
Adrián Gaitán presenta en estos días su obra en la galería Cometa, algunas de sus obras geniales ya vistas con anterioridad en NC arte en 2021. Se trata de obras irreverentes donde la construcción o destrucción se convierten en objetos. Un piano de cola hecho con libros de la historia de la civilización que, en vez de páginas están cargados de cemento y que cumplen la función del teclado y la tapa del supuesto instrumento viene un colchón barato y usado es una forma de definir la posibilidad de encontrar argumentos que, no tratan de ninguna buscar definición sino por el contrario es una invención indefinida de una mezcla argumentos que no tienen tampoco la función musical no sonora. Es solamente la imagen construida la que tiene validez.

Como diría Alexandre Koyreé: la única lección de la historia es que no puede sacar ninguna lección. Todo en este camino inexorable de la modernidad es la fragmentación. Ya lo pragmático de cualquier situación y- desde hace ya tiempo- no tiene asidero en la realidad. El valor se encuentra en el objeto artístico. El resultado de una propuesta. La construcción casual es parte determinante de los sucesos inexplicables. Se trata de otro orden y nada es definitivo.

La otra obra es un mueble roto. Mejor destrozado en dos que lo une un ducto extractor de partículas grueso hecho desde la apariencia del cemento, pentas de palma y piedra. Otro encargo inútil que se desprende de su función lógica para crear una situación de tensión donde los sucesos y sus consecuencias al no poder interpretado desde un orden crea una situación crítica donde la destrucción ha sido un acto violento que altera lo casual por lo complejo objeto que altera el orden y crea una nueva versión de el objetivo de Gaitán que es alterar las jerarquías.

Las obras que parecen pinturas, no son tan interesantes. Tal vez porque el artista caleño no destruye el valor del marco.
Estos fenómenos aleatorios pueden alcanzar al azar donde ya nada depende de lo causal. Azar metafísico se podrá decir donde la libertad creativa tiene el mando de lo que está más allá de lo Surrealista.
Pienso que estas mismas obras se ven el Bogotá por segunda vez en cinco años…Nada casual que no tengan mercado en Colombia.
De la misma autora:Zalamea Inundó la plaza y el Congreso se hundió como el Titanic
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