La mala hora del Turco Gil, el gran maestro de los vallenateros

Le enseñó a tocar muchos reyes vallenatos y con el estuvieron los niños a la Casa Blanca, ahora esta en el olvido, acorralado por las deudas de los pagadiarios y Davivienda.

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julio 09, 2019
La mala hora del Turco Gil, el  gran maestro de los vallenateros

El peor error que cometió en su vida Andrés Gil fue haberle pedido un préstamo de $ 5 millones  a los Pagadiarios en diciembre pasado. La deuda de 40 millones que tenia con Davivienda ponía en riesgo su casa en el barrio Cañahuate de Valledupar. En ese lugar había fundado en 1999 la academia Los niños del vallenato. Desde el 2006 para acá el noventa por ciento de los reyes vallenatos han salido de ese lugar. Pero los Pagadiarios no discriminan e igual, siete meses después, la situación del Turco Gil es desesperada. Hace semanas recibió una corona mortuoria que sólo tenía un significado: Sus días estaban contados.

A los 71 años El Turco Gil está pasando por el peor momento de su vida. Nunca se imaginó que todo fuera a cambiar tan rápido. A los siete años ya se dieron cuenta sus papás en Villanueva Guajira que era un genio. A esa edad ya tocaba el trombón, el clarinete y, además estudiaba teoría musical. Su bisabuelo, su abuelo habían transmitido el don: todos ellos habían sido directores de orquesta, todos eran compositores. Además su papá, Juan Manuel Gil, era trompetista y su tío, Pello Torres, tenía una de las mejores orquestas de La Guajira. Sin embargo su gran maestro fue Antonio Maria Peñalosa, uno de los autores del himno del Carnaval de Barranquilla.

A los 20 años grabó en los estudios Fuentes las canciones Tulia Querida. En Villanueva había una especie de renacimiento cultural que giraba en torno del vallenato y los juglares, en esa época, principios de los años setenta, se podían encontrar en los bares de la ciudad, en una sola noche a monstruos como Egidio Cuadrado, Israel Romero o los hermanos Zuleta. El Turco era diferente. Su sonido no invitaba más a la parranda, era demasiado vanguardista, por eso el maestro Alfredo Gutierrez dijo de él “A Gil no lo vamos a entender ahora, lo entenderemos dentro de treinta años”.

Y así fue. Solo hasta ahora sus canciones han cobrado dimensión. Aunque el gran legado fue crear una escuela para niños acordeoneros, algo que no cayó bien entre músicos veteranos. Ese resquemor poco a poco fue cediendo a la admiración hasta el punto de que Iván Zuleta, el célebre acordeonero de Diomedes Díaz, fue por unas clases porque quería perfeccionar su talento. Después de él vendrían glorias como El Cocha Molina, Omar Geles y tal vez la sorpresa más grande fue el haber metido, desde la escuela, a la primera mujer que era rey vallenata, se trataba de Yenny Arrieta quien ganó en el 2018.

Pero su consagración internacional fue el 13 de noviembre de 1999 cuando, por intermedio de su amiga, la entonces ministra de cultura Consuelo Araujo Noguera, fue invitado por el presidente Bill Clinton a la Casa Blanca. Allí llevó a sus muchachos acordeonistas. Clinton quedó tan impactado al recibir los discos compactos del Turco que le escribió esta nota de su puño y letra el agradecimiento total después de verlos en el museo Bulding. El alborozo de Clinton fue tan grande que un día después los invitó a la Casa Blanca a armar el árbol de navidad. Unas semanas después el gobierno Pastrana le dio 400 millones de pesos para agrandar su academia.

Pero las ayudas se acabaron y todos olvidaron al Turco. Hace unas semanas confesó estar tan agobiado que ha pensado en el suicidio. Está a punto de perder la casa y lo único que ha podido hacer es publicar su cuenta de ahorros en redes sociales. La desesperación lo acompaña a diario y, por ahora, espera a que el gobierno nacional no lo olvide, y lo salve de la derrota final.

 

 

 

 

 

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