La pornografía frente al espejo

Este universo de imágenes y gemidos produce actualmente más dinero que Hollywood, la industria farmacéutica o del alcohol. Una perspectiva al respecto

Por: Alexander ORTEGA MARIN
marzo 05, 2021
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La pornografía frente al espejo
Foto: Pixabay

Cuando tenía nueve años me encontré una vieja baraja pornográfica en una de las calles de mi barrio. Recuerdo que se la llevé a mi papá, que, con unas gigantescas tijeras oxidadas, cortó los naipes en mil pedazos y los tiró por la ventana sin darme explicación alguna que valga la pena mencionar. Solo me quedó en la memoria el golpe psicológico de la actitud fingida de los actores de la lámina. Era una mujer voluminosa, de cabello rizado, desnuda y con un largo collar de perlas atravesándole los senos. De pie, la dama rizada enganchaba uno de sus altos tacones sobre una silla y dejaba los matorrales de su sexo a la voluntad de la larga lengua de un hombre que se aproximaba en cámara lenta para tocarle sus orígenes del mundo.

Años después, la poesía de la lámina fue remplazada por la cómica escena en una reunión de adolescentes en la casa de un amigo. La mamá de mi amigo nos invitó a ver una de las películas en VHS de la colección privada de su hijo mayor, pero por un error en la portada de lo que se suponía tenía que ser la película del Rey León, los ocho jóvenes que estábamos ahí vimos pasar frente a nuestros ojos los cinco segundos de historia romana más desgarradores de nuestra vida. Cinco hombres disfrazados de una suerte de gladiadores, se tocaban por todo lado en lo que parecía el inicio de una gran degollación. O eran, por lo menos, gemidos de degollados. La cara de vergüenza de la señora de la casa me sugirió entonces que había un mundo paralelo al nuestro. Un planeta escondido y proscrito donde ciertas personas, su hijo mayor, supongo, viajaban para encontrar un placer solitario.

Ese mundo se llama el porno

No hay nada más natural que el sexo, por eso estoy convencido de que el mundo de la pornografía es como un sistema nervioso en el cual todos los humanos del planeta tierra, sin darnos cuenta de ello, estamos conectados. Este universo de imágenes de carne, de saliva y de gemidos produce actualmente más dinero que Hollywood, la industria farmacéutica o el alcohol. Algunos especialistas dicen que el secreto consiste en generar contenido gratuito de cinco minutos para que después el cliente pague por ver sexo explícito; esto confirma lo que le escuché en una entrevista a Nacho Vidal, el hombre pene: “dejar al cliente con la miel en los labios para que entre al sitio porno y pagué con su tarjeta”.

Tan importante ha sido la industria del porno en el desarrollo de la tecnología, que varias innovaciones que conocemos hoy, como el streaming, el pago online seguro, los chats en vivo y gran parte de las aplicaciones de nuestros teléfonos fueron desarrolladas, en principio, para optimizar el flujo online de la pornografía.

Estos también son datos y hay que darlos…

Un amigo mío que se llama Salvador es actor porno en Madrid. Hace algunos días vino a visitarme a París, y después de cabalgar un fin de semana en Grindr, la famosa aplicación de encuentro gay, sacó la contundente declaración de que París se escribe con P de pasivo. "Esos son datos y hay que darlos", afirmó. Si uno le escucha los cuentos a Salvador, uno se da cuenta de que sus estadísticas son el resultado de su intuición y de su resistencia equina, pero figúrese usted que, desde hace seis años, el sitio pornográfico Pornhub, un servidor gratuito de cine para adultos en streaming por internet, se ha dedicado a extraer las huellas que dejamos cada vez que visitamos su sitio pornográfico. Según las estadísticas, el treinta y cinco por ciento de las descargas online anuales son pornográficas. Noventa y dos millones de visitantes cada día observan una media de ocho minutos y cuatro segundos de porno por día. Cada segundo, casi veintinueve mil personas están viendo porno y se gastan alrededor de ochenta y nueve dólares por segundo.

En el año 2018 se montaron casi cinco millones de videos a la plataforma Pornhub, lo que equivale a un millón de horas de filmografía erótica, que, además, son consumidas sagradamente en el planeta tierra entre las nueve de la noche y las doce del mediodía. El número de consumidores decae, respetuosamente, en un cincuenta y siete por ciento el día del nacimiento del niño Dios, el veinticuatro de diciembre. Estados Unidos, además de producir el sesenta por ciento de porno del mundo en Los Ángeles, California, es también el mayor consumidor. Le siguen el Reino Unido y la India. Según estas serias estadísticas del cuerpo, la reina madre de las categorías buscada por hombres y mujeres es lesbian. La segunda categoría es el MILF, acrónimo en inglés que significa "Mother I’d Like to Fuck". Si se analiza esto de buscar mujeres con la apariencia de nuestras madres en un estricto criterio freudiano, podría ser revelador de que la figura sagrada de la madre es, secretamente, la insólita figura del deseo bucal de muchas personas. Estas estadísticas dejan claro el sexo de sus visitantes, pero no los clasifican por su género. Tal vez, podría ser que la clasificación se realiza por los nombres femeninos o masculinos de las compras online. Las preferencias de los usuarios aparecen encerradas con un solo término. Por ejemplo, en las estadísticas del 2018 las mujeres que visitan el sitio prefirieron lesbian, threesome o japanese y los hombres seleccionaron japanese, MILF y mature.

¿Qué dice la ley?

Tan reveladoras como las cifras también son las leyes de los países, ya que los placeres solitarios deben ajustarse a las normativas morales y de pudor de cada país. Por eso China zanjó el problema prohibiendo cualquier tipo de porno. Los japoneses se inventaron una especie de porno “pudoroso”, restringiendo, por ejemplo, videos de sexo con animales, pero, al mismo tiempo, a través del anime y el dibujo se han imaginado un zoológico de sórdidas abominaciones, con largos tentáculos penetradores de vaginas, de anos, y de cualquier orificio humano. Se inventaron este bestiario para no violar la más estricta de sus leyes: la exposición explicita de los genitales, que además, antes de 1994, incluía la prohibición de exhibir los vellos púbicos.

Por eso no es sorprendente que en las estadísticas de Pornhub se muestre cada año un incremento por el sexo con personajes virtuales, o el llamado Hentai, palabra japonesa que significa “perversión”. En lo que al parecer coinciden todos los países es en la condena de contenido pornográfico con menores de edad. En las películas triple X de Australia se proscriben las mujeres con apariencia de niñas, por ejemplo, aquellas que tienen bustos menores a la copa A. Una ley aprobada en el año 2017 por el Parlamento del Reino Unido dice que para acceder a la pornografía online, las personas deben adquirir un pase en puntos de venta específicos con la estricta verificación de su mayoría de edad. Por eso, si usted va a Inglaterra en estos días, no le puede parecer extraño, escuchar a alguna señora cincuentona llamada Mrs. Dolloway, por ejemplo, comprando el periódico, una bolsa de pan, y dos tiquetes para ver pornografía, lésbica o con algún molusco animado. Esto nos puede parecer extraño porque a todos nos han enseñado que la pornografía es tan privada y solitaria como las oraciones al cielo.

Pero bueno… mientras unos rezan antes de acostarse, hay otros que prefieren masturbarse.

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