La paz que le debo a mi abuela

A lo largo de sus 83 años ha sido testigo y víctima de la guerra que ha azotado al país. Por ella y por los que vienen es necesario salvaguardar la paz que tanto nos urge

Por: Laura Juliana García Pinzón
septiembre 04, 2019
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La paz que le debo a mi abuela
Foto: Pixabay

Mi abuela materna regresó a Colombia hace unos días luego de estar fuera del país casi por diez años. Estar con ella ha sido un recorrido histórico no solo por su vida sino por la mirada de una señora de origen campesino que tuvo que dejar sus raíces por la dolorosa y eterna guerra. Mercedes nació en 1936 en Chiquinquirá. En 1942, con tan solo 8 años, tuvo que abandonarla porque la guerra entre conservadores y liberales le quitó la paz a ella y a su familia.

Hablar con ella de la guerra en el país hace casi imposible que no suelte una lágrima: ella la entiende, la vivió y fue la primera en celebrar el acuerdo de paz, el final de un conflicto armado donde solo perdían los más pobres y desfavorecidos.

La semana pasada una pequeña fracción de lo que eran las Farc anunció que nuevamente alzará armas y que continuará con la guerra que le quitó la paz, los sueños y un hijo a mi abuela. Cuando leí la noticia fue la primera persona en la que pensé. Con dolor profundo recorrí sus historias. ¿Por qué ocurre esto justo cuando regresa?

Las decisiones políticas que hemos elegido han tenido como respuesta esta situación que hoy le quita la paz a miles de personas que como mi abuela sufrieron este flagelo en su propia piel. Esto no es culpa de uno, o de unos cuantos, es culpa de la indiferencia en las urnas. Es la manipulación de la información y de todo lo que ha permeado la corrupción, pero sin lugar a dudas aquí unos tienen unas responsabilidades e intereses más grandes que nuestra propia indiferencia.

Mientras me preguntaba por qué justo ahora que ella regresa y me castigaba por lo mismo, pensé y de inmediato publiqué en mis redes sociales un texto sobre lo paradójico y conveniente que es esto para el Centro Democrático y toda su secta: sembrar miedo y terror en la ciudadanía justo ahora, a dos cortos meses de elecciones. Improbable o no, esta parece ser una maravillosa jugada del uribismo, una de las tantas que le ha permitido ganar curules y presidencia, todo con hilos de terror tejidos a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.

Esta situación no es más que una respuesta directa del incumplimiento del gobierno Duque a los acuerdos firmados y a la indiferencia y poco entendimiento que se le ha dado al proceso de paz desde la misma interpretación de la palabra proceso.

<Proceso>

1. Progreso (acción).

Transcurso del tiempo.

[Conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno o de una serie de fenómenos]

La respuesta de Iván Duque ante dicho pronunciamiento únicamente busca tergiversar y polarizar un país que carga con el lastre de las consecuencias de una guerra civil de más de 50 años, mencionando aspectos geopolíticos como lo es la situación con Venezuela y enumerando situaciones que tienen poca o nula injerencia y responsabilidad en esta situación. Fue una alocución alarmista, derivada de un análisis tremebundo, donde se disfrazaban sus intenciones políticas.

El proceso de paz es un camino que estamos transitando, es un grupo de acciones que se deben construir en lo cotidiano y comunicativo, es una verdad que se construye con las acciones no solo del gobierno y el hoy partido político Farc sino de todos, es la responsabilidad mediática y ética de todos los medios de comunicación.

Son muchas las interpretaciones pesimistas que buscan fomentar la segregación de los sectores, pero no podemos dejar que un bloque insurgente sea el caballo de batalla de las decisiones electorales del próximo octubre. Iván Duque dice “no nos dejemos engañar”, haciendo referencia al resurgimiento de una nueva guerrilla y las implicaciones de la misma, pero es de él y su gobierno de quienes debemos cuidar nuestro criterio.

Los colombianos queremos la paz, hay una gran reserva política y social que todos los días cree y construye este protecto en sus contextos cotidianos, por eso es responsabilidad del gobierno cumplir con los acuerdos, proteger la JEP y garantizar la reintegración de aquellos que dejaron las armas. Esta no es una nueva ola de insurgencia, es la respuesta de un grupo de desertores, aunque a la vez es la llamada a la acción al gobierno a cobijar y cuidar la tan anhelada palabra de tres letras.

Es la responsabilidad de todos y la mía la de salvaguardar y defender esa paz que mi abuela se merece a sus 83 años, se la debo a ella y a las generaciones que vienen después de mí.

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