Opinión

La manipulación fronteriza y la nueva guerrilla

Políticos y columnistas manipulan descaradamente con una supuesta agresión de Maduro para tapar sus problemas, y agigantan la amenaza de la nueva guerrilla, que ni se sabe si realmente existe

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septiembre 13, 2019
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La manipulación fronteriza y la nueva guerrilla
Nicolás Maduro en los ejercicios militares realizados esta semana en la frontera con Colombia. Foto: Twitter/Nicolás Maduro  

Con el escándalo armado en torno a los ejercicios militares ordenados por el presidente Nicolás Maduro en Venezuela, cerca de la frontera con Colombia, sucede algo parecido a lo que ocurre con el barullo armado en los medios con relación con los videos y cartas enviados por Iván Márquez y Santrich desde un lugar desconocido, del que lo único que se sabe es que está muy lejos. Sectores de la gran prensa y políticos de ultraderecha los agigantan a ver si pescan en río revuelto.

Si se lo piensa con cabeza fría, se puede concluir que lo menos que desea la revolución bolivariana, es un enfrentamiento armado con su vecina Colombia, algo jamás pensado por El Libertador y padre de las dos patrias. Del lado de allá tienen razones para pensar en que es del lado colombiano donde existen serias amenazas de agresión contra su país. Al mostrar su poderío bélico en la frontera, simplemente piden al gobierno Duque pensar muy bien lo que hace.

Hace apenas unos meses que el presidente Duque y su canciller anunciaban que le quedaban unas horas a la dictadura venezolana, al tiempo que se presentaban a la frontera, en compañía de otros presidentes latinoamericanos, para avalar la intromisión en territorio de una nación soberana, de personas y elementos que se sabía iban a agredir a las autoridades vecinas.  La policía de aquí contemplaba pasiva a los grupos que preparaban armas y explosivos con ese fin.

Colombia ha auspiciado la presencia de golpistas y conspiradores como Pedro Carmona y otros en su territorio, a sabiendas de que se trata de personajes solicitados por los jueces allende la frontera. Asimismo ha permitido que funcionen en salones de su Congreso de la República, instituciones y personas proscritas en el vecino país. Ha desconocido la elección democrática del presidente Maduro, mientras reconoce como legítimo a Guaidó, un usurpador que nadie eligió.

Nadie olvida que tras el fin de su período presidencial en 2010, Álvaro Uribe afirmó que le había faltado tiempo para preparar la agresión militar a Venezuela. Ni que el ahora senador representa el objeto de inspiración para el actual gobernante, empeñado desde el primer día de su mandato en entrometerse en los asuntos internos de su vecino. Duque encabeza el concierto de gobiernos suramericanos empeñados en tumbar el gobierno de Maduro.

La permanente alharaca del presidente colombiano sobre la restauración de la democracia en Venezuela, a la que se une masivamente su partido, en contradicción con principios universales del derecho internacional, y la incesante apertura de espacios diplomáticos en los que se persigue hacer aprobar una intervención militar en el país hermano, así como el apoyo declarado del gobierno Trump a ese tipo de aventura, son amenazas reales a la soberanía de Venezuela.

 

Ni que fueran infantes recién nacidos los venezolanos
para pensar que les resultará beneficiosa una guerra internacional

 

República que tiene todo el derecho de recordarle a su vecina que semejante locura puede salirle muy cara. Ni que fueran infantes recién nacidos los venezolanos para pensar que les resultará beneficiosa una guerra internacional, por más que aquí un cúmulo de políticos y analistas aseguren que con tal de distraer la atención sobre sus problemas, el gobierno de Nicolás Maduro está dispuesto a agredir a Colombia. La manipulación en ese sentido es descarada.

Igual que sucede con la agigantada amenaza de la nueva guerrilla, una organización de la que ni siquiera hay la menor evidencia de que realmente existe. Sobran los alarmistas que la describen como una poderosa fuerza capaz de sumir al país en un conflicto de proporciones comparables a las de los primeros tres lustros del presente siglo. Ni ellos lo creen, pero les interesa hacer pensar a la población colombiana que nos hallamos al borde de una temible guerra civil.

Romaña, Aldinever, y el mismo Walter, para hablar tan solo de algunos de los antiguos mandos hoy supuestamente reencauchados, deben recordar muy bien la situación que vivíamos las Farc hace tan solo una década, con un Secretariado Nacional, un Estado Mayor Central, y una formidable estructura de bloques, frentes, columnas y compañías móviles de combate. Los muchachos del campo y la ciudad ya no ingresaban a filas, resultaba imposible reparar las bajas.

 

Deben recordar la situación que vivíamos las Farc hace una década.
Los muchachos del campo y la ciudad ya no ingresaban a filas, era imposible reparar las bajas

 

Y saben bien que esas bajas no solo se contaban en muertos y heridos, sino sobre todo en deserciones, en traiciones, en colaboraciones voluntarias con el enemigo. Los dos primeros saben que Cundinamarca resultó irrecuperable para el Bloque Oriental aun en épocas de su mayor auge. Y conocen muy bien lo que sucedió con muchos frentes desde el Caquetá a Arauca. Son inteligentes, tienen que ser conscientes de los límites reales de la voluntad de rehacer el pasado.

Las Farc se forjaron tras un larguísimo proceso histórico, social y político, no por la voluntad de unos cuantos individuos que se pensaran héroes. Aquellos tiempos pasaron, las realidades señalan caminos distintos. Los pregoneros del desastre pierden su tiempo.

 

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