La libertad de expresión, derechos y deberes

Si usted no tiene poder alguno que lo respalde, el uso de su derecho a la libertad de expresión puede costarle la vida

Por: Jorge Alonso Cárdenas León
enero 14, 2015
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La libertad de expresión, derechos y deberes
Foto: archivo tomalaplaza.net

Generalmente, quienes ostentan el poder dentro de una sociedad, están convencidos de que la libertad de expresión “es ese derecho que les asiste por voluntad divina, para continuar diciendo por siempre, lo mismo de siempre”. Y tristemente, para una buena parte de la masa, dentro de esa misma sociedad, la libertad de expresión se asume como la oportunidad que otorgan algunos medios de comunicación, para escupir toda clase de infamias, odios y amarguras sobre el rostro de aquellos que piensan u opinan de manera diferente. Para ambos grupos, la libertad de expresión es un derecho, más no un deber.

En realidad, son pocas las personas para quienes la libertad de expresión es fundamentalmente, “ese deber o compromiso con la verdad, el respeto y la responsabilidad, frente a lo que se dice”. Y eso aplica no solo para los periodistas, sino también y, quizá en mayor grado, para los educadores, los jueces, los funcionarios públicos y, en general, para cualquier persona que dese expresar su opinión a través de cualquier medio de difusión masiva.

En Colombia, que la libertad de expresión sea un deber o sea un derecho, es una concepción tan delicada como subjetiva. Si usted no tiene poder alguno que lo respalde, el uso de su derecho a la libertad de expresión puede costarle la vida, como a cualquier soplón, en los negocios de la “cosa nostra”. Pero si usted tiene un poder que lo respalde, puede decir lo que quiera e insultar a quien quiera, sin importar que sus apreciaciones sean ciertas o no, tal como sucede con el Centro Democrático y el Gobierno nacional. Un botón para la muestra.

Por eso, muchos de los que hoy condenan el reciente atentado en Paris, y lo catalogan como “un atentado contra la democracia y el derecho a la libertad de expresión”, seguramente pensarían diferente si el caricaturista de Charlie Hebdo hubiese dibujado a la Virgen María en topless o a Jesús Cristo erecto. Y no quiero decir con esto que justifico ese acto de barbarie. Solamente quiero decir que “el derecho a la libertad de expresión entraña una responsabilidad inmensa, que no se le puede olvidar a nadie que quiera expresarse públicamente”.

Para dejar más clara mi inconformidad frente a la relatividad de los hechos, en dependencia de quien los juzgue, observen como el gobierno de los Estados Unidos condena y cataloga el atentado de París, como un atentado contra la democracia y contra el derecho a la libertad de expresión, pero no tiene ningún reparo para justificar el espionaje de la CIA, a todos los demás países del mundo, e intenta silenciar por todos los medios posibles, las denuncias de Edward Snowdwn. Eso para ellos, no es un atentado contra la democracia ni contra la libertad de expresión.

 

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