La pandemia en una Barranquilla que explotó en manos de Jaime Pumarejo

Curioso que ahora ellos critiquen la “indisciplina social”, cuando desde sus gobiernos y emisoras promovieron por años la chabacanería, el desorden y un barranquillerismo irresponsable

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junio 18, 2020
La pandemia en una Barranquilla que explotó en manos de Jaime Pumarejo

El discurso que pretende culpar a los ciudadanos por el desbordado contagio de Covid-19 en Barranquilla y el Atlántico, es no solo ruin por cuanto excusa la ineptitud de los gobernantes trasladando la responsabilidad a la gente, sino que también es segregacionista pues refuerza la idea de que el pobre, inculto y de más baja clase social es quien ha propagado la enfermedad. Así, el hombre blanco, de clase alta y que dirige a la ciudad, no es responsable sino una víctima de esa recua de irresponsables de los barrios populares.

No solo el alcalde Jaime Pumarejo y la gobernadora Elsa Noguera han promovido la narrativa que justifica el crecimiento exponencial del Covid por lo que ellos han llamado “indisciplina social”, sino que de manera minuciosamente coordinada los medios de comunicación que antes han recibido contratos de publicidad de la Alcaldía de Barranquilla y de la casa política de los Char, se han dedicado a validar ese discurso cubriendo de manera superlativa cualquier comportamiento que refuerce esa tesis. Igualmente, sendos opinadores en redes sociales han viralizado piezas de opinión que validan ese discurso, generando entre la gente la sensación de que la culpa es de los ciudadanos mismos, no de los gobernantes quienes son los responsables directos de los temas de salud pública.

Es curioso que ahora lo que ellos llaman “indisciplina social” les parezca nociva, siendo ellos quienes desde sus gobiernos y sus emisoras promovieron por años la chabacanería, el desorden y un barranquillerismo caracterizado por la irresponsabilidad y el espantajopismo. El barranquillero superficial y “coleto” les servía cuando los ponían a votar por ellos, y les sigue sirviendo ahora para culparlos de lo que es pura y física ineptitud de un gobierno que vive en una burbuja de negociados. Relegaron la educación, la formación ciudadana y la construcción de ciudadanía a un tercer plano y, en cambio, usaron los dineros para hacer más ricos a miembros de su círculo cercano premiándolos con contratos de infraestructura que en muchos casos no han servido realmente a la ciudad.

Tal parece que por años, para ellos, ser barranquillero se resumía en adorar al Júnior por encima de todas las cosas, sin importar la calidad educativa o la formación ciudadana, incentivando además el ataque a quien se atrevía a señalarlo. Si no estabas de acuerdo con un alcalde cuyo ejemplo de cultura era “mamar frías” en un estadero de salsa distinto cada fin de semana, tú eras un “ardido” que no veía que la ciudad estaba “bonita”. Ellos, que por años desde su emisora validaban el ataque sexual a la mujer en la voz de un locutor que le decía a Doña Nelly “que le leía los labios” a través del pantalón que la señora llevaba puesto, ahora se rasgan las vestiduras porque la gente sale a la esquina a ejercer la “coletería” que ellos les enseñaron en medio de la pandemia.

Nada más bajo que culpar a las víctimas de su propia muerte, que tratar de resaltar que los que menos tienen —incluidas cultura y educación— son responsables de una debacle cuyo origen es la falta de empatía y gestión social de los gobernantes. Que Pumarejo salga a culpar del crecimiento exponencial del contagio de Covid-19 en Barranquilla a la “indisciplina social”, equivale a justificar la violación y asesinato de una mujer por su forma de vestir. Los pobres salieron a vender aguacates en medio de la pandemia porque no se podían morir de hambre, los “coletos” salieron a “mamar frías” a la esquina porque hace años les dijeron que ese era un rasgo identitario del barranquillero mientras un “man” con una cachucha llegaba a tirar pases de salsa con ellos. Los barranquilleros están actuando como les enseñaron a actuar, pero ahora los culpan de su propia desgracia.

A la ciudad hace años sostiene una economía basada en el rebusque, en el milagro diario, en una informalidad que ronda el 60% pero que en la realidad es mayor. Por eso, confinar a una familia de nueve personas en una diminuta y precaria vivienda del suroriente a 40 grados de temperatura pensando en cómo hacer para comer y rezando para que no llegue Electricaribe a cortarles la energía, es sencillamente absurdo. Se debió entregar soluciones sociales como alimentos, kits de aseo, alivios para el pago de los servicios públicos y asistencia médica en casa, pero nada de eso fue posible porque el alcalde ni quiso, ni pudo, ni lo dejaron hacerlo. El Covid-19 creció y está matando gente porque Jaime Pumarejo fue un inepto que no supo gestionar la crisis. Punto. No culpen a la gente por su propia desgracia.

Lo más grave es que el alcalde Pumarejo, sin importarle la gente en medio de la pandemia, ha aprovechado la urgencia manifiesta para firmar contratos a dedo en medio de la crisis por un valor superior a los $ 55 mil millones, para cosas tan absurdas como “…acompañar la estrategia institucional en comunicaciones para la Asamblea de gobernadores del BID 2020”, contrato que fue firmado por $ 2 mil millones con la empresa Sin Filtros SAS sin importar que dicha Asamblea fue aplazada por obvias razones.

Otro ejemplo es la firma de un contrato con la empresa ‘Crearte Publicidad Caribe SAS’ por $ 3.500 millones  para “…divulgar e informar sobre los programas y proyectos del Distrito…”, es decir, para publicidad de lo que hace el Alcalde. Pero como el narcisismo de Pumarejo no tiene límites, también firmó un contrato con las empresa ‘Link Marketing y Servicios SAS’ por valor de 5.000 millones de pesos para el “…posicionamiento de marca de la ciudad de Barranquilla como ciudad competitiva y atractiva”. ¿Atractiva para quién? ¿Para el Covid-19?

Es miserable que el alcalde culpe a la gente por salir a contagiarse mientras él firma contratos sin mediar licitación para empresas cercanas a sus afectos, usando la figura de la urgencia manifiesta por la pandemia para objetos contractuales que nada tienen que ver con el Covid-19. Peor aún es que los medios y algunos periodistas se presten para validar ese discurso digno de Hitler a cambio de recibir una pequeña parte de la torta publicitaria.

Barranquilla explotó. El Covid-19 no trajo problemas a la ciudad porque ya éstos existían, solo sirvió para derretir la fachada que por años le construyeron mientras por dentro la sociedad se corrompía. Lo que hoy se está viviendo es producto de años de ordeñar a Barranquilla como una ternera particular, y la pandemia solo vino a dejarlo ver a través de a ropa, como los labios que el atarbán aquel le lee a Doña Nelly a través del pantalón que lleva puesto.


*Link original a la nota: https://opinemos.wordpress.com/2020/06/16/de-la-coleteria-a-la-muerte-la-pandemia-en-una-barranquilla-que-exploto/

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