La vacunación Covid en Brasil: un nuevo pulso entre China y Rusia

Las dos grandes potencias quieren aprovechar el combate a la pandemia para fortalecer su presencia en América Latina

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enero 15, 2021
La vacunación Covid en Brasil: un nuevo pulso entre China y Rusia

Los primeros movimientos en el tablero latinoamericano muestran a Rusia y China ganando posiciones y expandiendo sus zonas de influencia en esta “Miniguerra Fría" desencadenada por la carrera internacional de la vacuna Covid-19.

"Para Rusia y China, todo es geopolítico. Y la ciencia se utiliza como parte de esa estrategia. Estos países todavía tienen una visión persistente de la Guerra Fría. Sin embargo, la disputa no es la misma que la de hace décadas. La disputa ideológica a favor o en contra del comunismo está muy lejos. La 'nueva Guerra Fría' es comercial y por el poder", explica Nelson Castro, médico y analista político argentino, a RFI.

Estos movimientos de Rusia y China en la región han tenido, en los últimos días, un capítulo brasileño: la Sputnik V se producirá en Brasil a partir del próximo viernes 15 de enero. Habría ocho millones de dosis mensuales, inicialmente destinadas a Argentina, Bolivia y, probablemente, México.

Incluso sin suficientes publicaciones científicas rusas sobre ensayos clínicos, Bolivia ya ha aprobado la vacuna Sputnik. Tiene un contrato para recibir 5,2 millones de dosis en marzo. México está interesado en la vacuna rusa. Y Argentina ya ha comenzado, incluso tímidamente, a vacunar con Sputnik mientras espera recibir 20 millones de dosis para marzo.

Por otra parte, Argentina también está negociando otros 15 millones de dosis con la empresa china Sinopharm y mantiene un diálogo con el Instituto Butantan para obtener algunos lotes de la producción de otro chino, Coronavac, que São Paulo promete utilizar.

Rusia y China avanzan a expensas de las vacunas en las que Estados Unidos tiene un interés (Moderna, Pfizer, Johnson & Johnson y Novavax). En la "nueva Guerra Fría", el vacío estadounidense está ocupado por otros laboratorios chinos (Sinovac, CanSino y Sinopharm) y rusos (Gamaleya y Vector).

"Rusia y China están aprovechando, mientras que los Estados Unidos están perdiendo la oportunidad de añadir influencia diplomática, el llamado 'poder blando'. El gobierno de Donald Trump se ha preocupado más por salvarse a sí mismo que por colaborar con sus vecinos latinoamericanos. Con esta estrategia Rusia y China están jugando muy bien y solos en la región", dijo el sociólogo y analista político chileno Patricio Navia, profesor de la Universidad Diego Portales en Chile y de la Universidad de Nueva York en Estados Unidos, a la RFI.

Brasil, Argentina y México apostaron por la producción de la vacuna Oxford con el laboratorio AstraZeneca, pero la vacuna tuvo un tropiezo durante las pruebas, perdiendo posiciones en la carrera.

Por otro lado, las vacunas producidas por los laboratorios estadounidenses fueron objeto de disputa entre los países ricos (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Israel y la Unión Europea), dejando a los pobres en la línea de Rusia y China, evalúa el politólogo ecuatoriano Simón Pachano, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

"Los países ricos se hacen cargo de la producción. Los países pobres necesitan un acceso difícil para ellos. Es entonces cuando las alternativas rusas y chinas aparecen en escena. Incluso los países latinoamericanos que han tenido acceso a la vacuna de Pfizer han recibido cantidades mínimas sin garantía de que puedan recibir lo que dice el contrato", dice Pachano.

Algunos países de la región ya tenían una política exterior cercana a China y Rusia. En este alineamiento político aparecen los países de la izquierda latinoamericana: Venezuela, Nicaragua, Bolivia, México y Argentina. Son los que ya han cerrado o aún deben cerrar acuerdos con los rusos y los chinos.

"Existe el componente ideológico, existe la dificultad económica de acceso a las vacunas y hay una deficiencia en la política de salud pública. Son los tres componentes que dejan el terreno para los acuerdos con Rusia y China", señala Nelson Castro. "En otras palabras, hay ideología, pobreza e improvisación", resume.

Argentina comenzó a vacunar el 29 de diciembre, convirtiéndose en el primer latinoamericano en usar el inmunizador ruso. Recibió 300.000 dosis en Nochebuena. Parece que fue un favor personal del presidente Vladimir Putin, que habría aceptado enviar a Buenos Aires dosis que deberían ser utilizadas en Rusia.

"Un amigo necesitado es un verdadero amigo", dijo el embajador ruso en Argentina, Dmitry Feokstistov, cuando las dosis de Sputnik llegaron a la capital argentina.

El presidente Alberto Fernández ha estado hablando con los países con los que Argentina tiene afinidad para abrir canales de negociación con los rusos. Así es como Bolivia firmó un contrato el 30 de diciembre y México entró en negociaciones.

El presidente venezolano Nicolás Maduro anunció que recibirá 10 millones de dosis del Sputnik y está a la espera de acuerdos con China y Cuba.

Mientras Rusia y China invierten en su juego geopolítico para posicionarse en América Latina, los gobiernos de la región también mueven sus peones. Las vacunas se han utilizado como elementos de propaganda política. Los países de América Latina apostaron todo a estos inmunizantes, vengan de donde vengan, como verdaderas epopeyas de salvación.

Los gobiernos, doblegados y en decadencia, necesitan generar esperanza en una población con agotamiento social y psicológico. Los líderes saben que no hay margen para cerrar la economía con nuevos confinamientos frente a la segunda ola que amenaza con llegar rápidamente.

"La vacuna rusa ha sido utilizada tanto por Vladimir Putin como por Alberto Fernández como elemento de propaganda. La desesperación de Rusia por ser pionera en la vacuna ha significado una falta de procedimientos y tiempo para hacer una vacuna con toda la información científica necesaria. Cuando la política interfiere en la ciencia, nos enfrentamos a un problema", advierte Nelson Castro, quien debe lanzar su séptimo libro, "La salud de los Papas", sobre política y salud.

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