El apoyo de Lula al Ferrogrão contradice sus promesas climáticas. Un proyecto que amenaza 1,3 millones de hectáreas de selva y enciende alarmas en toda la región

 - La promesa incumplida de Lula: el ferrocarril que destruiría un millón de hectáreas de Amazonía

El Amazonas es un ecosistema frágil, con una extensa red que conecta diferentes culturas humanas con el 10 % de la biodiversidad del planeta, la cual se ve amenazada por políticas que buscan el crecimiento económico a cualquier costo. El apoyo que el actual Gobierno de Brasil ofrece al Ferrogrão contradice la promesa del presidente Luiz Inácio Lula de proteger el clima.

Pese a que la administración de Lula dice con orgullo que el tren bioceánico reformará el sistema agrario, la reciente aprobación de sus rutas encendió las alertas sobre el devastador impacto para los pueblos indígenas y el medio ambiente. Lo anterior arrastra nuevamente a Colombia y al resto de países de la OTCA al debate entre el desarrollo y la preservación.

Esta preocupación se entiende mejor desde la óptica de la interconectividad ambiental. Por ejemplo, ante el proyecto de minería de cobre en Mocoa, el Observatorio de Conflictos Ambientales de la UNAL puntualizó que esta zona es un corredor ecológico clave donde convergen ecosistemas andinos y amazónicos. Cualquier intervención allí altera redes más amplias de biodiversidad y flujos hídricos.

Lo mismo ocurre en Brasil, donde esta infraestructura implica necesariamente la tala de árboles. Se ha demostrado que el Ferrogrão ocuparía más de 1,3 millones de hectáreas de bosque que fueron transformadas en pastos entre 2012 y 2023. Esto representa grandes riesgos para la agricultura y los recursos hídricos, ya que la reducción de la cobertura vegetal disminuye la distribución de la humedad.

Aunque no está mal que Brasil apueste por la transición energética, es preocupante que pretenda reconfigurar el sistema comercial pasando por encima de este gran pulmón del mundo. El megaproyecto, que atravesaría parte del territorio peruano, ha sido criticado por dejar a este país fuera del estudio de viabilidad técnica y por desplazar las voces que advierten efectos negativos.

Un claro ejemplo se dio durante la COP 30 del año pasado, donde comunidades indígenas alzaron su voz para protestar contra el ferrocarril. Sin embargo, hasta hoy, sus reclamos no han sido atendidos correctamente por el Estado brasileño.

Puede que la preservación de la Amazonía esté en manos de varios países, pero las acciones de Brasil tienen un peso mayor al ser la nación con más territorio. Comprender esto es fundamental para Estados como Colombia, porque da cuenta de los retos en los ecosistemas compartidos. El cuidado del Amazonas requiere una visión regional articulada donde los intereses económicos no prevalezcan sobre el equilibrio ecológico; de lo contrario, se pondría en riesgo la sostenibilidad de todos los países que dependen de él.

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