La pasión de Maradona por los dictadores

El ídolo argentino fue recibido por pesados gobernantes como Fidel Castro, Chávez y Putin, que también lo admiraban, vivió rodeado de sus fetiches

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noviembre 26, 2020
La pasión de Maradona por los dictadores

Durante el mundial de Rusia, en el 2018, Vladimir Putin, distante y altivo como un zar, recibía en el Kremlin a los jugadores más importantes del mundo. Ronario Nazario Da Lima quería tomarse una foto con el Nuevo Zar pero era imposible llegar a él. El único que supo romper el protocolo fue Diego Maradona. Con su desparpajo se acercó al hombre más fuerte desde Stalin, le tomó la mano y le habló de esta forma:

La pasión de Diego Maradona por los dictadores empezó tal vez a mediados de los noventa. Después de haber dado positivo en un control antidoping contra Nigeria, en el partido en el que el equipo de Alfio Basile consiguió los octavos de final del mundial de USA 94 y en donde él lanzó una de sus frases más emblemáticas “me cortaron las piernas” Maradona entró en una profunda depresión que ahogó a punta de cocaína. Se sometió en 1997 a una rehabilitación en Cuba en donde Fidel Castro aprovechó su imagen para ganar popularidad. Desde ese momento Diego se convirtió en uno de los profetas de la Revolución Cubana en todo el mundo y orgulloso exhibía sus tatuajes del Ché y Fidel Castro.

Diego llevaba a Fidel en uno de sus gemelos de su pierna izquierda

Es tanta la conexión entre Castro y Maradona que murieron ambos el mismo día: un 25 de noviembre. El dictador de Cuba murió en el 2016 y cuando el pelusa se enteró dijo: “Él me dejó una frase, me dijo ‘te venís a despedir, ¿no?’. Le dije ‘no, maestro’. Yo estaba con un llanto porque me sorprendió, es como que me hubiese pegado un saque Del Potro en el pecho, que te diga Fidel Castro ‘te venís a despedir…’. Me largué a llorar”

Nada se puede comparar a la cercanía y admiración que sentía Maradona por Hugo Chávez Frías. Cuando recién Maradona quedó eliminado como técnico del mundial de Suráfrica 2010 en Argentina lo esperaban Julio Grondona, el entonces hombre poderoso de la AFA, pero él prefirió irse a Venezuela a visitar a Chávez quien ya sentía los estragos de la enfermedad que terminaría matándolo. Esa vez a Maradona le tocó ver, encima de una tarima, como el líder de la Revolución Bolivariana le declaraba prácticamente la guerra a Colombia. Su reacción fue una sola, respaldo total. “Es un orgullo poder estar al lado del presidente, porque lucha por la gente, lucha por su país, lucha por sus ideales y estoy con él a muerte, permanentemente, escuchándolo cómo defiende todas sus posturas y me parece fantástico”. Además concluyó con una de sus frases de antología: “Iría a la guerra con lágrimas en los ojos”.

Maradona, un Dios dentro de la cancha y un personaje con todos los matices fuera de ella.

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