La travesía de los venezolanos por Colombia

“No todos los venezolanos son malos y si estamos aquí es porque no queremos renunciar a los sueños que teníamos”

Por: Carolina Jojoa
Febrero 13, 2018
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La travesía de los venezolanos por Colombia

A falta de los $80.000 que le costaba al venezolano José Álvarez y su esposa, Gisela Fernández, viajar hasta Bucaramanga, estos prefirieron emprender su viaje ‘a dedo’ desde Cúcuta. Cuando los encontré en una cafetería de La Laguna, Norte de Santander, a unos 110 kilómetros de la frontera, ya llevaban una semana y media viajando desde su tierra natal, San Cristóbal.

Según cuenta este hombre, de tez trigueña y ojos grandes, habían logrado caminar pequeños tramos del camino. Ahora estaban intentando recolectar el dinero para continuar su travesía en bus. Como la mayoría de los ‘venecos’ que se están movilizando por Latinoamérica, esta pareja quería probar una mejor suerte fuera de su país sin tener un plan completamente establecido.

“Salir de Venezuela no es una decisión fácil, pero casi obligatoria, se puede ver que no somos los únicos. Por ahora queremos llegar donde un conocido en Bucaramanga y ver si podemos hacer el dinero para llegar a Cali, los colombianos nos han atendido bien. Son pocos los que nos discriminan, pero también se ven”, relató José antes de pararse a vender sus dulces en el bus que recién llegaba a la parada y el mismo que me llevaría a Cúcuta para evidenciar que, como él lo decía, no eran los únicos.

Por el resto del camino hacia la frontera por el Norte de Santander, el panorama es agotador a simple vista, pues un sinfín de familias venezolanas caminan desde el Puente Internacional Simón Bolívar, paso vehicular que conecta el municipio de Cúcuta con la población venezolana de San Antonio, vienen cargando pesados equipajes con el fin de adentrarse en el país.

Según Christian Krüger Sarmiento, el Director General de Migración Colombia, “la situación no solo ha obligado a miles de connacionales a regresar a Colombia, sino también a que los venezolanos vean nuestro país como una alternativa para hacer tránsito hacia otros destinos, para radicarse o bien, para adquirir productos de primera necesidad”.

De acuerdo con las cifras de Migración Colombia al cierre del 2017, dentro del territorio nacional permanecían 550.000 ciudadanos venezolanos que habían ingresado de forma regular o irregular. Al parecer, conforme aumenta su ingreso, también crece la inseguridad y el impacto económico de las ciudades donde se instalan.

“Apenas a finales de enero, habitantes del barrio Sevilla —en Cúcuta— habían protestado para lograr el desalojo de 500 venezolanos que se habían instalado en una cancha. En Bucaramanga es peor, porque es la ciudad de los parques”, relató la cucuteña, Cristina Paz y quien ha alojado en su residencia a cuatros venezolanos.

Según los registros de las autoridades migratorias, los destinos más recurrentes por los venezolanos en Colombia y donde se registra la mayor cantidad de trámites del Permiso Especial de Permanencia, PEP, son Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali. Estas ciudades representan el 60% de los 69.000 PEP expedidos el todo el país el año pasado.

Tan solo Cali, 2.695 venezolanos tramitaron el PEP en 2017. En todo el Valle del Cauca se expidieron 3.688. Igualmente, el último año Migración Colombia selló la entrada al país 796.000 ciudadanos venezolanos, quienes manifestaron tener como destino algunas de las mencionadas ciudades.

El puente de las oportunidades

Como si fuera un símbolo de sus connacionales en otro país, un maletín tricolor que el gobierno venezolano otorgaba a los niños en las escuelas, es el principal representante de sus emigrantes que a diario atraviesan el Puente Internacional Simón Bolívar. Se estima que, por este corredor, a veces sofocante por la aglomeración, intentan pasar 35.000 ciudadanos venezolanos por día.

“El diario que ganamos no nos alcanza ni para una libra de arroz y necesitamos casi 70 salarios mínimos para poder comprar un mercado decente. Esta es la única salida que tenemos para llevar alimentos y medicamentos a nuestras familias”, expresó Olga Contreras, de 51 años, venezolana que labora en una peluquería del barrio Aniversario en Cúcuta y que viaja una vez a la semana para llevar provisiones a sus familiares en San Cristóbal.

“Solo nos dejan pasar un monto no superior a los 500.000 bolívares y 6 kilogramos de cada cosa (azúcar, arroz, pasta, huevos) y de regreso también nos revisan”, explicó la mujer.

Una vez superada las resientes dificultades que el gobierno colombiano estableció para ingresar al país, del otro lado, a la espera de los venezolanos se encuentran compradores de cabello y agencias de viaje que ofrecen pasajes para otras ciudades e incluso hacia otros destinos de Latinoamérica como Ecuador, Perú y Argentina con costos que pueden ir desde los $600.000 hasta $1’200.000 por persona.

“Sale un bus cada tres horas y hasta Argentina el viaje puede durar hasta ocho días”, así lo afirmó uno de estos vendedores que prefirió reservar su identidad.

Algunos, que no cuenta con la suerte de superar los controles migratorios en el Puente, llegan a pagar hasta $100.000 a supuestos guías que logran ingresarlos a Colombia de manera ilegal por las trochas que cruzan de la frontera.

Junto a Olga, tres jóvenes estilistas buscan oportunidad de permanecer en Colombia, “por lo menos hasta que caiga Maduro”, como lo expresa Carlos Alberto Morales, de 27 años, con una esperanza que es imposible de refutar. Llevaba 2 días en Cúcuta y no había salido nunca de su país, es oriundo de La Victoria —Estado Aragua— y recuerda con nostalgia lo que era su país hasta hace dos años.

“En Venezuela hasta las personas que tienen dinero tú las ves chillando en el mercado por comprar Harina PAN. Si tú sales a comerte un ‘pepito’ (comida rápida) te sientas y en frente tuyo tienes a veinte carajitos (niños) con cara hambre esperando que se te caiga un pedazo de carne. Yo llegué aquí a Colombia, y ver la tranquilidad con la que viven, conversando sentados en el andén de su casa, y me da nostalgia porque recuerdo cuando mi país era así”, relató.

Finalmente, el joven deja un mensaje para los colombianos que han extendido su mano en ayuda para sus compatriotas: “no todos los venezolanos son malos y si estamos aquí es porque no queremos renunciar a los sueños que teníamos en un país que nos arrebató las oportunidades”.

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