“La Universidad es foro de debate, no campo de combate”

“La Universidad es foro de debate, no campo de combate”

Las maromas para desconocer el nombramiento de José Ismael Peña a las que le hace eco el Gobierno violan la autonomía universitaria y quiebran la institucionalidad

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mayo 15, 2024
“La Universidad es foro de debate, no campo de combate”

Nuestra Alma Mater cumple 157 años como una Universidad de excelencia e investigación, patrimonio de la nación y parte de la historia de Colombia. Resultado de un largo proceso con periodos muy complejos que incluyeron cierres, expulsiones, enfrentamientos con la fuerza pública y agitación estudiantil, que obedecían a la confrontación ideológica entre el establecimiento y sectores contestatarios sobre cuál debía ser el papel de la universidad.

La juventud de los años sesenta del siglo pasado acogió “la Revolución” como utopía: transformación radical de las estructuras para realizar la nueva democracia en la versión China de 1948: En la plaza de Tiananmen Mao declara que se establecerá una revolución socialista guiada por el partido comunista. También fue el ideal de la revolución cubana, con Fidel Castro y los ‘Barbudos de la Sierra’ que por vía armada vencieron en 1959 al dictador Batista e inician un proyecto socialista liderado por el Movimiento 26-Julio.

El modelo vietnamita de Ho Chi Minh hizo célebre el “crear uno, dos, tres, muchos Vietnam” (1945) alentado por una perspectiva de cambio radical. La revolución rusa de Vladimir Lenin de octubre de 1917 referente obligado del proyecto socialista en el mundo. Estos procesos pueden interpretarse como la utopía de la juventud por un cambio radical de la sociedad. Vale la pena recordar también la “vía chilena al socialismo” impulsada por Salvador Allende a partir del triunfo electoral, intentando conciliar socialismo y democracia en el país austral.

Eric Hobsbawn, notable historiador inglés, reconoce a Latinoamérica como el mejor laboratorio para la revolución social: “un continente hecho para desautorizar las verdades convencionales, se preciaba de conocerlo bien y sentirse como en casa (“Viva la Revolución”, 2018). Simpatizaba con las revoluciones y el comunismo, pero criticó a la ultraizquierda y el “sueño suicida” del Che Guevara.    

Estas utopías fueron experiencias valiosas para la juventud del 60-70, sin embargo, no asumirlas críticamente trajo frustraciones, pues la revoluciones no se exportan. Las simpatías por uno u otro modelo originaron el grupismo entre los jóvenes universitarios dividiéndolos en prochinos, prosoviéticos y procubanos, frustrando sus sueños.

Surge luego la utopía de la “reforma radical” que arrastra a la juventud a la posibilidad de cambiar la estructura económica a partir de reformas agrarias, reformas políticas con la participación del campesinado, la mujer, minorías excluidas y conquistas en materia social como el derecho a la huelga, inspirados en la CEPAL. En algunos casos hubo avances (México). En otros, tímidas reformas que chocaron con los intereses dominantes apegados al capitalismo tradicional obstinado en mantener privilegios. Nueva frustración: ¡Ni reforma ni Revolución!

En un tercer momento de la utopía, el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales en Latinoamérica han ampliado su alcance, involucrándose en diversas actividades ilícitas como el narcotráfico, la trata de personas, tráfico de armas, la extorsión, los secuestros, el crimen cibernético y el lavado de dinero. Estos grupos han evolucionado de simples empresas criminales a redes delictivas globales conectadas con sectores públicos y privados en toda la región. Ambicionando un enriquecimiento rápido, algunos capos como Pablo Escobar, Rodríguez Orjuela y carteles mexicanos como el de Chapo Guzmán, han acumulado inmensas fortunas y han llegado a influir en el poder político al financiar a parlamentarios y candidatos presidenciales, corrompiendo a jóvenes urbanos y rurales.

Un cuarto momento coincide con la juventud en la era de la globalización (millennials, zillennials): nuevas tecnologías, robótica, inteligencia artificial, informática que hacen del mundo una aldea global conectada por autopistas de las comunicaciones. Se asume que la globalización elimina las asimetrías dentro y fuera de los países, ignora la concentración de la riqueza en un reducido grupo de multibillonarios dueños de multinacionales asociadas al sector financiero, comunicaciones, farmacéuticas y grandes petroleras.

¿Cuál sería entonces la nueva utopía para la juventud del Covid, del desplome de la economía mundial, de la crisis ambiental acelerada por los combustibles fósiles, la desigualdad y pobreza creciente, de los populismos tóxicos que polarizan en lugar de armonizar? La respuesta no puede ser la distopía, sino aprovechar la pandemia como oportunidad para construir un nuevo mundo que respete el multilateralismo con responsabilidad compartida, acepte la ciencia y reconozca los límites de la naturaleza como señala Mary Robinson, expresidenta de Irlanda: “Mis recomendaciones serían simples: escuchar a los jóvenes, escuchar la ciencia y tomar medidas urgentes” (El Tiempo 28-02-2021).

¿Desde cuándo, la nueva utopía de la juventud es la elección de un rector? ¿Y copar los órganos directivos por activistas políticos y cambiar la misión y visión de la Universidad? ¿Quiénes lideran estas protestas que paralizan a la Universidad pública?

Antes de la Constitución del 91 el rector lo nombraba el presidente, lo cual generaba enfrentamientos con los grupos contestatarios. No existía Autonomía universitaria. La nueva Constitución consagró la autonomía en el artículo 69: “Se garantiza la autonomía universitaria. Las universidades podrán darse sus directivas y regirse por sus propios estatutos de Acuerdo con la Ley”. Estableció un régimen especial para las universidades Estatales que en su artículo 28 (Ley 30 de 1992) “Reconoce a las universidades el derecho a darse y modificar sus estatutos, designar sus autoridades académicas y administrativas”; la dirección corresponde al Consejo Superior Universitario (CSU), Consejo Académico y al Rector.

EL CSU como máximo órgano de dirección de la universidad, está integrado por el Gobierno nacional, que tiene dos delegados del presidente, el Ministro(a) de educación quien lo preside, el Consejo Académico (un decano), un ex rector de la universidad, un miembro del CESU, un representante de los profesores, un representante de los estudiantes y el Rector(a) con voz, pero sin voto.

La comunidad académica tiene mayoría en esta representación. Con la normatividad vigente, se realiza una consulta previa a la comunidad académica por parte de los aspirantes, para exponer sus programas. De los diez candidatos, el CSU solo tomó en cuenta los cinco con mayor respaldo ponderado entre la comunidad académica. No constituye una elección y cualquiera de ellos puede ser elegido sin importar el lugar que ocupó en la consulta.

Precisamente tres (3) de los candidatos, señalan: “Desde el inicio, todos quienes nos inscribimos, conocíamos la normativa que aplica para dicho proceso (Decreto 1210 del 93, Acuerdos y Resoluciones), los pasos a seguir hasta la designación. Nuestra aceptación implicó la aceptación de la norma, acatar los procedimientos establecidos y respetarlos como candidatos”. En sesión del 19 de marzo el Consejo Superior escuchó las propuestas. Luego en sesión extraordinaria, el 21 de marzo, según metodología aprobada eligió al profesor José Ismael Peña Reyes quien goza de toda legitimidad. Leído el comunicado 003 del Consejo Superior, que corresponde al documento oficial “este cuerpo colegiado comunicará a la comunidad universitaria que el profesor José Ismael Peña Reyes ha sido designado como rector de la Universidad Nacional de Colombia para el período 2024-2027. No se presentaron observaciones, la secretaria procede a firmar y enviar”.

Se crea el caos con leguleyadas y maromas políticas promovidas por uno de los candidatos derrotados, (profesor Leopoldo Munera) para desconocer el nombramiento del rector Peña, que encuentra eco en la Ministra de Educación y los voceros del Presidente Petro, quién había sugerido elegir al de mayor aceptación en la consulta. Este hecho viola la Autonomía Universitaria y quiebra la institucionalidad e independencia frente al gobierno.

La Procuraduría se ha pronunciado en providencia reciente ante las quejas recibidas en su despacho: “De lo expuesto, este órgano de control evidencia que, conforme a lo consignado en el acta de la sesión adelantada el 21 de marzo de 2024, y confrontada con la normativa que regula la designación del rector de la Universidad Nacional de Colombia, el Consejo Superior en el marco de la autonomía universitaria, siguió el procedimiento establecido para designar como rector de la Universidad Nacional de Colombia al señor José Ismael Peña Reyes, con el voto favorable de 5 consejeros, es decir por mayoría tal como lo exige el artículo 72 del Acuerdo 011 de 2005 del CSU que al respecto señala: “…Para la designación de Rector o de Decanos de Facultad por parte del Consejo Superior Universitario, se requerirá el voto favorable de la mitad más uno de los miembros con derecho a voto que lo conforman”. Para la Procuraduría, las observaciones presentadas al acta mencionada sesión del 21 de marzo de 2024, a las cuales se hizo referencia anteriormente, están relacionadas con aspectos que no alteran la decisión tomada por el cuerpo colegiado.

Entendemos que haya sectores de la comunidad no satisfechos, pero el proceso se ajustó a las normas vigentes, a la Constitución y a la Ley, como como ocurrió en los últimos cinco elecciones de rector donde la autonomía ha salido fortalecida, ha garantizado la estabilidad de la Universidad y posicionado en los rankings de excelencia dentro del país y en la comunidad internacional.

Según el QS Quacquarelli Symonds para el año 2024, las mejores universidades de Colombia son: Universidad de los Andes, Sexto lugar en Latinoamerica, UNal de Colombia duodécima en la región. De igual manera, para el Academic Ranking of World Universities (Índice Shanghái), la UNal. fue la única  clasificada dentro de las mil mejores,(puesto 946) por su  productividad científica y rendimiento académico.Principio del formulario

Contrario a lo que argumentan sectores populistas, esta no es una elección directa, como no lo es en las mejores universidades del mundo, su legitimidad no emana del poder popular, sino del mérito académico y profesional, del conocimiento, su producción y reproducción, que es distinto de los mecanismos político-electorales tradicionales.

Aunque los rectores deben ser legítimos para los miembros de la universidad, su elección no necesariamente debe ser realizada por profesores, estudiantes (son transitorios) y egresados que no son dueños sino beneficiarios. La universidad es un Bien Público de la Nación, incluso de los que no pudieron ingresar y disfrutar del derecho al estudio.

La Autonomía Académica no significa extraterritorialidad, debe tener la protección del gobierno frente a hechos de violencia, encapuchados y microtrafico de droga que propician sectores ajenos a la comunidad académica. “La universidad es foro de debate y argumentación y no campo de combate”. Se deben respetar la diferencia de raza, credo religioso e ideológico abiertos a las escuelas del pensamiento para que la comunidad universitaria confronte los nuevos desafíos, buscar consensos para mejorar el procedimiento de elección de las directivas universitarias, sin recurrir a vías de hecho, ni a desobediencias que desconozcan nuestro ordenamiento legal y nuestro legado de 157 años de vida académica.

¡Construir una universidad de Excelencia requiere décadas de inversión, aprendizaje, para construir una masa crítica, pero puede destruirse en pocos años si no la defendemos!

*Profesor Investigador y Exrector de la Universidad Nacional

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