La muerte de los policías en Barranquilla, un duelo nacional que no se decretó

"Su materialización no alcanzó las fibras humanas de las autoridades nacionales"

Por: daniel santos carrillo
febrero 08, 2018
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La muerte de los policías en Barranquilla, un duelo nacional que no se decretó
Foto: El Tabloide

El duelo que no fue promulgado, materializó el desvalor en que se encuentra el policía colombiano

El hecho terrorista del pasado sábado 26 de enero en Barranquilla, con el trágico saldo de cinco profesionales de policía muertos y 48 heridos, generó un lamento encriptado en muchos policías, quienes portaron el uniforme verde aceituna ( retirados y pensionados) y en una ciudadanía respetuosa de sus autoridades. Un lamento público para muchos.

Sin embargo, su materialización no alcanzó las fibras humanas de las autoridades nacionales (nuestro presidente, vicepresidente, gobernador y alcalde) como para declarar duelo nacional, duelo en el departamento o por lo menos en la capital de vida. No alcanzó para nuestros policías, asesinados en el atentado terrorista del sábado 26 de enero en la estación de Policía San José (Yosimar Márquez Navarro, Freddy de Jesús López Gutiérrez, Freddys de Jesús Echeverría Orozco, Anderson René Cano Arteta y Yamith Rada Muñoz). Su partida trágica sería arropada por los llantos, los gritos, los desmayos, de sus seres amados. Su partida en un hecho sin precedentes en Colombia, no derivaría en un duelo, que muchos colombianos demandamos por la ausencia de los héroes. Su ausencia merecía y merece ese acto de gobierno.

La captura de un verdugo del terror (Cristian Camilo Bellón Galindo), la fuga clandestina de otro (Jefferson Torres Mina), la búsqueda de autores, la atribución del hecho al Ejército de Liberación Nacional (Eln) y su reconocimiento ( o hizo el Jefe Negociador de Acuerdos de Paz en Quito Ecuador, Israel Ramírez Pineda, alias Pablo Beltrán) por la célula subversiva, bajo el pretexto incoherente de “desmanes de la policía en Barranquilla”, no sería de conocimiento de los jóvenes policías que se preparaban a cumplir con el mandato constitucional, a proteger la ciudadanía atlanticense desde la Capital de Vida, Barranquilla. No tendrían por qué conocer al respecto, ya no estaban, no existían. Pero si lo han conocido sus familias, quienes llevaran otro lamento. El lamento del desvalor de la profesión de policía, el desvalor de quienes tienen la más relevante misión: protección de la vida, honra y bienes de los colombianos.

En Barranquilla, se desarrollaron diferentes eventos propios de las festividades del Carnaval a pesar de la muerte de los jóvenes policías. Quienes hijos, padres y esposos se alistaban a cumplir precisamente con la seguridad en el Patrimonial Oral e Inmaterial de la Humanidad, esa madrugada de fuerte y fría brisa. En una Estación de Policía (San José) que no era su casa policial, ya que estaban temporalmente en ella, mientras acondicionaban, sí, su habitual morada policial (Estación de Policía Norte Centro Histórico). Por ello, no podrían esperar nada diferente que buscar un espacio, en algún lugar para desarrollar las formaciones de salida o retiro del servicio de policía. Nunca imaginando, que eran observados por el terrorismo, nunca imaginando, que por no poder ocupar el espacio de la unidad policial establecido para formar, serían mártires en la Capital de Vida, en el remanso de paz.

No habría suspensión provisional de los eventos a pesar del acto terrorista. Continuaría la fiesta en Barranquilla para los días sábado 26 y domingo 27, a pesar de las muertes referidas, a pesar de las honras fúnebres desarrolladas, a pesar de jóvenes policías mutilados, a pesar del dolor de muchas familias. La Capital de Vida es la Capital de Vida y las muertes parecieron que no representaban motivo diciente como para considerar la promulgación de un Duelo y suspender eventos de Carnaval, que poco a poco se aleja de su historia y pasa a representar el incremento patrimonial anual de unos cuantos, sin golpear por lo ocurrido (muertos y heridos), la sensibilidad social, el dolor, la congoja, el amor por el prójimo, el regocijo humano y la solidaridad. Para otros países, que han vivido el terror, las esferas de gobierno han decretado Duelo Nacional. No es suficiente el rechazo ciudadano y la congoja colectiva, que ha merecido todo su reconocimiento.

Continuaba la fiesta en Barranquilla, luego del atentado terrorista en la Estación de Policía San José, luego de muertes y las más horrendas heridas en el cuerpo humano de decenas de jóvenes policías. Continuaban los servicios de policía, orientados a la seguridad y convivencia ciudadana, orientados a la seguridad de sus instalaciones policiales y de la seguridad personal. No habría el personal suficiente de guardianes del orden, continuarían expuestos a otro u otros atentados, como en efecto aconteció: Otro atentado terrorista, ahora en el CAI Soledad 2000 con heridos de la Policía Nacional. No había una policía en número apropiado para proteger sus cuarteles, se encontraban menguados, había fiestas de carnavales, había una ciudadanía que cuidar.

No se ha pedido la declinación de los Carnavales de Barranquilla, que con todo un cuerpo de policía, año tras año es acompañado y se hace éxito nacional e internacional. Pero si se exigía la suspensión provisional de bailes y eventos en las siniestras fechas acontecidas. No lo considerarían así el alcalde de la capital de vida, el comandante de la Policía Metropolitana, entre otros. Podríamos creer que eran conocedores de los objetivos del terrorismo, conocedores de la claudicación y desde luego, por cuenta de la inteligencia policial. Dijeron posterior a los hechos de terror: ““…La ciudad está blindada a través de sus Fuerzas Armadas, su Policía Nacional…”. (Brigadier General Mariano Botero Coy).”… No hay indicios de que algo más pueda ocurrir en Barranquilla...”. (Brigadier General Jorge Vargas Valencia). Hay una ciudadanía que confía en lo dicho por los Generales y todos queremos estar bajo las palabras de ellos en la Capital de Vida y en el desarrollo del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad: El Carnaval de Barranquilla.

Pero también queremos encontrarnos con la manifestación pública del Ejecutivo (Presidencia de la República) de por lo menos un día de duelo nacional por la muerte en hechos de terror, de nuestros policías. Que no sea el reconocimiento como Premio Nobel de Paz, el desarrollo de unos acuerdos de paz con la guerrilla desmovilizada de la FARC, el incipiente proceso de negociación con la guerrilla del Eln, la inversión millonaria y el pretendido recaudo rentable de las fiestas de Carnaval, las probables razones para que se niegue a todos los colombianos, hacer un duelo y desde la expedición de un decreto para ello.

No hay excusa alguna frente a la muerte de los jóvenes policías Yosimar Márquez Navarro, Freddy de Jesús López Gutiérrez, Freddys de Jesús Echeverría Orozco, Anderson René Cano Arteta y Yamith Rada Muñoz. No hay excusas para sus familiares, para las 48 víctimas de los hechos de terror en el Atlántico, para sus familias, los héroes caídos en el departamento de Bolívar, en Córdoba, para los barranquilleros, atlanticenses, los colombianos en general.

De negarlo nuestro Premio Nobel de Paz y Presidente de la República; asuman Gobernador del Atlántico (Eduardo Verano De La Rosa) y Alcalde de Barranquilla (Alejandro Char Chaljub), la obligación de expedir los actos que declaran el duelo.

Mérito y estimación siempre para nuestros policías.

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