La paz y la no violencia: el único camino que queda por recorrer

La historia de Colombia se ha caracterizado por la violencia, por ello, la ruta que hay que seguir para lograr transformaciones sociales es la pacífica

Por: Mauricio Vargas González
marzo 25, 2020
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La paz y la no violencia: el único camino que queda por recorrer
oto: Leonel Cordero

La lucha por la Paz, la soberanía y la democracia en Colombia es pacífica y no-violenta o no lo es. La violencia en Colombia es reaccionaria y sirve a los intereses más oscuros: mafia, narcotráfico, combos, corrupción, politiquería y a la explotación de la naturaleza y de los seres humanos más cruel y descarnada. Este es un país supremamente violento, es si no el más, uno de los más violentos de América Latina o de Sur América. Y vemos cómo ese flagelo ha impedido precisamente los cambios que en nuestro continente se han denominado como Los Vientos del Sur.

La prueba es que solo después de que se firmaran los Acuerdos de Paz es que se lograron los 8 millones de votos para Petro, los 11 millones para la consulta anticorrupción, un victorioso Paro Universitario y el exitoso Paro Nacional que ha movilizado el grueso de la sociedad colombiana de manera pacífica y no-violenta. Gracias a la Paz, no solo se han conquistado gobiernos alternativos en las principales ciudades colombianas, sino que la movilización social ha logrado alcances sin precedentes y como algo que no ocurría hace mucho tiempo, amplios sectores de la sociedad colombiana marcharon alrededor de un pliego de exigencias que recoge las principales preocupaciones y necesidades de la sociedad civil.

Hoy el camino es el que han abierto los Acuerdos de Paz, con la JEP, la implementación de los mismos y las reformas democráticas que se logren con la movilización social pacífica, no-violenta, con la simpatía de la opinión pública y de los amplios sectores de la sociedad colombiana.

Gandhi y Luther King son ejemplos de que la No-Violencia y el Pacifismo, lejos ser baladí, son realmente herramientas muy poderosas que pueden conquistar los espíritus y el alma de todo un pueblo para lograr los derechos, la libertad y la emancipación. Y Gramsci nos recuerda que en las ‘sociedades occidentales’ y en la democracia –burguesa-, la pugna cultural e ideológica es definitiva, por encima incluso de la coerción del Estado para sostener unos consensos y acuerdos que mantienen en pié el edificio productivo y social. Y es en este campo de batalla, el de las ideas, los valores y los principios, donde hay una brecha, un resquicio, una oportunidad para que las clases trabajadoras logren derrotar a las élites gobernantes. Y es allí, donde la Presidencia de Iván Duque se encuentra duramente cuestionada por la movilización ciudadana que no cesa, cacerolazo tras cacerolazo, cae la popularidad del jefe de Estado.

Es en la conciencia del colombiano donde comienza la derrota de los tiranos y no en las acciones de hecho. Es en la organización y la movilización de la población, en la construcción de la democracia donde se establecen las bases para una sociedad distinta, no en los tropeles. Y en esto tanto el Paro Nacional como el Comité Nacional del Paro han acertado, logrando lo que inicialmente era un reclamo gremial por la pensiones y el salario mínimo, terminó convertido en una querella nacional, donde le cantaron la tabla al Gobierno Nacional, por la muerte de niños inocentes, por el asesinato de los líderes sociales y por la aplicación del mismo paquetazo neoliberal que indignó a los pueblos de Ecuador y de Chile.

No hay que pedirle al Paro Nacional resultados inmediatos, es este más bien un movimiento estratégico de la sociedad colombiana más que una fugaz acción de sus elementos vanguardísticos. Pues se están consolidando una expresión de carácter nacional, masiva y centralizada que está minando de manera paciente pero certera la imagen de un gobierno ilegítimo, del cual le será muy difícil recuperarse.

Porque creo que este país se merece lo mejor, que sus gentes y su bio-diversidad son excepcionales, únicas y hermosas. Y que la violencia no trae nada bueno, solo desolación, muerte y tristeza. Ya han pasado 50 años de Conflicto Armado y antes de él, tuvimos la época de La Violencia que enfrentó a conservadores y liberales, que estalló con asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y antes tuvimos la Guerra de los Mil Días, las batallas entre centralistas y federalistas, la Guerra de los Conventos y la Patria Boba. Y si vamos al origen encontramos el exterminio indígena y la esclavitud negra en nuestra tierra por parte de los europeos.

Por eso, nosotros, los jóvenes, las nuevas generaciones, los luchadores sociales, políticos y culturales tenemos que persistir por un país en Paz, donde la tolerancia y el respeto reinen y donde todos los ciudadanos tengan oportunidad mediante el estudio, el trabajo y el esfuerzo de salir adelante, prosperar, progresar y aportar a la sociedad y al mundo lo mejor que tiene cada ser humano.

Vemos que cuando el pueblo colombiano pelea por la paz y lo hace de manera pacífica y no-violenta, avanza hacia su emancipación.

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