La última semana de Cerati, según Julio Correal

El empresario que trajo al exvocalista de Soda Stereo en mayo de 2010, quien lo acompañó toda esa semana de gira por Colombia, cuenta su versión de lo que sucedió en esas noches de fiesta.

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Septiembre 07, 2014
La última semana de Cerati, según Julio Correal
Foto: David Felipe Rincón/Terra Colombia Terra.com.co

A Gustavo le gustaban las noches largas. Las noches intensas de baile, de música, de sensaciones, de amor, de pasión, pero ¡jamas!, Gustavo Cerati, ¡jamás! canceló un concierto por estar en un estado de llevades, o porque la noche anterior hubiera sido muy larga o porque estaba enrumbado y no podía subir a la tarima, como si me ha tocado ver a artistas que han venido a Colombia. Jamás Gustavo Cerati canceló un show, jamás canceló una entrevista por estar en mal estado porque la noche hubiera sido muy larga.

Por eso vine a hacer todas estas aclaraciones porque siempre que se muere un rockstar, pues todo el mundo dice ‘ay no que sobredosis, ay no que se pasó de maraca, ay no que…’, pues nada de eso es verdad señores. No fue el caso de Gustavo Cerati.

Gustavo Cerati desafortunadamente hacía como siete años, y esto que les estoy contando me lo contó a mi Charly su persona de confianza que estaba siempre al lado de él y que estaba pendiente de su dieta, de las terapias que había que hacer; tuvo un problema en una pierna, una vena se le abrió y el médico que lo trató, lo curó pero no diagnosticó esa enfermedad. Tal vez la tomó como un accidente, exceso de trabajo, de estrés, no sé. Se estresaba fácilmente Gustavo con el tema de la producción, como les decía… y de la música. Pero en ese entonces no le prescribieron oportunamente esa enfermedad.

Él sabía que tenía que dejar de fumar, de tomar licor, comer sin sal, le prohibieron vuelos de más de cuatro horas y dejar el cigarrillo por supuesto. Duró un tiempo muy juicioso con ese tema pero ya después no quiso hacer caso, desafortunadamente la dieta no era, el cigarrillo apareció, el licor también, el estrés también y los vuelos largos que tenía que soportar. Pero particularmente en esa gira por Colombia hubo algo muy especial que lo hizo a él contenerse de sus fiestas en la noche y era la novia que traía.

Foto Guido Adler

Foto Guido Adler

Muchos medios le achacan la culpa a Chloé. Dicen que Chloé no se qué. Oigan lo último que dice Chloé acerca de su noche con Cerati. Y la verdad es que Chloé ni siquiera estaba con él. Es lo que me da risa a mi. Otro medio decía que ‘no y esa noche con Chloé en la casa de Julio Correal’. Chloé no estaba en Bogotá, señores. Chloé llegó con él, eso fue un lunes a Medellín. La verdad es que la venta de boletería no iba muy bien y nosotros los empresarios estábamos un poquitos bajos de nota, pues obviamente por los resultados económicos. Sin embargo, yo siempre he sido muy gallardo con ese tema y vaya bien o vaya mal la venta de boletería, la producción siempre es impecable porque por eso es una rebuena onda de producciones, porque me gusta tratar bien a los artistas y cumplir los compromisos que hay.

Todo estaba bien, excepto la venta de boletería así que no tenía muchas ganas de salir. Así que dije ‘uy, va llegar  Gustavo un lunes ¿a dónde lo llevo en Medellín, si es difícil en Bogotà? ¿a que oiga música o comer algo, o bailar algo? Pero no, llegó la van al hotel San Fernando Plaza y la primera en bajar fue Chloé. Una mujer hermosa, por ahí de 1.80, rubia preciosa, modelo. Detrás bajó Gustavo. Nos saludamos: ‘Hola Julito cómo vas’. Chloé siguió adelante, se registró. Abordamos el ascensor Chloé, Gustavo y yo. Cuando llegamos a su piso, se abrió el ascensor, salió Chloé, detrás Gustavo y yo le pregunté: ‘Gustavo ¿querés hacer algo esta noche?’ Y me dijo: ‘No Julito. Estoy viviendo un momento fantástico con Chloé. Chloé está en rehab, está en limpieza y no quiero que la noche induzca a que ella vaya a recaer. Así que gracias Julito, nos vamos a dormir’.

Al otro día volaba Chloé para Londres a hacer una sesión de fotografía porque ella es una modelo importante. Debo confesar que sí, que Gustavo me dijo: ‘se va y vamos a hacer una fiestica’. Porque después del show había una zona en camerinos que pedía que se la acomodaran como si fuera un set  de deejay y esa noche se invitaban a 20 o 30 personas del público a que rumbiaran es noche ahí en la palza de toros La Macarena de Medellín. Gustavo ponía la música, prohibidas las fotos.

Chloé se fue para Londres, pero hacía escala en Canadá, pero al llegar a Bogotá no la dejaron abordar el avión porque no tenía la visa canadiense. Así que Chloé llama como a las ocho y media de la noche y dice ‘no me pude ir a Canadá, me devuelvo a Medellín’. Chloé se devuelve a Medellín y llega a la plaza de toros cerca de las nueve y media de la noche. No había terminado el show todavía Gustavo. Gustavo no se entera y cuando baja de la tarima se dieron un par de besos hermosos, preciosos y nos fuimos a hacer la fiesta ahí en el camerino de Gustavo, con una Chloé muy hermosa y un Gustavo que la estaba apoyando en lo que estaba sucediendo con ella.

Chloé después al otro día le cambiaron el vuelo con escala en Estado Unidos, puede tomar su vuelo e irse. Chloé nos abandona y no llega a Bogotá con él. Eso es para los periodistas pecuecos que andan diciendo que Chloé estaba con él, pues Chloé no estaba con él, señores.

Chloé Bello junto a Gustavo Cerati

Chloé Bello junto a Gustavo Cerati

Gustavo terminó su concierto en Medellín, gran fiesta. De ahí simplemente volvimos al hotel y viajamos a Bogotá muy temprano en la mañana. Llegamos  a Bogotá un miércoles, el concierto fue un jueves en Bogotá. Miércoles en la tarde Gustavo muerto se fue a dormir. Ese día no hubo noche. No salimos a ningún lado. No sucedió nada. No pasó nada, porque al otro día teníamos que preparar un gran concierto en Bogotá. Me acuerdo que llegué al Coliseo El Campín con seis pizzas para los muchachos argentinos que les encantaba la pizza y con Gus para hacer la prueba de sonido de el que fuera su último concierto en Bogotá ahí en el Coliseo El Campín. Un concierto que, pues, desafortunadamente la gente se lo perdió y fue el último concierto en Bogotá. Creo que fueron como dos mil quinientas personas los favorecidos por haber estado esa noche allá en El Campín. Algo increíble, veníamos de agotar la plaza de toros con su disco Ahí vamos, en cambio con Fuerza Natural no llegó la gente, dos mil quinientas personas llegaron. Hubo muchos invitados, Andrea Echeverry fue invitada por el propio Gustavo Cerati, me pidió el favor que la invitara , desafortunadamente se salió antes porque Andrea no soporta el mal sonido del Coliseo El Campín y no alcanzó a oir cuando Gustavo la nombró en tarima.

Gustavo se baja de la tarima y va a su camerino. Nos servimos unos whiskey’s. Recibimos unas visitas. Firmamos unas guitarras eléctricas. Firmó cinco guitarras eléctricas y tres cuadros. Fue chistoso porque Nando me preguntaba ‘Ché Julito, y esas guitarras eléctricas ¿qué marca son’. ‘No sé Nando, son palos, es un recuerdo’. ‘Pero estas loco ¿cómo ponés a Gustavo a firmar eso’. ‘Marica Nando, es una guitarra de recuerdo para oyentes’. Yo me quedé con dos, le regalé una a Fruto Mejía y yo tengo otra y me quedé con dos cuadros que pintó, que básicamente era el arte del álbum de Fuerza Natural.

Esa noche la corista de Gustavo Cerati, pinchaba en Armando Record’s. La idea era que todos nos fueramos para Armando Record’s. Sin embargo, cuando llegamos al hotel Gustavo me dijo: ‘Tengo una gran jaqueca, Julio. No creo que vaya a ser capaz de salir hoy’. Le dije: ‘Perfecto Gustavo, quedémonos acá, no hay problema. No salgamos’. Nos quedamos allí media hora, cuarenta minutos, pero él quería ir a acompañar a su amiga y también poner un poco de música ahí en Armando. Pinchar un rato. Se tomó un té. Mejoró el tema del dolor de cabeza. Yo ya me había ido para Armando a esperarlo allá, a hacer la logística. Nico me llamó y me dijo: ‘Ché Julito ¿dónde queda Armando Record’s?’. Le di la dirección, le dije: ‘Es en el cuarto piso, sube las escaleras hasta el cuarto piso’. ‘¿No tenés un ascensor? Julito’. ‘La verdad no tengo cómo ponerte un ascensor, Nico. Dile a Gus que tiene que subir los cuatro pisos’.

Foto: Guido Adler

Foto: Guido Adler

Llegamos a tiempo. Al show de Leandro, que también pinchaba esa noche. No estaba en ninguna zona reservada con niñas metiendo líneas como dicen por ahí unos periodistas estúpidos, no señor. Estaba sentado al lado de ellos, a la vista de todo el público. Todo el mundo estaba viéndolo. Terminó de pinchar ella. Nos quedamos allí un rato. Él se tomó unos vodkas. Estaba tomando vodka esa noche. De Armando salimos para otro lugar que no fue mi casa. Fue una galería que queda en la calle sesenta y… donde hoy en día existe una pizzería frente al automercado Carulla de la sesenta y cuatro. Ahí quedaba una galería y era de un amigo de Leandro y nos invitó esa noche. Fue muy chistoso porque cuando llegamos nos dimos cuenta que estaban cobrando entrada y anunciando que Cerati esa noche iba a estar allí y como Cerati era tan buen disc jockey todo el mundo sabía que llegaba a poner música y que la rumba era buena y era divertida pues el lugar estaba lleno. Y allá llegamos.

La noche terminó tomando cerveza. La noche terminó hablando de Benito y de Lisa y de Alegría y de Juan Fernando y de Valentina, con Paola. Abrazados los tres  hablando de nuestras familias y de lo importante que era que duráramos mucho más para compartir con ellos, señores periodistas. En eso terminó la noche de Gustavo Cerati en Bogotá. Con una botella de cerveza en la mano, muy a las cuatro y media de la mañana, o cinco tal vez. Lo llevé al hotel. Volvimos a la casa con mi esposa y al otro día nos volvimos a ver al medio día.

El manager me llamó a las diez de la mañana y me dijo: ‘Julio quiero reunirme contigo, quiero hablarte de Gus’. Fui al hotel, estaba en el Hotel Radisson de la 116. Me senté con Nando a hablar, me dijo: ‘Estoy preocupado con Gustavo. Está muy estresado. No se está cuidando. Volvió a fumar. Está tomando trago. Como viste, las noches ya no son tan largas, pero el estrés y el vuelo que tiene a Madrid de doce horas lo tiene muy asustado’. Yo le dije a él: ‘Nando, llévalo a España y a la vuelta proponle que se interne en una clínica y que se haga ahí una limpieza larga’. No era fácil, la verdad. No era fácil. Quedé preocupado porque me di cuenta yo también que no se estaba cuidando. Nos despedimos como a las dos de la tarde. Me acuerdo mucho cuando me vio entrar a la habitación y me dijo: ‘Ché Julito ¿cómo haces? No se te nota el guayabo’. A mi no me da la verdad, no me afecta tanto. Hablamos de Cartagena. Hablamos de un odontólogo; me acuerdo mucho que se quería hacer un tratamiento porque allá no son como tan preocupados con el tema de los dientes ¿no?, entonces yo le decía a Gus que podía arreglarse eso que tenía. Muy a las dos y media de la tarde cogieron la van, se iban para el aeropuerto a llevarlo a Caracas, nos despedimos en un semáforo: ‘Chao, Gus’. ‘Chao, Julito’. Y esa fue la última vez que lo vi vivo.

*Este relato lo realizó el empresario y locutor Julio Correal este domingo 7 de septiembre en su programa Las canciones de mis amigos, en la emisora 92.9 FM El sonido de la ciudad.

 

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