La mala hora del Estado Islámico

A pesar de sus últimos ataques en Medio Oriente, el grupo terrotista ha sufrido una pérdida significativa de territorio, armas y combatientes

Por: Carlos Alberto Duque Garcia
julio 08, 2016
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La mala hora del Estado Islámico
Foto: sitiosargentina.com.ar

En los últimos días, el autodenominado Estado Islámico (ISIS o “Daesh” en árabe) ha realizado una serie de sangrientos atentados terroristas en varios países del mundo, que cegaron la vida de cientos de civiles: 213 en Bagdad (Iraq) el domingo pasado, 41 en Turquía, 20 en Bangladesh y 4 más en un triple atentado suicida en Arabia Saudí, la semana pasada.

Estos ataques –que parecen mostrar una poderosa y temible organización- contrastan con los fuertes y sucesivos  reveses militares que el Daesh ha sufrido en Siria e Iraq, en lo corrido del presente año: con cada derrota, el fin del “Califato Islámico” parece acercarse aún más. En los últimos meses, la máquina militar de ISIS ha estado enfrascada en tres batallas de gran importancia -dos en Siria y una en Iraq- con un balance similar en todas ellas: significativas pérdidas de territorios, material bélico y combatientes.

Mapa-siria

En el norte de Siria, en la frontera con Turquía, alrededor de 2.000 combatientes del Daesh se encuentran cercados en la ciudad de Manbij, desde el pasado 10 de junio, por las Fuerzas Democráticas Sirias (principalmente compuestas por combatientes kurdos de izquierda que  cuentan con apoyo aéreo de varios países occidentales). Según fuentes kurdas, en la ofensiva de Manbij han perdido la vida cerca de 1.800 combatientes del Estado Islámico.  Con la inminente liberación de Manbij, y el subsiguiente avance de las fuerzas kurdas a lo largo de la frontera con Turquía, el Estado Islámico  perdería una de sus principales rutas de suministro y vería seriamente amenazada, desde el norte, la ciudad de Raqqa, considerada la capital del “califato”.

Más al sur, en pleno desierto, las fuerzas del Daesh combaten desesperadamente la ofensiva de las fuerzas regulares sirias que -con apoyo de combatientes de Hezbollah y la aviación rusa- recuperaron en marzo del presente año la ciudad de Tadmur, donde se encuentran las ruinas de la histórica ciudad de Palmira, y se dirigen hacia la estratégica ciudad de Deir Ez zor, ubicada a orillas del río eufrates. Según distintas fuentes, más de 400 combatientes de ISIS  fueron abatidos en la batalla por Tadmur. Si esta ofensiva llegase a tener éxito, el “califato” quedaría dividido en dos: su capital quedaría aislada y las rutas de suministro con los estados del golfo pérsico totalmente cortadas.

Por último, en territorio Iraquí, las fuerzas gubernamentales –apoyadas por Irán- recuperaron a finales del año pasado la  importante ciudad de Ramadi (a pocos kilómetros de Bagdad) y, hace un par de semanas, la ciudad de Faluya, causando cientos de bajas entre las filas de los yihadistas del Daesh. Con la recuperación de estas dos importantes ciudades las fuerzas regulares iraquíes, junto con los combatientes Peshmegas (kurdos del norte de Iraq), podrán retomar la ofensiva sobre la ciudad de Mosul (la segunda ciudad más poblada de Iraq), en poder de ISIS desde junio de 2014.

De tal manera, en medio de su “mala hora”, el  Estado Islámico se lanza, de manera sangrienta y desesperada,  contra  sus antiguos estados protectores: Turquía y Arabia Saudí, posiblemente a manera de represalia por su falta de compromiso con la causa yihadista (especialmente en el caso de turquía, que viene normalizando sus relaciones diplomáticas con Rusia) y, tal vez, como forma de presión para que los apoyen de manera más decidida. No obstante, es poco probable que Turquía y Arabia Saudí cedan a esas presiones y modifiquen su política exterior.

Así las cosas, es cuestión de tiempo -quizás menos de un año- para que  el “Califato Islámico” quede partido en dos o más sectores, así como para que pierdan sus dos principales ciudades, Raqqa y Mosul. Aunque este escenario no implicaría  el final del Daesh como organización terrorista, sí sería el fin del pseudo-estado que actualmente domina millones de personas en Siria e Iraq, bajo la más ignominiosa barbarie.

 

 

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