Opinión

La Paz Querida: no caminarle al miedo

Construir poder político a partir del miedo puede ser un bumerang contra sus promotores; caso Trump en Estados Unidos, Johnson después del Brexit y la campaña contra el proceso de paz

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julio 01, 2016
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Hacer política sobre la base del miedo da buenos resultados… aunque no siempre. A veces, líderes a los que les ha funcionado la receta en ciertos contextos pretenden aplicarla cuando las cosas han cambiado y fracasan en su intento. Colombia tiene hoy una inmensa oportunidad de salirse de la política del miedo apoyando el proceso de paz.

Ha sido atractiva, para algunos, la pretensión de construir poder político a partir del miedo. Hay tres ejemplos de estos días que muestran cómo las consecuencias pueden devolvérsele a sus promotores: el caso de Trump y la carrera presidencial de los Estados Unidos, el triunfo del Brexit,  y, finalmente,  la campaña contra el proceso de paz en Colombia.

El gran impulso a la política del miedo en lo que va del siglo XXI lo dio el montaje del gobierno Bush alrededor del arsenal de armas de destrucción masiva en Irak para justificar, con la ayudita de Blair y Aznar,  la invasión a ese país, con catastróficos resultados, humanitarios y políticos, incluyendo la creación del monstruo de mil cabezas ISIS.

Sin embargo, las audiencias más sensibles a las prácticas de usufructo del miedo en los países de alto ingreso son las que más han sido afectadas por los profundos impactos que la globalización ha causado en cadenas productivas tradicionales y por las deficientes respuestas de los diferentes gobiernos a quienes han visto caer sus ingresos y muerden el desempleo.

Tales audiencias han sido el blanco de la estrategias de miedo del señor Trump en su campaña presidencial y, también, de los promotores de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el Brexit. En ambos casos se ha utilizado la figura de los inmigrantes como chivos expiatorios, los culpables del empobrecimiento de los otrora relativamente prósperos trabajadores y, como telón de fondo, el más hirsuto nacionalismo.

Las consignas del miedo suelen ir acompañadas de calumnias, verdades a medias, planteamientos acomodaticios y promesas ofensivas e irrealizables, como lo demuestra el menú político de Trump. Sus interlocutores sólo merecen apodos denigrantes (“la torcida Hillary”…), su posición sobre derechos reproductivos de las mujeres puede cambiar en horas y, lo más increíble, un hombre de negocios que ha hecho dinero a partir de los tratados de libre comercio promovidos y suscritos por los Estados Unidos  promete que, aún antes de construir el muro que separe a EEUU de México (para impedir el ingreso de tales violadores), denunciará el Nafta. Sin contar la prohibición que impondría al ingreso de musulmanes al país y la insinuación de que la población musulmana gringa colaboró con el atentado de Orlando.

Sí: Trump derrotó, contra todo pronóstico, a sus rivales republicanos en las primarias.  Sin embargo, si hay un país diverso y plural son los Estados Unidos.  Sin duda, son muchos los votantes blancos de los llamadas regiones del “cinturón del óxido” (“rust belt”, los estados en los que se cerraron industrias como las siderúrgicas) y del “cinturón bíblico” (“bible belt”, estados de población predominante blanca evangélica y conservadora). Pero son más los demás, incluyendo hispanos, afros, LGTB y población blanca, republicana y demócrata, que comprende que el tren Trump va hacia el abismo.

En el caso de Gran Bretaña, la coalición entre figuras como la del alcalde saliente de Londres, Boris Johnson (conservador) con líderes de movimientos de extrema derecha como Nikel Farage (Partido Independiente, UKIP), consiguió el triunfo, en buena parte, a partir de consignas en contra de los inmigrantes y, por ende, a favor de la salida de la Unión Europea. Triunfo pírrico, parece, para descubrirse, a la postre,  que los ganadores carecen de proyecto político. Mientras tanto, la libra esterlina se desploma, los ímpetus nacionalistas (Escocia, Irlanda) se afilan,  y el mismo Johnson ha desistido de participar en la sucesión de David Cameron.

Finalmente, los métodos utilizados por parte de algunos de los opositores al proceso de paz en Colombia guarda algunos parecidos con los mencionados. Promoción del miedo, calumnias, verdades a medias, intimidación.

La estrategia del miedo se quedó coja por dos razones: en primer lugar, porque las partes, Gobierno nacional y Farc,  se pusieron de acuerdo alrededor de los puntos más neurálgicos con paciencia, perseverancia y voluntad de construir confianza. Segundo, por la diversidad de apoyo internacional e interno que se logró concitar.  De forma alentadora, los índices de homicidios atribuibles al conflicto han disminuido dramáticamente.

 

 

Imposible poner en el mismo equipo de “castrochavistas”
al Papa, Obama, las Naciones Unidas
y los gobiernos de todos los continentes que apoyan el proceso

 Imposible poner en el mismo equipo de “castrochavistas” al Papa, Obama, las Naciones Unidas y los gobiernos de todos los continentes que apoyan el proceso, a los militares que participaron en el proceso de negociación (Mora, Flórez), a publicaciones como la conservadora The Economist, a los empresarios que en el reciente congreso de ANDI han dado su apoyo al proceso.

 Los colombianos están fatigados de violencia. Más de cinco décadas de dolor son suficientes. No más. Esfuerzos como La Paz Querida, entre muchos, del que forman parte colombianos de todas las orientaciones políticas, incluyendo oficiales en retiro, abogamos por la solidaridad con todas  las víctimas de los distintos actores del conflicto armado, por la solución de nuestros problemas dentro del marco del estado de derecho y por la solución efectiva a inmensos retos de inequidad, con la participación de las más diversas visiones nacionales y regionales. Estamos, entonces, a favor del SÍ a los acuerdos de paz.

 

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