La vida de los campesinos, que empresarios y políticos quieren arrasar con las Zidres

En la altillanura sobreviven prácticas ancestrales como el majadeo, pero empiezan a llegar extraños que sin haber puesto un pie en el Meta ya son dueños de tierras

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agosto 17, 2016
La vida de los campesinos, que empresarios y políticos quieren arrasar con las Zidres

En la Altillanura y en la Orinoquia colombiana habitan más campesinos e indígenas de los que los promotores de las Zidres quieren reconocer. En estos suelos, pobres e infértiles, ácidos y de difícil acceso, hay productores de cacao, café y frutales en Arauca, productores de marañón en Puerto Carreño (Vichada), ganaderos en toda la región, cultivadores de maíz, yuca, plátano, patilla y piña, y en Casanare y Guaviare cultivadores de arroz, algunos con cultivos diversificados entre los que se mezcla la hoja de coca. En La Primavera y Santa Rosalía (Vichada), existe una asociación con más de 300 vegueros del río Meta: campesinos “anfibios” sin títulos de propiedad que usan las vegas del río para producir toneladas de alimentos (maíz tradicional, plátano y yuca) con destino al autoconsumo y mercados locales a muy altos costos.

Así lo confirman los más de 400 líderes y lideresas que se capacitan en la Escuela Itinerante de Política Agraria, una iniciativa apoyada por  Oxfam Colombia y la Corporación para la Protección y Desarrollo de Territorios Rurales (Prodeter), muchos de los cuales pertenecen a juntas de acción comunal, cabildos y los resguardos indígenas Piapoco y Sikuani, a la Zona de Reserva Campesina más grande del país -Calamar (Guaviare)-, y a organizaciones de productores y ganaderos y organizaciones sociales, de segundo y tercer nivel de la zona.

Los nuevos vecinos y los nuevos llaneros

A estas tierras inhóspitas, de difícil acceso y altos costos de producción, han llegado nuevos vecinos. Desde Arauca hasta el Guaviare se reseñan cientos de historias de políticos regionales y nacionales, empresarios locales y extranjeros. Basta visitar veredas al margen del río Meta, entre Puerto Carreño y Puerto Gaitán, para evidenciar la existencia de los predios con nuevos dueños que sin haber puesto un pie en esa región ya tienen títulos, algunos con diferentes modalidades de testaferrato: familiares, amigos, empleados; tierras tituladas a terceros.

Allí se encuentra el gran predio de Habib Merheg por ejemplo; más de 40 mil hectáreas adjudicadas irregularmente.[1]  Pero también están los predios de Indupalma, Riopaila, Cargill (Colombia Agro), y los macondianos molinos y silos de Sugranel y Navitel, estas últimas empresas del grupo Santo Domingo. También están los predios de empresas forestales nacionales y extranjeras a quienes hoy se les ofrece ser parte de áreas protegidas de la nación.

Para ellos fue diseñada esta ley express, en cuyo lanzamiento el presidente Santos invitó al señor Grobo, el “Rey de la soja” en Argentina, a Orocué (Casanare), uno de los municipios que están al margen del mismo río. Los campesinos cuentan que éste ha sido el último de los invitados: el grupo Santo Domingo hacía giras de campo con inversionistas extranjeros: canadienses, estadounidenses, chinos, israelís y malayos, entre otros, convocándolos a invertir en las tierras donde se adelantan los “ensayos” de cultivos de maíz industrial, palma, soja, sorgo y caña, entre otros cultivos, que se destacan por no estar en la dieta cotidiana de los colombianos.

Laboratorios de más de 40 mil hectáreas de las que explotan no más de 5 mil y en los que se tienen ingenieros residentes y asesores del cerrado brasilero[2] quienes pusieron a punto maquinaria, de última generación, tractores y combinadas cosechadoras que se manejan satelitalmente. El mismo proyecto contempla la existencia de Navitel, la empresa naviera del río Meta que en su primer diseño tuvo un planchón sobredimensionado para uno de los ríos más caudalosos de la Cuenca del Orinoco, cuyo negocio era tan bueno que ya está claro que no necesitaban hacer las carreteras que estaban prometiendo. Los mismos campesinos cuentan que este proyecto fracasó por la “inseguridad jurídica para los inversionistas”, que, de acuerdo con las historias locales, el senador Robledo generó por la denuncia de la acumulación ilegal de baldíos de la nación.

Los peces grandes

Al foro sobre ZIDRES que organizó en junio la Universidad de los Andes en la Primavera, Vichada, asistió el exministro de agricultura Rubén Darío Lizarralde, a quien el cinismo o la osadía no le faltó para decir, frente a cientos de campesinos impávidos, que él mismo promovió una ley de la que se beneficiará directamente, y que, pese a que no le gustó el texto final porque difiere de lo que a él le convenía, tiene el compromiso con el presidente Santos de constituir la primera Zidres del país. Tan desvergonzado es este episodio que la Contraloría ya determinó que el caso de Lizarralde es un detrimento patrimonial. Los campesinos de Carreño, por ejemplo, cuentan que Indupalma los trata como a siervos de la gleba: les descuenta alimentación, hospedaje y uniformes de los sueldos, el mismo trato que reciben sus socios campesinos del Magdalena Medio, a quienes les tiene como prenda de garantía las tierras de ellos mismos.

Como ya ha ocurrido en otras partes del mundo, este modelo concentrador de tierras es tan avasallador que a campesinos que se han negado a vender sus tierras les terminan cercando sus predios, presionándolos hasta absorberlos. En este caso se tiene como ejemplo una reciente victimización de una familia que no quiso vender su propiedad a un finquero impulsado por un proyecto forestal. No obstante negarle la servidumbre para ingresar a su predio, le enviaron el grupo armado, “un ejército privado” que persiste en esa región, cuyos miembros en marzo de este año asaltaron su casa y desplazaron a esta familia. “Iban por los papeles de la finca y no los encontraron”, contó la mujer víctima.

El majadeo: el pez grande se come al chico, no obstante éste se resiste.

En la Escuela agraria aprendimos que en las fincas a donde no han llegado los títulos que se cansaron de solicitar, ni los ingenieros residentes, ni la maquinaria de última generación; allí campesinos e indígenas deben producir su propia comida como un acto de soberanía, de resistencia y de supervivencia, porque no solo es costoso sacar sus cosechas, obviamente es costoso entrar productos a falta de vías. Así como los vegueros del río Meta de cultura anfibia, se adaptan a la dinámica del río para aprovechar la fertilidad que deja sus aguas, los ganaderos y agricultores campesinos e indígenas han desarrollado una práctica cultural, reflejo de la sabiduría y de la simbiosis ecosistémica (la integración entre la sociedad y la naturaleza), una innovación tecnológica milenaria, un recurso de la memoria biocultural: en suelos ácidos y “pobres” se les enriquece su fertilidad combinando ganadería y agricultura familiar, rotando potreros y mezclando el abono orgánico (el estiércol de los animales), arando sus suelos con esta mejora campesina. “Aquí no se da lo que no se siembra” dicen estos agricultores. Este es el majadeo, una labor genuina de adaptación y resistencia cultural para cultivar alimentos, una práctica agroecológica y un indicador de sustentabilidad ambiental de la agricultura familiar.

Oxfam Colombia y Prodeter quieren destacar éste tipo de prácticas de la agricultura familiar campesina que la falsa premisa de la agricultura industrial oculta y subvalora por una “intuición errada” en palabras del investigador Berry[3]. No estamos en contra de la industria ni del desarrollo empresarial; nos oponemos a prácticas que vulneran derechos a mercados y economías injustas y desiguales. No se puede erigir un modelo de desarrollo agrario sobre una falsa premisa del desarrollo agroindustrial que produce insumos para máquinas y concentrados para animales y, menos, vulnerando derechos territoriales de campesinos e indígenas”. Oxfam Colombia ha documentado este tipo de casos en varias partes del mundo, ya que tras el negocio de la comida y de las tierras, están las víctimas y se invisibiliza la agricultura familiar campesina que alimenta el mundo y enfría el planeta.

Valga mencionar que en 13 casos de proyectos agroindustriales y forestales, la Contraloría determinó el detrimento patrimonial por acumulación indebida de baldíos y entrega a cada empresa de subsidios a razón de 20 mil millones de pesos[4]. ¿Qué pasaría si en Colombia existiera justicia económica, distribución equitativa de los recursos y equidad en el desarrollo?; quizás la paz pueda estar más cerca que el silencio de los fusiles.

* Aida Pesquera OXFAM Colombia - Miguel Mejía Corporación PRODETER.


 

[1] http://www.eltiempo.com/politica/justicia/gobierno-pide-que-ex-senador-habib-merheg-devuelva-tierras/15597879

[2] http://wwf.panda.org/es/nuestro_trabajo/reduccion_de_impactos/el_crecimiento_de_la_soja__impactos_y_soluciones/soja_y_deforestacion/el_cerrado/

[3] http://www.elespectador.com/noticias/nacional/intuiciones-erradas-articulo-447848

[4] http://www.las2orillas.co/informe-completo-de-la-contraloria-sobre-la-adquisicion-irregular-de-terrenos-baldios/

 

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