La novela de Andrés Felipe Arias y Maria Cristina Restrepo escrita bajo el ojo del FBI

Desde la prisión de máxima seguridad en Miami, Arias enviaba los párrafos a través de una aplicación electrónica, que ella unía a los suyos hasta armar el relato, Germánico, que está en el top 5 en ventas

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julio 05, 2020
La novela de Andrés Felipe Arias y Maria Cristina Restrepo escrita bajo el ojo del FBI

La última vez que la escritora María Cristina Restrepo vio a Andrés Felipe Arias fue en Miami a finales de julio del 2016, unas pocas semanas antes de que la justicia norteamericana lo capturara. Ella lo conocía desde siempre. Era compañero de su hijo William Gil Restrepo en el Colombus School de Medellín, así que lo vio crecer en su casa. Era parte de su familia. En el encuentro en Miami, donde Arias esperaba seguir viviendo antes de que empezara su viacrucis judicial, conversaron de todo, y de historia, como siempre.

Arias es un experto en Historia de Roma. Conoce a fondo las reformas políticas, la conformación del ejército, la transición de la República al Imperio y podría impartir un curso universitario sobre la decadencia del Imperio. En medio de la conversación, Maria Cristina le comentó sobre su interés en escribir acerca de la familia del emperador Augusto, específicamente sobre su hija Julia. Arias la miró sin convencimiento.

Pocas semanas después, se comunicaba con ella desde la prisión Federal en Miami, para decirle que el personaje verdaderamente interesante de aquel período no era Julia, sino Germánico, un poderoso y carismático general. Esposo de Agripina la Mayor, estuvo al mando de la mayor concentración de legionarios de ese entonces y tuvo a cargo la tarea de conquistar de una vez por todas Germania, territorio poblado por tribus rebeldes al yugo romano.

“Yo te puedo ayudar con la investigación de las campañas militares y políticas” propuso Arias. “Está bien, acepto tu ayuda pero te propongo a mi vez que escribamos una novela a cuatro manos, con dos voces narrativas” respondió la escritora.

Matemático estricto, Arias estaba inclinado a hacer una biografía precisa, rígida, sin los avatares que puede tener la ficción. “No quiero que te veas metida en mis problemas. Te van a destrozar”, le advirtió Arias. Pero Maria Cristina Restrepo respondió que eso no sería obstáculo, como tampoco lo sería el que el 24 de agosto hubiera sido detenido en su casa del barrio Weston, en Fort Lauderdale, donde vivía con su esposa Catalina Serrano y sus dos niños, en cumplimiento de una orden judicial de la Corte Suprema de justicia de Colombia. El gobierno del Presidente Santos había firmado una orden de extradición.

Andrés Felipe Arias había sido condenado en el 2012 a 17 años de cárcel, por los delitos de peculado por apropiación a favor de terceros y celebración de contratos sin el cumplimiento de los requisitos en la celebración de convenios con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA, el caso conocido como Agro Ingreso Seguro. En el momento del fallo judicial leído por la magistrada Maria del Rosario González, Arias ya estaba en Miami y resolvió dar desde allí la batalla judicial.

La tarea que iban a emprender sería extremadamente difícil, pero cada uno estaba resuelto a llevarla a cabo. Arias contaba con quince minutos cada hora de acceso a internet en un computador empotrado en la pared, siempre y cuando estuviera por fuera de la celda. Escribía de pie urgido por la fila de presos detrás de él, presionándolo para que soltara el computador, única forma de comunicación con el mundo exterior. Pero Arias exprimía al máximo su derecho  de utilizar Corr Links, una aplicación diseñada sólo para ser usada por reclusos de cárceles estadounidenses.

Ambos eran conscientes de que tanto el texto escrito en los 15 minutos reglamentarios, como los pasajes escritos por María Cristina, pasaban a la revisión de los agentes del FBI encargados de monitorear las comunicaciones de los reclusos. Dada la naturaleza de la novela, hablaban de conspiraciones, de asesinatos, de la guerra y de estrategias políticas en el Siglo I de nuestra era. Temas que en un inicio debían despertar las alarmas en las mentes de los investigadores del FBI, sugiriendo claves encriptadas, tal vez planes de fuga, mientras que Arias y su co autora estaban mentalmente en Roma, reconstruyendo la apasionante vida de Germánico, su historia de amor con Agripina y sus intentos por conquistar un territorio cuya sola mención despertaba el terror en el pueblo romano.

El método de trabajo era complicado. Arias carecía de acceso a Google, a ningún tipo de dispositivo electrónico y por lo tanto no tenía la manera de investigar en internet. María Cristina le enviaba a través de Amazon los libros de la investigación y adquiría para ella una copia electrónica de manera que ambos pudieran leer en paralelo. Arias elaboró una línea de tiempo, setenta páginas manuscritas que le hizo llegar a través de su esposa, en las que consignaba el lugar de estadía y las actividades de cada uno de los personajes reales año por año, desde el comienzo hasta el final de la novela, lo cual facilitó mucho la escritura. La trama y la división por capítulos la idearon juntos, compartiendo impresiones e ideas a través de múltiples comunicaciones diarias por la aplicación de la cárcel.

Durante más de dos años y medio trabajaron de domingo a domingo. La aplicación Corr Links limitaba el espacio, así que Arias le enviaba en varios correos los pasajes correspondientes y ella de igual manera los suyos. María Cristina copiaba y pegaba, corregía los errores que cometía la aplicación y le enviaba el capítulo en varios correos. Si había algo que discutir o complementar se escribían hasta estar de acuerdo. Una vez terminado el capítulo ella se lo enviaba nuevamente, siempre en fragmentos, antes de pasar al siguiente. Corr Links no está hecho para escribir prosa. Por ello, los mensajes podían ser cinco, seis, siete, o más diarios. Era como escribir una novela a punta de telegramas. Aparecían ideas sobre los campos de batallas, sobre los diálogos o las personalidades de los personajes reales o imaginarios, códigos cifrados con signos astrológicos. María Cristina consultaba y le enviaba características de los signos astrales, o las estrategias de Julio César para castigar motines entre sus legiones, lo cual podría inspirar al héroe de la novela en situaciones similares.

A veces Arias dejaba de escribir y desparecía por un par de días. María Cristina sabía que habían confinado a los reclusos y seguía trabajando sola, hasta que volvían a comunicarse. Continuaron escribieron sin descanso hasta septiembre de 2019, cuando terminaron el libro. María Cristina le envió una copia impresa que no le permitieron entrar a la cárcel.

En noviembre de 2019 Andrés Felipe Arias recibió una dura derrota judicial: Estados Unidos había accedido entregarlo en extradición a Colombia, donde debería regresar a pagar su condena, algo contra lo que había luchado más de tres años.  Regresó a Bogotá a un sitio de reclusión que ya conocía: el Cantón Norte en Usaquen. Allí, finalmente, tuvo en sus manos el manuscrito completo de Germánico. Trabajar en la novela había sido un bálsamo para pasar las afugias de su realidad de detenido y profundizar en un tema que le apasiona.

En junio de este año, en plena pandemia, la novela vio la luz y llegó a las librerías, una de las novedades con las que La Nacional abrió las puertas al público después de la drástica cuarentena. En quince días se ha convertido en el tercer libro más leído. Y aunque Maria Cristina Restrepo no ha podido compartir el gran logro con Arias, está segura que a su celda le llegarán los ecos del éxito de Germánico.

 

 

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