La oscura noche de "Los bastones negros"

La tiranía que vivió la educación Argentina en 1966

Por: Cristian Jimenez
agosto 01, 2014
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La oscura noche de
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La historia ha sufrido incontables acontecimientos que han modificado lo establecido para incensar una nueva perspectiva de desarrollo; situaciones donde participa el inconformismo y la resignación, réplicas mediadas por la apropiación de la población con las cuestiones que la afectan. Son diferentes los sectores involucrados en las disputas de la cronología social, pero con la consigna en común de un resultado favorable para sus exigencias. Esos fenómenos han sometido a los individuos en contra de las decisiones del régimen presente, exponiéndolos a las adversidades; impugnando respeto con el yugo sobre ellos. Sirviendo de ejemplo lo ocurrido tiempo después del golpe de estado del 28 de Junio de 1966; derrocando al mandatario Arturo Umberto Illia, y posicionando en la presidencia de Argentina a Juan Carlos Onganía, que implementó las leyes del “Estado burocrático-autoritario”. Siendo el precedente del atropello acontecido un mes después en la Universidad de Buenos aires (UBA), hecho que denominó “La noche de los bastones largos” a ese 29 de Julio de 1966.

Son oídos los testimonios de esa noche que fue testigo de la usurpación al derecho a la educación sin limitantes. Hechos ocurridos después de que el presidente -posicionado por medio del golpe de estado- firmó el decreto16.912, arrebatándole a las universidades la autonomía de decidir lo adecuado para el desarrollo intelectual del plantel académico. Norma aplicada por las autoridades el mismo día de ser aprobada; siendo veraz la afirmación de haber sido planificada la operación contra la “ciudad universitaria” –territorio ocupado por las personas vinculadas con la entidad de instrucción-; tal premeditación puso en desventaja a los estudiantes y profesores al no tener un orden como el de los contradictores, empujándolos a actos desesperados para contener la entrada de los policías en aquella fecha; esfuerzos que terminaron trayendo contrariedades más que beneficios. Siendo muestra de ello, las fotografías que hacen memoria por la población en búsqueda de olvidar los sucedido; de dejar en el pasado la vergüenza de haber retrasado el avance científico y tecnológico del país de procedencia.

“Habíamos puesto una serie de obstáculos en la puerta principal para evitar que entraran. Ello no los detuvo, rompieron todo; entraron por las dos entrada de la facultad. Ingresaron y comenzaron a golpearnos sin consideración. También hicieron que camináramos por una doble fila de policías que nos agredían con los bastones que llevaban consigo; en esas me desmayé en minutos, en segundos; no me acuerdo muy bien. Unas botas negras fue lo primero que vi al despertar, acto seguido me levanté  para poder escapar”. Dra. Cristina Wisnivesky.

No existe explicación posible para justificar los actos de ese día; cómo resarcir la angustia de miles de estudiantes al ser golpeados sin ninguna clemencia por la autoridad, que tiene el deber de proteger y no de atentar en contra de las instituciones donde se construye la riqueza cultural e intelectual de la población. Es complejo pretender que los años hayan eliminado los rastros de las experiencias vividas por los protagonistas de “La noche de los bastones largo”; esfuerzos para concebir el olvido de aquella fila de policías que despidieron a bastonazos al cuerpo estudiantil y parte de los catedráticos, atentándolos hasta el cansancio; cubriendo el suelo de cuerpo bañados por la sangre que vertía de las heridas a causa de las agresiones. Pero ese no fue el único atropello ejecutado por los victimarios, muestra de ello es la simulación de un posible fusilamiento en masa, situando a los agredidos en frente de las paredes de la institución, obligándolos a colocar la manos por encima de la cabeza mientras se pronunciaba la palabra “apunten”; así lo corrobora, Cristina Wisnivesky: una de tantas personas que aún viven sin poder omitir lo sucedido.

“Vi como con el forcejeo, la policía rompía la puerta que tenía candado, así siguieron con los vidrios de la ventanas; todo eso sucedía mientras gritaban ‘salgan comunista de mierda, judíos hijos de puta’”. Sergio Moreno, periodista.

La emigración llegó al auge después de ese 29 de Julio de 1966; cientos de profesores se trasladaron fuera de Argentina para huir de las represarías por parte del gobierno. Entre los nombres más resonados se encuentran: Marcelino Cereijido Mattioli, Doctor en medicina quien viajó a México; Catherine Jeanne Cesarsky, Doctora en física posicionada en Alemania; Osvaldo Alfredo Reig, biólogo que emigró a Inglaterra; Mauricio Milchberg, matemático que se desplazó a Francia; Rolando García, físico y epistemólogo que se trasladó a México; Juan Gualterio Roederer, físico establecido en Alaska; Julián Arturo Aráoz Durand, Doctor en informática ubicado en España; Tulio Halperín Donghi, Doctor en historia encaminado a Estados unidos; como los mencionados, son muchos los que aún permanecen en el exterior sin tener en consideración un posible regreso al país del que fueron obligados a dejar. Obligando a dar pausa al desarrollo no sólo de Argentina, sino de todas las ciudades allegadas a ella.

“Yo fui directamente al oficial, le digo: por qué ha entrado ustedes aquí, de acuerdo con éste gobierno yo sigo siendo el decano de acá. Había un tipo más corpulento al lado del coronel, que me respondió con un golpe acompañado de un empujón, enviándome al suelo; me levante, repetí el proceso, teniendo de nuevo el bastón del militar sobre mi cabeza donde fluía la sangre del anterior golpe”. Rolando García, ex decano de la Facultad de Ciencias Exacta y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

La Universidad de Buenos Aires fue el escenario de un evento que aumentó las estadísticas de una cadena de adversidades entorno a estancias académicas. Dando razones para argumentar el abuso que se vivencia en la educación, siendo ésta, la vía para alcanzar el anhelo de un cambio en ciudades dónde no existe un plan de desarrollo, sino de retroceso; hecho concedido por el interés de ajenos en mantener la desigualdad en la población; buscando no erradicar la problemática que ha limitado el acto democrático solo para fines electorales –olvidando el enfoque participativo desde la posesión de una residencia con las mínimas garantías para un desarrollo óptimo, hasta la obtención de una educación de calidad. De ello ha emergido la cuestión de no entender la diferencia entre exclusión social y «desapropiación»: la primera proceden de la falta de programas con el propósito de incitar la inclusión de los grupos menos favorecidos; la segunda, es el acto de desconocimiento convertido en abandono por efectos del conformismo. Disimilitud con la finalidad en común de posicionar el concepto de “desarrollo” como una creación marginada para quienes más demandan auxilio.

Comentarios extraídos del reportaje “mentes cortas, bastones largos”, realizado por Miriam Lewin.

 

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