La lección que 'Encanto' le dio a los colombianos de a pie

Los colombianos nunca hemos sentido que nuestra tierra y nuestra gente sean tan mágicas como los extranjeros lo ven. ¿Qué enseña la película?

Por: ANDRES FELIPE GIRALDO MADRID
enero 13, 2022
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La lección que 'Encanto' le dio a los colombianos de a pie

***Alerta de spoiler

El mundo entero aplaude sin cesar la producción cinematográfica de los estudios Disney que se inspira en distintos elementos de la cultura colombiana.

Los colombianos nunca hemos sentido que nuestra tierra y nuestra gente sea tan mágica tal y como los extranjeros lo ven. Esta es la primera lección de esta producción. Debemos abandonar el exagerado culto por lo extranjero y empezar a valorar más lo nuestro.

A los pocos minutos de iniciada la película se muestra una escena que apunta al corazón de todos los problemas de nuestro país y que es también el centro de todos los problemas de los personajes de la película: el desplazamiento forzado y la violencia.

Los Madrigal sufren de desplazamiento y del asesinato de su primer padre de familia: Pedro. Curiosamente, en ese mismo momento en el que es asesinado Pedro el dolor por su pérdida produce la magia que poseen todos los miembros de la familia y también la casa donde viven; una casa en la que todo se mueve por sí solo; una alegoría de las destartaladas casas antiguas donde vivían nuestros abuelos pero en donde se experimentaba la sensación mágica de una familia.

La única miembro de la familia que no tiene ningún poder mágico es la protagonista: Mirabel, quien a su vez si puede ver algo que nadie más ve; y es que la casa, que al parecer es la fuente de la magia de todos, se está derrumbando.

Al indagar sobre las causas descubre que un tío del que nadie puede hablar ha sido desterrado: el tío Bruno, quien vive ignorado, en condiciones infrahumanas y rodeado de ratas pero dentro de la misma casa. El pecado por el que es desterrado y su nombre prohibido es uno: tener la capacidad de ver desastres y decirlos antes de que ocurran. No es el causante sino quien los anuncia. Nada más equivalente de lo que le ha pasado a más de una personas por decir la verdad en nuestro país. En nuestra idiosincrasia pareciera un pecado ser el anunciador de calamidades. No hemos sabido diferenciar entre quién es el responsable de una tragedia y quién es el que la revela ante nuestros ojos. Muchos queremos seguir en la fiesta, escuchando música a todo volumen y comiendo arepas que escuchar las latosas quejas de quienes nos anuncian una calamidad. 

Al ver Mirabel que sus visiones no serán tenidas en cuenta y que será ignorada se propone ella misma por sus medios (que no son ningunos) a tratar de encontrar una solución a la calamidad que se avecina. Pronto llega a la primera de una serie de actividades que la llevarán a darle una nueva vitalidad a la casa y a la familia en general. Otra lección que nos da la película. Será la persona común, la que no tiene ningún poder ni don, la normalita, la que no tiene ninguna gracia, la que tendrá que salvar a la familia. No será ningún político, ningún gran líder y mucho menos un mesías. 

La primera tarea es encontrar al desterrado, al excluido, del que no se puede mencionar su nombre. ¿Que acaso no es esa la primer tarea que debe hacer nuestro país para poder llegar a una realidad supere el desastre en el que estamos?

Después de un arduo viaje, Bruno, excluido, le dice que su deber es acercarse a la miembro de la familia que más detesta. ¡Qué lección!

Mirabel emprende su camino a cumplir con lo que el excluido le dio: abrazar a Isabella. Una joven tan aparentemente perfecta que encanta pero que a la vez fastidia por su extralimitado ego. 

Aun así la heroína de la película es valiente y haciendo a un lado su comodidad personal y pensando en su familia, logra entablar una relación con Isabella, con la cual ambas se liberan de una pesada carga psicológica de tener que aparentar siempre una supuesta perfección. 

Se revela otro problema de la familia Madrigal y a la vez de nuestro país. El país y sus gentes se encuentran atrapados en una necesidad de estar siempre aparentando lo que realmente no somos. Ya lo decía el antiguo escritor paisa Tomás Carrasquilla: "Nos hemos creído ricos y somos pobres..., nos avergüenza aceptar que solo somos unos montañeros". La deuda externa, el narcotráfico y otros problemas nos han venido de ahí. Los colombianos olvidamos el valor de una vida sencilla con una conciencia tranquila. 

Todo parece fácil ahora en la familia, pero alguien se opone. La miembro más antigua de esta, la abuela. Ella quiere que todo siga igual, como si nada, que todo siga aparentando perfección y que los problemas no salgan a flote, y si salen, deben ser ignorados. 

La abuela considera que Maribel es una mala influencia para la familia por estar revelando estos asuntos, pero Maribel tiene el coraje suficiente como para detener a su abuela aún sin perder su cariño por ella. 

En ese momento se revela el momento central de toda la película. La magia que tiene la casa y los miembros de la familia parecen tener su origen en el momento del más desgarrador dolor que tuvo que soportar la abuela en su juventud cuando unos asesinos despiadados mataron a su esposo y los desplazaron. 

¿Acaso el dolor que golpea a Colombia es la fuente de su magia? O ¿acaso hemos producido una fantasía psicológica de encanto colectiva con el fin de paliar el dolor que nos ha provocado tanta violencia que hemos tenido que padecer?

La casa por fin se resquebraja del todo y sin ninguna magia sino con trabajo duro y colaboración mutua, todos encabezados por Maribel la logran reconstruir. Maribel revela su don: una increíble fuerza de voluntad. Esa será el destino de Colombia. La tenemos que reconstruir entre todos y sobre todo todos los don nadie, los sin dones, que somos la mayoría. Los increíbles no podrán. Seremos nosotros los de abajo, los sencillos, los sin poder, los que reconstruiremos nuestra casa y por fin devolveremos la magia a nuestro país. 

Así pues, podemos extraer en definitiva las siguientes lecciones de la película Encanto para nuestro país:

  1. Nuestra tierra y nuestra gente es mágica y encantadora.
  2. No debe haber personas excluidas en nuestra casa o nuestra casa se resquebrajará.
  3. Debemos buscar nuestra propia identidad más allá del qué dirán.
  4. Debemos superar el dolor del pasado y no condenar a las futuras generaciones las formas que creíamos que eran las correctas solo por el recuerdo del dolor.
  5. Los que que no tenemos poder somos los que más tendremos que hacer si queremos reconstruir a Colombia. 

 

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