Habla una misteriosa mujer Neonazi

Atrapada por un jefe Neonazi

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enero 04, 2014
Habla una misteriosa mujer Neonazi

¿Es verdad que le pegan a la gente? “No”, me dice categóricamente Natalia*. “Esos son chismes de otros calvos.” Su corto pelo rubio, de un oxigenado radical, reluce en la oscuridad de las graderías. No puedo saber si se ofendió con mi pregunta pero al menos contestó, en la hora que llevamos hablando me he ganado varios “sin comentarios”.

A Natalia, como a muchos colombianos, le dolían las Farc, el secuestro, los niños militando en la guerrilla y sentía que Colombia se estaba cayendo en un hueco. En medio de esa desolación, encontró hace cuatro años en Facebook un panfleto de un grupo que apoyaba a Álvaro Uribe Vélez y que decía combatir estos problemas: el Movimiento de Unión Nacional Socialista de Colombia (UNSC).

Son las 7 de la noche y el Monumento a los Militares y Policías Caídos es lo único iluminado en toda la plaza. Las luces titilan un poco con el reflejo del paso de los buses por la 26 y sopla un viento frío del que no hay cómo ocultarse. El escenario hace que el grupo parezcan una simple mancha negra.

Quiero hablar con Natalia, pero no es fácil. Para que lo haga necesita el visto bueno de Richard, su compañero desde hace 4 años y líder del movimiento. Espero a una prudente distancia por un rato, hasta que me mandan a llamar. Richard me increpa sobre mis tendencias liberales y me advierte: “no quiero que vayan a hablar de política”. Finalmente acepta. Natalia y yo nos sentamos en las gradas, un poco separadas de los demás.

Alejadas de aquella ‘mancha’ de trajes negros, puedo detenerme finalmente en su aspecto: es muy blanca y en Facebook ya he visto sus brazos llenos de tatuajes, en el hombro izquierdo una detallada e impecable Medusa del tamaño de una mano abierta. Hoy se los cubre con una chaqueta oscura.

Enseguida me cuenta que tiene dos hijos. “Viven con el papá” me aclara sin muchas explicaciones. “La historia de mis hijos fue muy bonita. Yo quería quedar embarazada y quedé embarazada. Añade que no le ha hablado a sus hijos del movimiento, y que si le salen de izquierda igual los apoyaría. “Incluso si alguno es gay, pero no, mejor ni hablemos de eso.” Natalia cree en el matrimonio y se casaría por la Iglesia, pero no de blanco “no soy tan cursi” me dice.

Natalia tiene 27. Tuvo sus hijos a los 19 años, “terminé el colegio, me casé, estudié enfermería tres meses, me salí por cuestiones económicas y de ahí adelante lo que hice fue vivir.” Hoy trabaja en un bar por las noches y de día como secretaria privada. También maneja las noticias de la página de Facebook Agencia de Noticias Nacionalistas, en donde se publican panfletos en contra de Santos, Piedad Córdoba, los musulmanes y el proceso de paz.

Me cuenta que para poder ingresar al movimiento le hicieron una entrevista en la que Natalia demostró “las ganas de luchar por su país”. ¿Cómo se demuestra eso? Natalia dice que fue una entrevista muy sencilla pero no quiere especificar las preguntas. Por la misma época conoció a Richard, que era amigo de un amigo. Le pregunto si se enamoró primero del hombre o del movimiento. “Los dos al tiempo” me dice, pero después insiste en que primero fue el amor por su país y, por lo tanto tuvo que ser primero el movimiento.

Natalia opina que el nazismo es necesario porque llama a otros a reflexionar sobre lo que está pasando en Colombia, pues hay que dejarle un mejor futuro a los hijos. Ve a Colombia azotada por la droga y las guerras “tanta muerte, tanto terrorismo”. Le parece que la juventud es apática y por eso reclama que todos trabajen por el país. ¿Tu cómo trabajas por el país? “Informando. Pongo muchos mensajes en mi Twitter y en mi Facebook.”

En el grupo hay unas 6 chicas más. “En el movimiento hacemos las mismas labores que los hombres, trabajamos, estudiamos, muchas tienen hogares.” Me aclara, con mucha decisión, que nadie es machista en el grupo, que no es que ella esté de acuerdo con el feminismo, pero que todos en la UNSC son iguales. “Incluso, cuando entrenamos, tenemos un instructor hombre y una mujer”.

¿Y cómo es lo del nazismo? Natalia me mira con sus grandes ojos claros, cuidadosamente maquillados. Como estamos en las gradas, Natalia y yo no estamos sentadas de frente. La mayoría de las cosas me las ha dicho mirando al grupo, o al monumento.  “El nazismo es una ideología que uno tiene que llevar, la gente tiene que estudiar mucho sobre eso para no criticarlo. No somos racistas, estamos en Colombia y venimos de mestizos, estamos conscientes de eso. Por mi parte no existe racismo, porque si no, no podría vivir en Colombia.”

Natalia recuerda con mucha emoción una ceremonia que hizo el año pasado Rodrigo Obregón con su fundación, Colombia Herida. Foto:hsbcnoticias.com

Natalia recuerda con mucha emoción una ceremonia que hizo el año pasado Rodrigo Obregón con su fundación, Colombia Herida. Foto:hsbcnoticias.com

En esa misma línea, aunque a Natalia lo que le gusta de verdad es la música industrial, no le molesta para nada salir a bailar salsa o merengue. Me da a entender que no es la única del grupo que reacciona como latina al sonido de unos tambores.

Entonces ¿qué es el nazismo?, le pregunto. “Pues a mi me hubiera gustado pertenecer al ejército nacional, luchar por la patria, defender la bandera y el himno nacional.” Pero, ¿eso qué tiene de nazi? suena como a patriotismo. “Lo nazi es porque es nacionalista.”

A Natalia le gusta venir al monumento de los Caídos, más por estos días, cerca del 20 de julio. Recuerda con mucha emoción una ceremonia que hizo el año pasado Rodrigo Obregón, el actor hijo del pintor Alejandro Obregón, con su fundación, Colombia Herida, en donde a Natalia le gustaría trabajar. “Había muchas banderas, y era muy conmovedor como las madres traían flores para sus hijos muertos”.

“Hay que apoyar a los soldados, a los militares, sin ellos la guerrilla estaría metida aquí, estaría en esta misma plaza.” me dice. En las gradas el resto del grupo abre un cartón de aguardiente. Podrían ser cualquier grupo de amigos de barrio que toman en un parque.

Natalia me cuenta que hacen entrenamientos militares frecuentes y cada 15 días uno más fuerte fuera de la ciudad en donde escalan, corren y hacen rapel. Los entrenamientos parecen darle a todos un sentido de cohesión. Pero, ¿se reúnen solo para hacer deporte? “A veces hay reuniones de emergencia” me cuenta Natalia. ¿Y qué tipo de emergencias? Natalia dice que no puede contestarme.

Sigo preguntando. ¿Están en contra de los judíos? “Sí, yo estoy en contra del sionismo, el judío ha hecho mucho daño y ha querido monopolizar todo. Nosotros 100% queremos que se vayan de Colombia. Con los negros no hay problema.”

¿Y los homosexuales? “El homosexualismo no está bien visto ante un país católico y deberían respetar un poco, hace 8 o 10 años atrás no se veían dos nenas o dos manes abrazados dándose besos en la calle. Deberían reservarse eso, deberían quedarse en el closet, porque no saben el daño que le hacen a la gente.”

Llega un miembro del grupo a ofrecernos una copa de Néctar Verde. Para el frío. Natalia me dice que en el grupo no consumen drogas, que eso es para evadirse de la realidad del país. “La verdad fue muy chévere tenerte acá porque nos estigmatizan mucho. Nosotros somos muy tolerantes, yo respeto a las razas, a los géneros, hacemos unas reuniones, hablamos lo que tenemos que hablar, nos tomamos unas cervezas y todo el mundo para su casa.

En ese momento, el grupo, a espaldas de Natalia, se conmociona como un enjambre. Casi todos se ponen de pie. Rodrigo Obregón acaba de llegar y Natalia se muere por ir a saludarlo. El ex actor se toma fotos con todo el grupo, abraza contento a los presentes. Aún no termina la sesión y todos empiezan a corear el nombre de Natalia. Quieren que cante. “Se me había olvidado contarte que tengo un grupo”. Natalia es la vocalista de la banda de rock industrial llamada RSC K-O Patria, todos los integrantes están en el Movimiento Nacional Socialista. Piensan sacar un segundo disco a finales del año. Natalia corre hacia la pancarta, en lo más alto de las gradas, y se para como si estuviera en una izada de bandera.

“Por el honor y la fidelidad, a la familia, raza y nación, una estirpe de fieros guerreros que nunca desfallecerán. Fieros, lobos de Odín, arrasaremos sin piedad, cruz de hierro, una señal que nos invita a batallar” canta, alargando en un bonito solo la última “a” de batallar.

Después de eso, tendré que compartir su atención con todos los que se acercan a felicitarla. Cuando logro acercarme a ella, la veo sonriente, el aliento de su boca es un humito blanco en el frío de la noche. Se ve más joven, es difícil creer que tiene dos hijos. Abrazada a Richard y a manera de despedida me dice que eso es todo, que esa es ella. Yo me despido de ambos y le doy una última mirada al grupo. Las chicas están todas sentadas juntas. Una de ellas parece despedirse y es claro que el grupo está por dispersarse o a punto de migrar a otro lugar.

Natalia se acerca a despedirse de mí por segunda vez. Me recomienda escuchar la música del grupo en Youtube y me pide que extienda a otros la invitación de unirse al Movimiento Nacional socialista. Me da un abrazo. “Que te vaya muy bien con el trabajo, nena.” me dice con genuina dulzura.

*Natalia prefirió que no usara su verdadero nombre.

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