El rostro de Caroline Kennedy en el funeral de su hija Tatiana Scholssberg cargando su pequeña nieta, resume la dimensión de la última de la tragedia de una de las familias más famosas de Estados Unidos, la de John F. Kennedy y Jackie. A sus 68 años despedía a su hija Tatiana quien perdió una dura batalla contra un agresivo cáncer contra el que luchó varios años. Tenía 35 años y es la segunda de los tres hijos que tuvo con el diseñador pionero en las instalaciones interactivas para museos, Edwin Shlossberg, doce años mayor que Caroline quien tampoco pudo disimular su dolor junto a sus otros dos hijos Rose y Jack.
Para Caroline Kennedy enfrentar tragedias no es nuevo. Desde muy temprana edad conoció la desgracia pues a los cinco años, en 1963, su padre, el presidente John F. Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas. Después del entierro, donde Carolina estuvo aferrada a la mano enguantada de Jackie Kennedy, su madre buscó a toda costa que Caroline y su otro hijo, John Jr. tuvieran la infancia lo más convencional posible y con la intimidad resguardada en un penthouse de 500 mts2 que comprara en la Quinta Avenida de Nueva York después del magnicidio. Jackie se retiró de la vida pública y hasta ganó el primer juicio de derecho a la intimidad de Estados Unidos, la familia estuvo durante muchos años protegida por varios agentes del servicio secreto de Estados Unidos. Jackie como Caroline lo que más valoraron fue la discreción y la lealtad de sus trabajadores, Caroline siempre ha guardado con cercanía con quienes le han acompañado y protegido.
Su tío Robert Kennedy de 42 años murió cinco años después de su padre, el 6 de junio de 1968 en Los Ángeles, California, tras ser fue herido de bala la noche anterior después de ganar las primarias presidenciales de California en el Hotel Ambassador, Caroline tenía apenas 10 años. Perdió a su madre Jackie Kennedy Onassis de 64 años cuando ella tenía 36 años de un tipo de cáncer (linfoma no hodgkiniano) tras una larga batalla contra la enfermedad en mayo de 1994. Y cinco años después, en julio de 1999, la tragedia volvió con la muerte de su único hermano, John F. Kennedy Jr. a los 39 años cuando la aeronave liviana que piloteaba se estrelló en el océano Atlántico frente a Martha’s Vineyard, Massachusetts, junto con su esposa Carolyn Bessette Kennedy y su cuñada Lauren Bessette. Su madre le había prohibido que piloteara aeronaves por lo riesgoso, y no lo hizo mientras ella vivió, la investigación oficial determinó que su falta de entrenamiento para vuelo nocturno instrumental fue clave en el accidente.

Caroline nunca se consideró famosa y ha intentado llevar una vida lo más normal posible. Ha hecho de la sencillez sofisticada su marca de identidad personal. Estudió Artes en el Radcliffe College de la Universidad de Harvard y Derecho en la Universidad de Columbia. Es presidente honoraria de la Fundación de la Biblioteca John F. Kennedy, y autora de varios libros. Haciendo honor a su apellido Kennedy, Caroline se interesó por la política en 2008 se presentó al Senado, pero retiró su candidatura al ser fuertemente criticada. Al año siguiente fue nombrada de manera informal embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, pero Benedicto XVI lo prohibió porque se posicionaba a favor del aborto y de la investigación de células madre, además de no haber estudiado la carrera exigida. Barak Obama, la nombró oficialmente embajadora del país en Japón, donde sirvió de 2013 a 2017, año en el que renunció de su puesto porque Trump había alcanzado el poder. En 2022 el presidente Joe Biden la nombró embajadora en Australia, cargo al que renunció nuevamente debido al resultado de las elecciones de 2024 donde Trump ganó las elecciones.
La vida ha puesto a prueba una vez más a Caroline Kennedy. En mayo de 2024, su hija Tatiana Schlossberg Kennedy a pocas horas después de dar a luz a su segundo hijo, presentó un número inusualmente alto de glóbulos blancos que despertó las alarmas de los médicos sobre su salud. Fue diagnosticada con una leucemia mieloide aguda con una mutación rara llamada Inversión 3, presente en menos del 2 % de los casos, como ella misma lo relató en su ensayo Una batalla con mi Sangre, publicado en The New Yorker el 22 de noviembre, día del 62º aniversario del asesinato de su abuelo, donde relata su diagnóstico y expresa frases conmovedoras como: “Trágicamente, la historia se repite” y “A lo largo de mi vida he intentado ser buena, ser buena estudiante, buena hermana y buena hija, proteger a mi madre y no hacerla sentir nunca molesta ni enojada. Ahora he sumado una nueva tragedia a su vida, a la vida de nuestra familia, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo”.
Tatiana se casó a los 27 años en septiembre 2017 en una boda de bajo perfil con el doctor George Moran, a quien conoció mientras ambos estudiaban en la Universidad de Yale, ella literatura y él medicina, es urólogo y profesor en la Universidad de Columbia, a los cinco años de casados nació su primero hijo Edwin y año pasado Josephine. Trabajó como reportera en The Record de Nueva Jersey, y luego en el New York Times como periodista ambiental, siempre prefirió al igual que su madre un bajo perfil.

Al diagnóstico mortal del cáncer se le unió en septiembre del año pasado una variante del virus Epstein-Barr que dañó hasta tal punto sus riñones que tuvo que aprender a caminar de nuevo. Después su diagnóstico, Tatiana recibió cinco sesiones de quimioterapia en el hospital Columbia Presbyterian donde nació su hija y posteriormente hubo más ciclos de quimio e inmunoterapia; rechazó dos trasplantes de médula ósea en el Memorial Sloan Kettering y ha participado en dos ensayos clínicos. En el último el doctor le dijo que, con suerte, le quedaría un año de vida. En su texto publicado agradeció a hermanos Rose y Jack por criar a sus hijos y haber estado con ella en el hospital casi a diario durante el último año y medio. Jack, quien actualmente aspira a un escaño en el Congreso, se afeitó la cabeza en solidaridad tras la pérdida de cabello de Tatiana.
Tatiana falleció el 30 de diciembre y el funeral se llevó a cabo el 5 de enero en la iglesia de San Ignacio de Loyola en Nueva York, donde también se realizará hace unos años el funeral de Jackie Kennedy. Caroline Kennedy vestida de negro sostuvo a su nieta Josephine y estuvo acompañada por su esposo Edwin Schlossberg, sus hijos Rose y Jack, viudo de Tatiana, George Moran, así como por sus nietos. Toda la familia se reunió para dar el último adiós a Tatiana.
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