proyecto “Mujeres Molinos de vida” y que desde entonces hace parte.

La señora Teresa cuenta que estar en este proyecto le cambió mucho la vida, porque conoció nuevas personas por las que hoy siente un gran afecto, considera que por estar toda su vida  cuidando a otros, ella paso a un segundo plano, se olvidó de vivir su vida.

El espacio semanal de los miércoles a las dos de la tarde,   en el que se realizan talleres para mejorar las dinámicas familiares, hábitos para la vida, procesos productivos e integraciones y que se lleva a cabo en la sede de la Fundación Apoyar durante dos horas,  lo siente como un espacio para ella, para compartir con los demás, para alejarse de la rutina, para aprender. Cada semana espera con ansias ese día, después de tantos años, siente que tiene amigos, que le importa a otras personas y entre lágrimas dice:  “ustedes no se imaginan lo que significa venir aquí, el día que no venga es porque de verdad no puedo, no porque no quiera”.

“Yo sueño con que el grupo de mujeres de Molinos de Vida avance que alcancemos las metas que nos hemos propuesto: mejorar los ingresos de las mujeres y reconocimiento en el municipio). La Fundación Apoyar y otras instituciones como el Programa Desarrollo para la Paz y la  Central Hidroeléctrica de Caldas nos han ayudado mucho. Por ejemplo,  yo antes molía de manera manual.  El molino que recibimos me ha ayudado bastante. He utilizado el fondo rotatorio del maíz, porque uno  ahorra mucho. Hace poco nos entregaron un asador que no trabaja con carbón y es muy bueno, porque uno no se enferma tanto por el humo, aún no lo he podido utilizar porque debo conseguir la pipa de gas y una carpa porque el viento no deja prenderlo bien, en fin son muchas cosas que nos han ayudado, yo tengo mucho que agradecer y quiero que esto no se acabe aquí”.

 

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