La "metástasis" de la minga

"A pesar de que se extiende hacia otros puntos de la geografía colombiana, esto parece no importarle al gobierno, que solo está para quienes piensan como él"

Por: Alfonso Luna Geller
abril 05, 2019
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Foto: Twitter @CRIC_Cauca / Las2orillas

Cuando a una persona le diagnostican un cáncer incipiente, algo debe motivarla a actuar rápidamente, sin soberbia, sin la vanidad que dispensa la salud radiante. Conviene reconocer el mal y hacer todo lo que sea necesario para buscar una curación antes de la metástasis.

¿Obvio, no? Es decir, hay que evitar que el cáncer se disemine desde donde se formó originalmente hacia otras partes del organismo. Pero si ocurre la metástasis, el paciente queda al borde de la tragedia, no puede controlar su nivel de emergencia, y entonces, lo más seguro, es que ya sin poder intervenir se le derrumbe el mundo.

Igual ocurre con el "cáncer" de la protesta social y la violencia cuando aquel que está obligado a atenderlas oportunamente, siendo superado por la vanidad y la arrogancia o porque no tiene autonomía para tomar decisiones, o no conoce los antecedentes que las propician, no hace, o no puede hacer nada y a la sazón, se rancha ante cualquier propuesta de solución. No le importa lo que suceda en el futuro inmediato, porque, equivocadamente, le queda la esperanza o la opción de echarle la culpa de lo que ocurrirá a alguien, a cualquier otra cosa, prevista o imprevista, que le sirva de supuesta disculpa, con apariencia válida.

La avalancha fatal que se habría podido controlar cuando era embrionaria, apenas una pequeña acumulación de materia, no se enfrenta de manera proactiva, sino que se espera para actuar reaccionariamente según las secuelas que plantee la evolución rebelde de los acontecimientos. Nadie puede calcular en donde finalizará todo porque no responde a una situación controlada.

Todo eso explica por qué el desafío del megalómano es no mantener el equilibrio ni la ponderación, ni la equidad ni la justicia; su reto es no prevenir la devastación ni la tragedia, para demostrarse a sí mismo y a los suyos, que sin importar la magnitud de la catástrofe que su actitud provoca, podría aparecer el ‘mesías’ que con el poder suficiente salvaría la situación. Ante sus incondicionales y vasallos ratificará su facultad de control y escarmiento, para que nadie lo vuelva a hacer.

Esto es lo que ha pasado con la Minga Social del Suroccidente que ya no solo es Cauca; en su metástasis se va extendiendo hacia el oriente, el norte, el sur y otros puntos del organismo colombiano, lo cual no importa para el gobierno central porque en el Centro Democrático creen que están para gobernar solo con y para los que piensan igual que el jefe, desconociendo la pluriculturalidad, la variedad étnica, lo variopinto que es el ejercicio de la política y la infinidad de variables ideológicas y de pensamiento que existen en Colombia. Lo demás es salvajismo, vandalismo.

¡Quienes no están con nosotros son los enemigos a derrotar! Es la consigna en redes sociales, y en otros escenarios, y así, están facultados para que solo sobreviva el “centro” lo demás no importa. Es la polarización extrema, donde no pueden existir otras mentalidades, otros pensamientos, otras concepciones de la vida, como debiera ser lo natural.

Por eso, para ellos es mejor mirar para otro lado y mejor usar como comodines a Venezuela y a la Federación de Rusia, que están de moda. Se arma entonces un nuevo escándalo, porque ya olvidaron los anteriores, esta vez un lío diplomático así parezca ridículo, se mantiene la sutil posibilidad que nuestro territorio sirva como escenario bélico en favor de su supuesto amigo Trump, contra otro gobierno extranjero con la disculpa de defensa del pueblo venezolano, que está siendo reprimido. La prioridad es “el régimen de Maduro y sus secuaces, que, sistemáticamente, burla el Derecho internacional, los derechos humanos y la aplicación de los derechos democráticos, cuestiona la credibilidad de la ONU y provoca a la Unión Europea”. Lo interno, ¡que haga metástasis! ¡Salvajes!

Pero bueno, eso fue lo que Uribe les dijo que escogieran, nosotros los demás, tenemos que seguir soñando. Menos mal que nuestro amigo Daniel Amílcar Terranova Romero también lo hace, y por eso prefiero acompañarlo:

“Anoche soñé que se acababa la minga, que las carreteras rurales del Cauca las pavimentaban todas como en el Eje Cafetero, que los acueductos rurales los potabilizaban todos, que los servicios de salud se volvían amigables con los pacientes, que se erradicaba la tuberculosis, la malaria, la mortalidad materna y perinatal en el departamento; que los recursos del PIC (Plan de Intervenciones Colectivas) ya no se justificaban con firmas sino con acciones tangibles, medibles con indicadores de salud pública, que se realizaban citologías con modernas técnicas a todas la mujeres caucanas, que los desayunos escolares ayudaban a disminuir los indicadores de desnutrición y bajo peso de cientos de niños caucanos, que los contratos de menor cuantía se juntaban para realizar casas de la cultura, apoyo integral a farmacodependientes, que al Cauca llegaban grandes multinacionales a crear empresas y que el hospital Francisco de Paula Santander lo inauguraban y era de tercer nivel con helipuerto y unidades de cuidados intensivos para adultos y niños y que el Cauca se volvía igual que Nariño, con campos llenos de cultivos de pancoger y que representantes y senadores caucanos daban grandes debates en el Congreso exigiendo aumentos de recursos para el Departamento y mejoramiento de la calidad de vida para los que votaron por ellos y los que no, cuando sonó el despertador lo único que escuché fue el ruido que hace el río Quilichao allá, en Munchique”.

No podía ser sino un sueño, mi apreciado amigo, porque lo que al Cauca llegará es bala, única solución que va a argumentarse porque no fueron capaces de encontrar otra posibilidad de curación para el cáncer que se salió de madre, que hizo metástasis. Ya ensayaron la guerra matando al principio de la minga al patrullero Boris Alexander Benítez, y en los últimos días al comunero indígena Breiner Ceferino Yunda Camayo, valiosas vidas que pueden ser, además de los numerosos heridos que van quedando en cada enfrentamiento, solo la cuota inicial de lo que nos espera si la intransigencia sigue imponiéndose.

Ya en Popayán comenzaron a enfrentarse desde hoy a piedra, también para comenzar, unos “caucanos de bien” contra otros que tienen rasgos físicos y pensamientos no tan acordes con el ideal que tratan de imponer. Ojalá haya más reflexión y menos emoción, que es lo que les manipulan para motivar una guerra de unos contra otros, todos caucanos.

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