La resistencia social como mecanismo de democratización de la política

Los movimientos que se configuraron con la crisis actual deben dar el giro hacia la negociación con los candidatos que hoy se alistan para las próximas elecciones

Por: José Manuel Rincón Alarcón
junio 18, 2021
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La resistencia social como mecanismo de democratización de la política
Foto: Las2orillas / Leonel Cordero

En el marco del paro nacional, el mensaje de control político de los jóvenes se ha enviado y este ha sido recibido. Y cuando hablo del receptor no estoy pensando en las instancias de las élites que se erigen actualmente tras la sombra del gobierno nacional, sino de todas las personas del común: de las masas. Son ellos, al día de hoy, los que, en su reflexión colectiva, han hecho catarsis guiados por la resistencia pacífica de los jóvenes y, en mayor medida, por la cruda realidad de la situación actual evidenciada a través de las redes sociales: entendieron la importancia del cambio político. Y todo esto conlleva a creer que la resistencia social ha dejado, a nivel político, vencedores y vencidos.

El gobierno de Iván Duque y sus entonos políticos cercanos son, sin duda alguna, los mayores afectados: los vencidos; mientras que por el lado de los vencedores, tenemos a los movimientos sociales, que, impulsados por la resistencia pacífica de los jóvenes, han logrado esparcir, políticamente hablando, la semilla de conciencia de las masas a través de los instrumentos de las veedurías ciudadanas. Aspecto fundamental que, como ya había comentado en mi nota anterior, se constituye en el mecanismo más importante de negociación política para los nuevos gobernantes a partir del 2022.

La conciencia de las masas ha despertado el control político encarnado en las veedurías ciudadanas y se ha dado un paso enorme en Colombia hacia la democratización de la política. Gestión política que, por la intensificación de la crisis social a causa de la COVID-19, dejó al descubierto que vibra en torno a élites aisladas de las demandas sociales. Modus operandi de carácter histórico que las élites nacionales han sabido acomodar estratégicamente tras la cortina de la violencia en Colombia. Es desde este punto de vista que puede ser comprendida esa enorme contradicción de sufrimiento de la población en general y la pequeña industria frente a la violencia del conflicto armado, mientras las élites políticas, financieras y económicas de este país generan ganancias exorbitantes bajo la sombra del Estado.

La nueva dinámica política que se empieza a constituir con las elecciones del 2022 es el primer gran paso para asegurar unas élites que, bajo el control político de las masas, estén vinculadas a las demandas sociales. Élites políticas conscientes que su deber constitucional se construye con y para la gente. No hay más tiempo que perder con este gobierno políticamente derrotado; su deslegitimidad no lo hace un actor de negociación fiable, puesto que no supo estar a la altura de la situación y no entendió que el derecho a gobernar se legitima con la participación de los que hoy violentamente repele. No tiene sentido seguir sacrificando la vida de jóvenes frente a un actor político derrotado e indolente.

Los movimientos sociales que se configuraron con la crisis actual y que están plenamente soportados en la conciencia política de las masas deben dar el giro hacia la negociación con los candidatos que hoy se alistan para las próximas elecciones de congreso y presidencia. Es allí, en esa dinámica de relaciones de poder futura, donde se encuentra el verdadero camino de la concertación y consecución de una política más democrática. Gestión política con y para la gente, que haga posible el perdón, la reconciliación de nuestra sociedad y la configuración de una salida social al problema del narcotráfico, basado en la plena consolidación de los acuerdos de paz.

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