Un solo “coscorrón” mostrado en las redes puede llevar al traste toda una vida de trabajo; en cambio, una buena actuación allí logra el respaldo de todos. ¿Por qué?

 - La necesidad de tener tacto en época de redes sociales

Las redes sociales se han convertido en el medio más democrático y extenso de la expresión social; pueden ser a la vez el paraíso para un sinnúmero de actividades de promoción, ventas y, sobre todo, de relacionamientos personal o profesional. Pero a la vez pueden ser el infierno para quienes desconozcan los alcances que infieren los internautas a una caída en falso de alguien en el ámbito personal o como representante de una organización o institución.

Los casos se repiten día tras día en nuestro país y vemos cómo hasta los más seguros candidatos a una posición o cargo pueden encumbrarse al cielo de las opiniones cuasi anónimas de los omnipresentes navegadores o a lo más bajo del infierno de las encuestas, urnas electorales o favores públicos.

Un solo “coscorrón” mostrado en las redes puede llevar al traste toda una vida de trabajo por el poder de un país, o en cambio, una buena y sincera actuación de reconocimiento y manejo acertado de la pedida de perdón a un martillazo a un bien público logra el respaldo hasta de líderes políticos, a quien muestra su arrepentimiento, sincero o no, pero arrepentimiento al fin y al cabo. Las acciones inteligentes en las redes permiten el alisamiento de la opinión de todo un conglomerado, como si fuera pura keratina la que se usa para desenredar el infierno vivido y cambiar por el cielo de los amores públicos en las redes, trayendo consigo ríos de efectivo por ventas en estos mismos canales y demostrando cómo usar estratégicamente los medios virtuales para su beneficio.

Las redes no solo muestran lo bueno o lo malo, sino que no lo borran. Simplemente lo evidencian en un segundo y allí queda con ello que muestran descarnadamente una realidad, la mayoría de veces descontextualizada, subjetiva y propensa a ser manipulada por alguien que toma una imagen y la monta con interés de favorecer o condenar a una persona o suceso. Ahí estamos todos los redes-nautas para tomar partido y dar a conocer a millones de “no sé quién me lee” los amores u odios que cargamos dentro de nuestra cotidiana realidad, volcándonos con comentarios de condenas o de salvamentos a ser protagonistas efímeros y lejanos de quienes no conocemos más allá de lo que nos ha sido entregado por una pantalla que esclaviza nuestros sentidos y percepciones.

Por aquello de la falta de tacto social  y prudencia personal, un mero gesto de molestia entre dos personas se ha hundido a un cadalso para sus protagonistas, llevando consigo al patíbulo a quien obligadamente y sin querer hacerlo intervino de manera desafortunada. En momentos en los que su imagen política y pública va rodando por el despeñadero, lo último que debe hacer Daniel Quintero es torear los favores de alguien que, en frente de muchos, con celulares en mano, puede agraviar y evidenciar la malquerencia hacia él de una persona y traer al escenario a miles de opinadores que toman partido animosamente, sin conocer a fondo los hechos.

Terrible la respuesta lastimera de una artista en ciernes montando un video en el que da a conocer hechos que fácilmente pueden ser puestos en entredicho por algunos, ser usada su posición personal para calentar la polémica y, de paso, involucrar a un sitio reconocido por la comunidad. En el video expresa su agradecimiento a la organización y familia que por un tiempo le apoyó prestándole su escenario para lucrarse de una selecta asistencia de comensales, pero a la vez les expone ante las redes de manera infortunada. Opino que la cantante tenía todo el derecho de dar a conocer los hechos, pero la manera en que lo hizo y termina la intervención dio pie a una polémica en las redes. Al final, todos son susceptibles de ser condenados.

Para mí la mayor falta de tacto fue la respuesta de la organización El Cielo y el comunicado de un medio aparentemente parcializado. La destitución inmediata de la artista y la denominación dada por el padre del creador del organizador es más que lamentable. Llamar a la cantante como artista de ocasión demuestra el trato denigrante de la dirección hacia sus colaboradores; no importa si por un minuto o con contrato sin término definido el trato para cualquiera que pise sus instalaciones debe ser el mismo y en ningún momento debe ser insidioso y discriminatorio. El Cielo pudo haber seguido en el cielo, pero con la destitución inmediata y el comunicado emitido abrió las puertas de su infierno.

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Con estos hechos, se demuestra que hoy, más que nunca, para manejar las redes lo mínimo que se necesita es aprender la gramática del tacto social.

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