La nueva cruzada de Colciencias

Santos decidió recortar el presupuesto de Colciencias y encaminar muchos de estos recursos a las gobernaciones

Por: María Catalina Venegas Rabá
octubre 23, 2015
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La nueva cruzada de Colciencias

Yo soy arquitecta. Tengo 25 años y aspiro a hacer un doctorado en el exterior. Hoy, me aterra la posibilidad de que la financiación me sea negada pues los nuevos criterios de evaluación de Colciencias le dan más puntos a las áreas STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics -ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas en español) que a las demás áreas del conocimiento.

Si bien mi área de investigación sería encasillada dentro de las artes, los estudiosos de otras áreas de estudio como las Humanidades, las Ciencias Sociales, llámelos filósofos, politólogos, historiadores, sociólogos, antropólogos, economistas, diseñadores, artistas –o lo que Ud. Escoja-, están todos en la misma situación de pánico que yo. Colciencias decidió que todas las áreas del conocimiento que no sean ciencias exactas se medirán con criterios desiguales  a la hora de otorgar apoyos y financiación para la investigación. Pero, ¿Cómo pasó esto? ¿A qué horas? Y, ¿por qué?

La explicación que Colciencias da a quienes hoy nos hacemos estas preguntas es muy sencilla: en el país se doctoraban a razón de 4 a 1, o de 7 a 1 en los casos más críticos, profesionales de las áreas “humanas” con respecto a profesionales provenientes de las ciencias exactas. Hoy, en el país hay muchísimos más doctores en los campos de las humanidades que científicos.

Este aparente desequilibrio cuantitativo provocó que arbitrariamente y desde su cómoda silla de escritorio, las directivas de Colciencias tomaran la decisión de intentar revertir tal situación. La estrategia para esto fue muy precisa: se creó un sistema de calificación con un criterio que daba mayor puntaje a las investigaciones de las áreas STEM. A continuación, voy a esbozar brevemente cómo se vició todo el sistema de calificación en torno a este nuevo criterio:

Para la actual Convocatoria de Doctorados en el exterior (2015), que tiene por objeto “formar investigadores colombianos a través de programas de doctorado de alto nivel académico en el exterior”, los candidatos se evaluaron según unos términos de referencia muy precisos. En general, aquellos criterios referidos a la calidad del programa al que se postularon, el ranking de la Universidad a la que aspiran, la solidez de la propuesta y la experiencia del candidato, son criterios que se convienen necesarios y pertinentes para este tipo de convocatorias. Sin embargo, el objeto de la polémica es que exista un rubro de 10 puntos sobre una calificación de 100 para aquellos aspirantes cuya investigación corresponde a las áreas STEM (ver Imagen 1). ¿Acaso no viola este la garantía de igualdad en procesos de competencia que nos garantiza la Constitución a todos los colombianos l? En principio sí, pues aquellas propuestas de las áreas STEM ya tendrían 10 puntos más, sobre una calificación de 100, sólo por ser STEM. Es algo así como que si a Ud. En la Universidad lo calificaban sobre 5.0 en una electiva cualquiera, por ser estudiante de un área de conocimiento que no era de agrado del profesor, no podría sacar más que 4.0. Como dije, e insisto, ¿no es este un vicio claro de la estructura de medición que designó Colciencias para financiar a la próxima camada de doctores de este país?

Sin embargo, y si se mira con una lupa más aguda, el problema es muchísimo más grave de lo que parece en principio. No somos artistas, arquitectos, sociólogos, poetas o literatos haciendo una tormenta en un vaso de agua. No.

El conocimiento que se produce EN el país está también regulado por Colciencias. Existen grupos de investigación en todas las Universidades del país, que cada cierto tiempo se someten a un proceso de reconocimiento por parte de Colciencias. Dependiendo de la producción de cada grupo, su calificación final lo clasifica en unas categorías muy precisas: de la A1 (el mejor) a la D, o inclusive a la no calificación, que es casi como el no reconocimiento. La calificación se mide de acuerdo a qué productos registra el grupo durante el periodo de estudio: patentes, coloquios, artículos publicados en revistas indexadas, capítulos de libros publicados por sus miembros investigadores, libros, entre otros, son algunos de los productos que se califican y que determinan el ranking final del grupo. Y claro, algunos productos valen más que otros. (Los resultados de la última convocatoria -693 de 2014-  se pueden consultar en la página.

De este reconocimiento depende, en gran medida, la financiación posterior de proyectos de investigación pues en la mayoría de procesos un requisito es que el Grupo de Investigación esté reconocido por Colciencias. Para poner otro caso en el que las áreas STEM tienen una clara favorabilidad en los procesos de medición, me remitiré a la Convocatoria 706 de Colciencias “Convocatoria Nacional Jóvenes Investigadores e Innovadores 2015” cuyos resultados se publicaron hace más o menos un mes. En esta convocatoria, el rubro de calificación para los proyectos STEM no eran diez (10), sino VEINTE (20) puntos sobre cien (100) como se ve en la Imagen 2. Esta convocatoria, dirigida a jóvenes investigadores, está dirigida a financiar proyectos de investigación de grupos reconocidos que son ejecutados, en gran parte, por el trabajo de jóvenes investigadores quienes deben responder por el proceso y llegada a buen término de la investigación. Sin embargo, de nuevo, los apoyos son sólo para unos: o matizándolo en términos de Colciencias, son 20% más para aquellos jóvenes investigadores que se ocupan de investigar sobre ciencias, ingenierías, tecnologías o matemáticas.

Las explicaciones que se dan para este panorama son muchas. Las implicaciones de este panorama son muy preocupantes.

Por una parte, existe en la sociedad una noción productivista que tiende a mercantilizar el conocimiento: una tendencia a creer que lo que se hace en la Academia también debería poderse transar como mercancías. Así bien, los productos de las áreas STEM podrían considerarse, en principio, más prestos a su mercantilización dentro de la economía. Es difícil negar que una patente no pueda comercializarse, o que el descubrimiento de una nueva especie no represente un lucro a posteriori.

Las implicaciones, sin embargo, son gravísimas por decir lo menos. Dar 10 o 20 puntos más a investigaciones asociadas a las áreas STEM plantea que se pueda concebir la producción de conocimiento como un enfrentamiento directo entre el valor del conocimiento de estas áreas y de las otras. Es el viejo cuento de las manzanas y las peras: no deberían siquiera compararse pues no hay lugar para tal despropósito.

Por otra parte, quiere decir que hasta cierto punto, Colciencias sí tiene potestad sobre la autonomía teórica que tienen las Universidades de decidir cuál es su misión, visión y demás. Este último tinte del debate desfigura todos los planteamientos que insisten en que la Academia debería ser un ente autónomo y no politizado. Sí crítico. Ojo. Y también político: sus estudiantes, profesores y miembros están en total derecho y deber de aportar a los debates de una sociedad. Y en particular de una sociedad como la nuestra. Pero es radicalmente distinto decir que la educación está viciada por los programas políticos de un presidente o partido en particular.

Lo que ocurre entonces es que nos cuestionemos inclusive la legitimidad de instituciones como Colciencias en coyunturas como la actual. . Lo que ocurre hoy, un año después, es que las ciencias humanas estén tratando de preguntarse cómo explicar su pertinencia y su necesidad dentro de una sociedad como la colombiana. También, que se plantee esta discusión en términos completamente ilógicos: cuál campo del conocimiento tiene más valor. Por último, que se desvirtúe la transparencia de los procesos de instituciones como Colciencias, y que jóvenes como yo, que toda su vida han soñado y trabajado por contribuir al país con la construcción de conocimiento, y reconocimiento, veamos estupefactos cómo se pulveriza esa posibilidad.

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