La violencia femenina hace noticia

"No es fácil ver a quien ha sido víctima de la exclusión, del rechazo, de la represión, del abuso y de la continua burla caer en las mismas acciones de su opresor"

Por: EVA MARÍA RODRÍGUEZ DÍAZ
marzo 12, 2021
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La violencia femenina hace noticia

Un grupo de mujeres exhibiendo torsos desnudos corrieron con palos en mano rompiendo vidrios de locales comerciales, estaciones de TransMilenio y de buses del SITP en Bogotá; son las notas que ocupan titulares, con un sinfín de extensiones retóricas acusando a las feministas quienes, sin portar uniformes blindados, chalecos antibalas y escudos, tomaron en sus manos palos para romper docenas de cristales.

No es fácil ver a las mujeres ejerciendo este tipo de violencia, me chocó mucho, demasiado. Me angustió, fue el primer comentario que hice a la amiga que me envió los videos. Me angustia la expresión violenta de las mujeres como medio para sacar su rabia, su dolor, su represión; me angustia ver a las mujeres, a mis iguales recurriendo a la estrategia de sus victimarios para expresar su cansancio. Vi rostros cargando ira, gritando un no más; vi cuerpos descubiertos, puestos en evidencia y puestos en riesgo también. Cuerpos desnudos conmemorando a los muchos que han sido abusados, golpeados, ultrajados. Una violencia salida a gritos, con angustia y anhelos de “ya no más, basta, nos cansamos”. Ver la violencia de mano de las mujeres no es fácil. Porque lo fácil es lo que se volvió normal, ver a las mujeres violentadas, agredidas, abofeteadas, heridas, fracturadas, empaladas, abusadas sexualmente, reprimidas… cada minuto del día en el país.

No es fácil ver a quien ha sido víctima de la exclusión, del rechazo, de la represión, del abuso y de la continua burla caer en las mismas acciones de su opresor. Angustia ver la angustia que las lleva a usar la misma estrategia para que sean vistas, tenidas en cuenta, tomadas en serio. El grito violento que sin palabras dice acá estamos y también somos fuertes, desnudas, sin ropa sin protección, nos exponemos al peligro una vez más, ahora por decisión propia, no por obligación, no por amenaza.

El 8 de marzo ha sido por décadas una fecha de marchas silenciosas, al mejor estilo de las mujeres; de marchas con flores, como nos gusta a las mujeres; de marchas poéticas, con letras románticas de y para mujeres; con cantos de vida y amor, así como somos las mujeres. Este 8 de marzo hubo violencia, porque un grupo de mujeres se manifestaron usando las maneras de su opresor. No hubo muertos ni heridos. Hubo muchos cristales rotos, la puerta de una iglesia con marcas de humo, otras estaciones de TransMilenio estropeadas (que ojalá no sean cobradas al triple del valor real). También hubo marcha de mujeres con flores, también hubo cantos y silencio, se recitaron poemas y se leyeron cartas de hermandad. Eso no ha sido tan mencionado. Tampoco se han dado a conocer los casos de violencia del día: cuántas mujeres maltratadas físicamente, cuántas continúan bajo la presión de la violencia psicológica, bajo el acoso sexual, abusadas sexualmente, cuántas asesinadas, cuántas trabajando por menor salario, cuántas trabajando para pagar las cuotas de la casa o de la finca sin título de propiedad ... Porque la violencia contra la mujer no para, ni siquiera el día que decidimos recurrir a la violencia como alternativa.

Yo vi más que cuerpos desnudos expuestos al peligro, vi manos empuñando con fuerza palos y piedras, vi rostros expresando ira, escuché gritos de angustia, vi correr la desesperanza en los pies de unas cuantas mujeres cansadas por lo que les ha pasado a ellas mismas y por lo que les ha pasado a las demás.

Las manifestaciones, las marchas, las protestas públicas tienen que seguir para conmemoran las luchas de las mujeres y, tienen que seguir siendo masivas y creativas. Cada vez “más masivas y más creativas”, más impactantes. Las mujeres somos más y hemos hablado durante años y denunciado la historia violenta que los hombres han escrito con fuerza absurda y sangre por siglos. Hemos sido víctimas de todas las formas de violencia posibles, aunque se nos niegue el derecho de ser valientes, aguerridas, bravas y de estar enfurecidas.

A quienes se están rasgando las vestiduras, por lo vivido ayer, por decisión de unas mujeres que no agredieron a ninguna persona, les invito a recordar la historia de nuestra nación, de la colonización y de la liberación; la violencia de la iglesia imponiendo su fe; la violencia del gobierno cada día; la violencia de los violadores de niños, niñas, mujeres y ancianas; la violencia de los paramilitares jugando fútbol con la cabeza de sus víctimas; la violencia del esposo que reprime a su esposa de sus libertades mínimas y del Esmad que con tanquetas y trajes blindados arremete contra la ciudadanía o, de la policía ejerciendo fuerza todos los días contra alguna persona en el país. Y recuerden, por favor que las mujeres somos las mayores víctimas de violencia en el país y en el mundo y, que como víctimas no hemos sido protegidas; y que Colombia goza de un alto índice de impunidad y que el más alto está en la violencia contra la mujer.

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