La obscenidad de la corrupción

La batalla por un saber liberado de las cadenas del poder

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enero 04, 2015
La obscenidad de la corrupción

El periodista francés Edwy Plenel, fundador y director del portal digital Mediapart que cuenta con 110.000 realizó esta intervención en su visita a Colombia. Plenel se retiró del cargo de editor del periódico Le Monde cuando vio que la línea editorial del prestigioso medio francés, adalid de la libertad de prensa iba a quedar comprometida con la llegada de tres grandes inversionistas en el 2oo7. Desde entonces es un abanderado defensor de la urgencia de la independencia de los medios de comunicación , cuya oportunidad mayor la tienen los digitales y esta convencido del rol mayor que éstos pueden jugar en su lucha contra la corrupción que corroe el mundo. Esto fue lo que dijo:

 

 “Los problemas de corrupción y de criminalidad mafiosa parecen haber quedado fuera de la agenda política. La corrupción se ha silenciado, aunque su proliferación imparable tiene un coste global cada vez más insostenible para el país”. Basta con citar las primeras líneas del libro Il Ritorno del Principe (publicado en 2008, en Italia) para comprender el porqué de la presencia de Roberto Scarpinato en un encuentro público donde, desde sus respectivos oficios, periodistas, magistrados, abogados, policías, economistas, sociólogos y filósofos harán un llamamiento para acabar con la corrupción. (Al final del artículo, se pueden consultar todos los detalles de la jornada celebrada el pasado 19 de octubre de 2014 en París).

Compañero de los jueces antimafia Giovanni Falcone y PaoloBorselllino, asesinados en 1992, el fiscal Scarpiano se encuentra en estos momentos al frente de la Fiscalía de Palermo. Vive con escolta policial permanentemente desde hace más de 20 años, es el magistrado cuyas investigaciones han desvelado la relación existente entre la mafia de abajo, esta mafia tradicional de cuya violencia se habla, y la mafia de arriba, la de la sociedad buena, donde se cruzan los asuntos económicos y las clientelas políticas, en una subordinación de la primera a la segunda. Sin embargo, nacido en 1952, es también un hombre de su generación, fiel a las aspiraciones democráticas, sociales y morales de su juventud hasta el punto de entender, en una Italia donde la Fiscalía es independiente del poder ejecutivo, su oficio como un compromiso.

Scarpinato es por tanto el símbolo de lo que los tres promotores de la jornada del 19 de octubre, nuestros colegas Fabrice Arfi (Mediapart),Benoît Collombat (France Inter) y Antoine Peillon (La Croix) han querido hacer, situar la corrupción en un lugar preeminente de la agenda política y mediática, analizar su banalización y las consecuencias de esta, impulsar un frente que se revele y se resista a este mal que cercena nuestras democracias. Con la publicación simultánea de tres libros cuyas constataciones confluyen, han optado por la solidaridad en lugar de por la competitividad, por unir de forma confraternal sus esfuerzos en aras de lograr un mayor eco para este hallazgo común, a saber, que la corrupción no se encuentra al margen, sino que está en el corazón de un sistema dirigente que ha hecho del dinero y el poder los únicos parámetros de referencia.

Roberto Scarpinato lo supo antes que ellos y supuso una dolorosa experiencia: “¿Sabe lo que dice el Libro del Eclesiastés? Quien aumenta el conocimiento, aumenta el dolor”. Es su traductora [al francés], Anna Rizzelo, la que recoge esta confidencia al comienzo de un primer libro, en una breve entrevista titulada Le Dernier des juges [El Último de los jueces]. Y añade: “Él sabe y este conocimiento cambió su vida para siempre. El dolor del conocimiento está escrito en su rostro y en sus gestos”.

Como intelectual interesado por la cultura clásica, Scarpinato recuerda al inicio de Il Ritorno del Principe, que los oráculos de la Grecia Antigua a menudo eran ciegos, al igual que el más conocido de estos adivinos, Tiresias. Esta ceguera no era casual, explica Scarpinato: “Para acceder a lo fundamental, es necesario estar ciego ante lo prescindible”.

De este modo, la verdadera justicia y el periodismo auténtico entroncan, dar a conocer para dar sentido, lo que quiere decir, en nuestro ámbito, revelar asuntos de interés público huyendo de la distracción que supone el divertimiento.

DEL PERIODISMO A LA JUSTICIA, LA BATALLA POR UN SABER LIBERADO DE LAS CADENAS DEL PODER

Porque todo está organizado para impedirnos ver bien, es decir, entrever lo fundamental. Lejos de suponer una novedad en nuestras sociedades de inmediatez y de superficialidad mediáticas, se trata de una praxis antigua de todas las dominaciones. Intelectual de poder, y por tanto al servicio del poder, el cardenal Mazarino, este jesuita de origen italiano consejero de Luis XIV, recordaba que “el trono se conquista con las espadas y los cañones, pero se conserva a base de dogmas y supersticiones”.

Partiendo de esta fórmula, Scarpinato se refiere a lo que considera la teorización más explícita de esta dominación a través de la ceguera de los individuos, mientras que los que se sitúan en la cúspide se reservan una especie de “hiperclarividencia”. La alusión, cargada de ironía, remite a Joseph de Maistre, a la sazón ancestro de Patrice de Maistre, esta discreta figura de la oligarquía reinante dada a conocer a raíz del caso Bettencourt [Patrice era gestor de la fortuna de Liliane Bettencourt]. “Si la muchedumbre gobernada puede creerse igual que el pequeño número de personas que gobierna, ya no hay gobierno”, escribía este pensador de la contrarrevolución. “El poder debe estar fuera del alcance de la comprensión de la muchedumbre de los gobernados. La autoridad debe estar constantemente por encima del juicio crítico a través de los instrumentos psicológicos de la religión, del patriotismo, de la tradición y del prejuicio”.

Luchar contra la corrupción, es hacer que caiga esta puesta en escena. Acabar con estas apariencias, pretextos, disipar los misterios, desenmascarar las imposturas. Y por eso esta lucha no es solo judicial, sino fundamentalmente política. La corrupción es el resorte de un sistema cultural que aleja a los gobernantes de los gobernados, del mismo modo que a los privilegiados de los explotados. En resumen, que aísla, desarma y desorienta al pueblo. Porque esta distancia descansa sobre la incomprensión, la pérdida de sentido, la confusión de los referentes, la reducción de las ideas.

“Cualquier itinerario de liberación, personal y colectiva, implica un proceso de desestructuración de las imposturas culturales que impregnan nuestras vidas desde muy jóvenes”, confía Scarpinato al final del libro Dernier des juges. “He ahí la razón por la que el combate para la construcción de un poder al servicio de los Hombres y no sobre los hombres pasa necesariamente por el campo del saber, mientras que no se construya un saber liberado de las cadenas del poder, este se perpetua, igual a él mismo, manteniendo a los individuos en esta ilusión que ellos determinan a sí mismos de manera autónoma”.

Del periodismo a la justicia, esta batalla del saber en contra de su confiscación por parte de aquellos que cuentan con el tener y el poder, al abrigo de la opacidad y de la mentira, es decisiva para restaurar la política como bien común y como bien vivir favoreciendo su renovación de abajo a arriba. De lo contrario, estaremos condenados a vivir bajo el reino de una oligarquía disfrazada de democracia. Y será culpa nuestra, por indiferencia frente a la corrupción, por tolerancia con su amoralidad, por silencio ante los daños: riqueza robada, humanidad pervertida, principios vulnerados, servidumbre aceptada, impostura tolerada, etc.

Para comprenderlo mejor, hasta entender lo que está en juego, no solo fundamental, sino eterno, Scarpinato se remonta en el tiempo y en el sentido. Y, en esta exploración, nos hace entender que, si hay entre ellos, según los periodos diferentes niveles de violencia, no hay diferencia en cuanto a la naturaleza entre la praxis del poder criminal y la del poder oligárquico.

Comienza por la palabra “impostura”, que viene del latín imponere, es decir, imponer. En el lengua eclesiástico, recuerda, el verbo imponeredesignaba en ocasiones el hecho de “hacer soportar el peso de una creencia mediante engaños”. “La historia del poder, también en sus vertientes criminales como la mafia, la corrupción y el terrorismo, podría reescribirse como el relato de un viaje al reino de la impostura, lugar de construcción y de perpetuación de falsas creencias útiles para mantener el poder”.

A continuación está la palabra “obsceno”, de ob scenum, es decir, lo que está “fuera de la escena”. Lo que no está sobre la escena y que por tanto no procede de la puesta en escena. “El verdadero poder siempre es obsceno”, afirma Scarpinato. De ahí que desvelar esta obscenidad es el medio más eficaz para socavarlo, en una estrategia del débil al fuerte. Mostrar la obscenidad que sorprende, hace revelarse o indignarse, es decir, desvelar lo que está fuera de la escena para acabar con la omertá que permite al poder escapar a la vergüenza de ser desenmascarado. La vergüenza, en italiano vergogna, del latín vereor gogna, dicho de otra forma: “Tengo miedo a la picota”.

Como ya se ha puesto de manifiesto, hasta llegar a la censura judicial, con las peripecias del caso Bettencourt, tal y como se puede comprobar con las campañas de demonización y de descrédito de Nicolás Sarkozy contra jueces y periodistas, la cuestión de la verdad fáctica, concreta, material, la de los testigos, la de los documentos y de las grabaciones, es el envite decisivo y por tanto el más reñido de este camino de justicia, donde el poder corre el riesgo de quedar al desnudo, entre la obscenidad y la vergüenza. Scarpinato lo explica en uno de los pocos pasajes donde se refiere a su experiencia como fiscal, con esta tristeza definitiva del que ha visto y escuchado lo obsceno.

“Las vocaciones de héroes y de mártires son raras en estos tiempos”, escribe. “Solo las máquinas rompen, de vez en cuando, el silencio artificial del que el poder se ha rodeado; cuando los resultados de los procesos penales se hacen públicos, las grabaciones salidas de los micrófonos espías y de las escuchas telefónicas permiten a los ciudadanos sin capacidad de escuchar, en directo y sin censura, la voz secreta del poder. Y es como levantar una esquina del telón para entrever una realidad degradante, detrás todos los sepulcros blanqueados que ocupan la parte delantera de la escena”.

“VOSOTROS QUE NO CREÉIS EN NADA QUE NO SEA LA RELIGIÓN DEL PODER Y DEL DINERO...”

En la línea de las alertas lanzadas por su compatriota, el periodista Roberto Saviano, autor de Gomorra, Scarpinato nos previene de los riesgos de reducir la criminalidad mafiosa exclusivamente a la violencia visible, la de la mafia de base, anclada en las miserias sociales y la desesperanza popular. “El método mafioso pierde su visibilidad”, escribe, “no porque desaparezca, sino porque se propaga”. También ataca a esta “vulgata mediática según la cual la mafia no es más que un asunto sucio criminal sembrado de fusiles de cañones recortados y de disolución de cadáveres en el ácido”.

No, insiste, citando el código penal, “la asociación mafiosa se caracteriza por su finalidad particular, que no consiste solo en cometer crímenes, como sucede con las asociaciones criminales ordinarias, sino en conquistar ilegalmente esferas de poder, en particular, económico y político”. Y esta finalidad de la asociación mafiosa lleva inherente precisamente “este mal oscuro que socava el poder”. “Una minoría organizada, compuesta de sujetos dotados de diferentes formas de poder (social, político, económico y, algunas veces, militar), a disposición del colectivo cuya fuerza se hace así invencible a ojos de cualquiera que pertenece a la mayoría no organizada”.

“La ofensa a la verdad está en el origen de la catástrofe”. En su excepcional mayéutica democrática, Roberto Scarpinato cita al adivino Tiresias, vidente aunque ciego. En Edipo Rey, la tragedia de Sófocles, recuerda, que es este oráculo el que expulsa al tirano de Tebas, que le interrogaba sobre el mal misterioso que socavaba su ciudad. “El asesino que buscas, eres tú”. Un modo de decir que, frente a la corrupción, todos seremos asesinos si continuamos mirando lo prescindible y a continuar ciegos ante lo fundamental. Dicho de otro modo, cómplices de un proceso de mafiocización del mundo, que se extiende al abrigo de nuestra indiferencia y de nuestra pasividad.

Roberto Scarpinato es de estos justos ejemplares que no se resignan.“Vivid como si fueseis a morir mañana, pero pensad como si fueseis eternos”. Ha hecho de esta máxima antigua de la cultura griega, que considera como “el culmen de la sabiduría human”, su divisa personal. El 19 de julio de 2012, acudió a la cita con este compromiso sin concesiones en una de sus raras apariciones públicas, el homenaje a su amigo Paolo Borsellino, en el 20 aniversario de su asesinato.

De entrada, empezó su discurso (que se puede leer en su integridad, en francés, en el Club de Mediapart), dirigiéndose al juez desaparecido, sorprendido por la presencia “en las primeras filas, en los asientos reservados a las autoridades, de personajes cuya conducta parecen ser la negación misma de los valores de justicia y de igualdad por los que te asesinato. Personajes de pasado y presente equívocos cuyas vidas desprenden, por utilizar tus palabras, este hedor del compromiso moral que tu execrabas tanto y que se opone al perfume fresco de la libertad”.

Que tengan al menos el detalle, sino de quedarse en casa, de por lo menos callarse, continuaba. “Vosotros que no creéis en nada que no sea la religión del poder y del dinero y que no sois capaces de ir más allá de vuestros propios intereses personales, callaos el 19 de julio, porque este día está dedicado a la memoria de un hombre que sacrificó su vida por que palabras como Estado, Justicia y Ley tengan finalmente un sentido y un valor en nuestro pobre y desgraciado país”.

En este discurso desconcertante, existe sobre todo un llamamiento más válido que nunca, este pasado cargado de presente: “Tú y Giovanni [Falcone] siempre fuisteis extraordinarios creadores de sentido. Cumplisteis la misión histórica de poner el Estado en manos de la gente porque, gracias a vosotros y a hombres como vosotros, por primera vez en la historia de nuestro país, el Estado se presentaba bajo signos creíbles con los que era posible identificarse y decir “El Estado somos nosotros”, adquiría sentido”.

“Vosotros nos enseñasteis que, para construir juntos este gran Nosotros que es el Estado democrático de derecho, es necesario que cada uno encuentre y cultive la capacidad de enamorarse del destino de los demás. Durante actos públicos, nos acordamos de ti como ejemplo del sentido del deber. Te subestiman Paolo, porque nos enseñaste algo mucho más grande. Nos enseñaste que el sentido del deber es poco si se reduce a una ejecución independiente y burocrática de nuestras propias tareas y a la obediencia de nuestros superiores”.

Roberto Scarpinato acababa su homenaje con el compromiso de “descubrir la verdad”, es decir, estas “fuerzas oscuras y poderosas” que se esconden detrás de la mano del verdugo. Ha cumplido su promesa. Tras ser convocado por el Consejo Superior de la Magistratura de Italia (CSM) por sus palabras, para después ser exculpado por la amplia protesta popular, a principios de 2013, fue nombrado por el mismo CSM, fiscal general de la Fiscalía de Palermo, recientemente pidió la comparecencia inmediata de dos oficiales, un general y un coronel, de peso, (tal y como recogió Il Fatto Quotidiano) por sus conexiones con la mafia.

Poco después, encontraba en su oficina, pese a ser teóricamente tan inaccesible como un bunker nuclear, una carta amenazante muy bien redactada y con mucha información. Ni rastro de intrusos en las cámaras de vigilancia. Nada, ningún indicio, para poner de manifiesto con ello que la amenaza está muy cerca, muy próxima, en el seno del Estado mismo y de la oligarquía que se adueña de él.

Traducción: Mariola More
Primera versión publicada en www.Infolibre.com

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