La odisea de 18 marineros indios abandonados en aguas colombianas

Cumplen tres meses dejados a su suerte en un barco de bandera panameña frente a Barranquilla, con más chance de morir que de sobrevivir

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febrero 07, 2016
La odisea de 18 marineros indios abandonados en aguas colombianas

Todo empezó hace tres meses, el 28 de octubre pasado, cuando al puerto de Barranquilla arribó –desvencijado– el barco Agatis de bandera panameña. Provenía de Marruecos y traía un cargamento de 10 mil toneladas que descargó en el muelle de Monómeros con asistencia de otras embarcaciones. Luego, las averías en la nave apenas le permitieron al capitán ponerla a cuatro millas náuticas del puerto, en Bocas de Ceniza, donde la ancló para esperar que la compañía enviara los repuestos necesarios para repararla.

Pero el capitán perdió toda comunicación con su oficina, y al poco tiempo se enteró que el dueño de la mercante estaba en banca rota, y que otros dos barcos suyos estaban igualmente abandonos, uno en China y otro en Dubái. Así las cosas, el capitán decidió contactar a la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte, con sede en Londres, la cual comisionó a un representante legal en Colombia para que atendiera la situación. El asunto le correspondió al abogado especializado en derecho marítimo, Martín Cabeza Galindo, quien ha tocado distintas puertas solicitando ayuda para los 18 hombres de nacionalidad India que permanecen confinados en la vetusta embarcación. La tripulación ha visto pasar noviembre, navidad, fin de año, y todo enero sin solución. El pasado 26 de enero fue particularmente amargo para ellos pues es la fecha anual del “Día de la República de la India”, y en su inmenso país hay agazajos, marchas y todo tipo de espectáculos de celebración. Sin embargo, para este grupo de marineros fue un día más de calamidad, sin poder siquiera comunicarse con sus familías y encerrados en una estrecha isla de latas, que apenas se mantiene a flote en altamar y la cual amenaza con quedar a la deriva o simplemente hundirse.

Toda embarcanción internacional debe contar con un representante en cada puerto en que atraque, y al Agatis le tocó en suerte la firma Bulk Maritime Agencies, en Barranquilla. El que el buque esté hace tres meses fondeando en altamar dice bastante de lo que ha podido resolver esta compañía. Apenas, con apoyo de los guardacostas, han podido colaborar con raciones de alimentos y agua para la tripulación, así como suministrar algo del combustible que requiere la embarcación para operar y no quedar a la deriva, sin motores. Pero el costo de estos auxilios ya asciende a 104 mil dólares, por lo que no habrá más ayuda si no aparece un doliente que asuma la deuda. Para colmo, por cuenta de las fuertes corrientes de la zona, el buque debe estar cambiando de posición constantemente y en estas acciones está agotando sus reservas de combustible, a la vez que está forzando las máquinas auxiliares con las que se mantiene a flote. Como si fuera poco, el certificado de las lanchas salvavidas sujetas al buque expiró, por lo que es incierto el estado y operatividad de estos elementos. En caso de una emergencia la única forma de escapatoria segura sería con un helicóptero, pero llegado el momento dar la voz de auxilio sería otra odisea pues las baterias de los radios VHF están agotadas.

Entre tanto, se tiene claro que la avería principal del buque tiene que ver con el generador del motor central, y para componerlo se requieren costosos repuestos y la asistencia de expertos mecánicos navales en tierra. Por todo ello, y observando que la fatiga y el estrés de la tripulación es cada día más agobiante, el abogado Cabeza decidió radicar una acción de tutela requiriendo que urgentemente Colombia accione las medidas que garanticen la vida, la salud, y la dignidad humana de la tripulaciónen el territorio colombiano.

Luego de tres meses en altamar, la tripulación no cuenta con víveres para subsistir. Foto: archivo particular

Luego de tres meses en altamar, la tripulación no cuenta con víveres para subsistir. Foto: archivo particular

Pero el tiro salió por la culata. Lo que se esperaba era que la justicia ordenara un desembarco seguro de la tripulación, y que en tierra se les brindara atención humanitaria (alimento, abrigo y asistencia médica) mientras se tramitaba alguna fórmula de repatriación a la India. Nada de eso pasó. La tutela, interpuesta en vísperas de navidad, fue fallada un més después con una determinación que angustió aún más a los marineros indios: el juez, razonando que el buque es de bandera panameña, ordenó que “a más tardar el 31 de enero de 2016” este debía zarpar hacia ese territorio debidamente asistido por su agente marítimo, es decir  Bulk Maritime Agencies, la firma que ni siquiera a logrado proveer regularmente de víveres abordo.

Durante los tres meses el capitán del buque, llamado Ravi Kant Vishwakarma, ha escrito decenas de cartas de protesta a todas las autoridades. Por favor, se informa que el Agatis está a punto de no poderse sostener a flote…”, se lee en una carta con fecha del pasado 15 enero. También ha tratado de resolver el embrollo vía Panamá. Hace un tiempo logró que una comisión de la autoridad marítima de ese país llegara abordo para hacer una inspección. Pero además de las falencias ya establecidas por las autoridades portuarias colombianas, los panameños encontraron otro problema. El sistema de conductos contraincendios del Agatis está tan abollado que realmente representaba otro peligro, pues al accionarse puede inundar el buque hasta hundirlo. Tras esto el capitán cayó en profunda depresión. Se puso muy mal, se enfermó y estuvo encerrado en su camarote por una semana, en esos días sólo tuve comunicación con el segundo marino abordo. La fatiga, la falta de alimentos, agua, y medicamentos hace que la situación más peligrosa, advierte el abogado Cabezas.

Los 18 marineros están fatigados luego de tres meses sin que nadie les brinde soluciones. Foto: Archivo particular

Los 18 marineros están fatigados luego de tres meses sin que nadie les brinde soluciones. Foto: archivo particular

El desespero del capitán Ravi y su tripulación es tal que la semana pasada suscribieron una carta ultimatun que enviaron a Barranquilla.  Anuncian que –pase lo que pase– si para el 8 de febrero no obtienen una solución real, todos abandonarán el buque y se lanzarían al agua en las inciertas balsas de emergencia. La respuesta que obtuvieron es de no creer: que en Barranquilla están de carnavales y no hay quien atienda su desesperada carta.

Twitter: @josemonsal

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