La respuesta de Sandro Romero Rey a la columna de Héctor Abad Faciolince

El caleño confronta al escritor antioqueño por la posición que ha tomado con respecto al Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan

Por:
octubre 18, 2016
La respuesta de Sandro Romero Rey a la columna de Héctor Abad Faciolince
Fotos: archivo rockaxis.com.co / Elpais.com.co

“… y ahora, Héctor Abad (¿qué será lo que pasa con mis amigos antioqueños?). Según su artículo titulado “¿Es la música literatura?”, publicado en la edición del 16 de octubre de 2016 en el diario El Espectador, el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan “enturbia las aguas”. Según Héctor: “el aspecto netamente literario (que es letra, palabra) de su ejercicio artístico es muy inferior a lo que consigue un gran poeta”. Este tipo de generalizaciones son las que, allí sí, enturbian las aguas. ¿A cuáles letras de Dylan se refiere? ¿Y “es muy inferior” según quién, según cuáles parámetros? ¿Según los gustos universales y absolutos establecidos por quién?

En primer lugar, me parece, por decir lo menos, sospechoso, que a un autor que ha escrito temas de la complejidad de “Subterranean Homesick Blues” o “Hurricaine” o “Love Sick” o “Duquesne Whistle” o “I And I” se le considere menor, solo porque sus letras, sus palabras, van acompañadas de pianos, armónicas, bajos, baterías. ¿Si nos aprendemos de memoria el monólogo del “Ulysses” de Joyce es más importante que si nos aprendemos “Highway 61 Revisited”, sólo porque el viejo irlandés no lo cantó con su traviesa guitarra? Me siento en la célebre discusión entre el profesor de esgrima y el profesor de filosofía de “El burgués gentilhombre” de Molière (lástima que Héctor no se sienta atraído por el teatro…) donde se compara cuál de sus dos artes es más eficaz. En fin, sigamos. Por lo demás, es una lástima que el autor de “El olvido que seremos” (quien dice haber gozado en su juventud la música de Dylan) no lo haya seguido oyendo. Si viera la dimensión descomunal de su obra hoy en día, la calidad de álbumes como “Time Out Of Mind”, “Love And Theft”, “Modern Times” o “Tempest”, estoy seguro de que revisaría sus palabras.

Uno no puede descalificar a un poeta lanzando frases alegres del tipo “Bob Dylan es un gran artista que combina música, letra y compromiso (antes político y ahora cristiano)” porque, simplemente eso no es cierto. Invito a Héctor a que nos tomemos un aguardientico o un roncito de su tierra y escuchemos (sí, escuchemos) los álbumes de influencia cristiana (“Slow Train Coming”, “Saved”, “Shot Of Love”) para que descubra tantas maravillas como en la música religiosa de Bach o Händel: la religión no disminuye la imponencia de los resultados artísticos. Por lo demás, Dylan dejó sus veleidades cristianas hace casi 4 décadas (se ha pasado toda su vida confundiendo a los que quieren encasillarlo como poeta o cantante) y decir lo que se dice es, por decir lo menos, un comentario mal intencionado, como descalificar a T. S. Eliot diciéndole “norteamericano y católico”.

Sí. Nos podríamos pasar la vida entera discutiendo estas banalidades, de acuerdo a los gustos de los unos, contra los purismos de los otros. Lo cierto es que Dylan, quiéranlo o no los que no lo han oído con atención, es otro más de los que ya hicieron estallar las fronteras de las artes en mil pedazos y de los que pusieron en duda el esfuerzo como uno de los valores para la creación. Ni Bob Wilson es sólo un director de teatro ni Andy Warhol fue sólo un cineasta ni Leonardo sólo un pintor. Ni los frescos de la Capilla Sixtina son “más grandes” que el “Guernica” ni Verdi mejor que Lucio Dalla, sólo por el elogio de la dificultad. Al parecer, estas discusiones de viejos puristas parecían evacuadas del mundo del arte, hasta que llegó un poeta de un pueblo perdido de los Estados Unidos y les desordenó la casa, una vez más, a los que todavía creen que existen los creadores del monte Parnaso, encima de las cloacas de la Belleza.

Por mi parte, que le quiten el Premio Nobel a Bob Dylan y se lo den a Héctor Abad Faciolince. Bob Dylan no lo necesita. Héctor sí"

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